La relación diplomática entre Argentina e Irán ha llegado a su punto más bajo en décadas. En una decisión de alto impacto internacional, el Gobierno de Javier Milei ordenó la salida inmediata del país de Mohsen Soltani Tehrani, quien se desempeñaba como encargado de negocios y máximo representante de la República Islámica en Buenos Aires.
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La medida se tomó tras una escalada de declaraciones cruzadas que incluyeron acusaciones de terrorismo e injerencia en asuntos internos.
La Cancillería argentina declaró al diplomático como persona non grata y le otorgó un plazo perentorio de 48 horas para abandonar el territorio nacional.
El detonante de esta crisis fue un comunicado emitido por Teherán en el que se atacaba con dureza a las más altas autoridades argentinas, luego de que el país suramericano incluyera a la Guardia Revolucionaria iraní en su lista de organizaciones terroristas.
Un partidario del presidente electo de Argentina, Javier Milei. Foto:AFP
Las razones de una ruptura anunciada
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina fue enfático al señalar que no permitirá ataques a su soberanía institucional. Según el Palacio San Martín, el texto difundido por Irán contenía señalamientos improcedentes y ofensivos que tergiversaban la realidad de las decisiones tomadas por la administración de Milei.
“La decisión se adopta en respuesta al texto difundido el día de ayer por el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán, que contiene acusaciones falsas, ofensivas e improcedentes contra la República Argentina y sus más altas autoridades”, apuntó la Cancillería en un comunicado citado por la agencia EFE.
El conflicto escaló cuando Irán, a través de su embajada en Uruguay, calificó como “ilegal e infundada” la designación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) como grupo terrorista. En ese mismo pronunciamiento, las autoridades iraníes lanzaron ataques personales contra el presidente Javier Milei y su canciller, Pablo Quirno.
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Un giro en la política exterior de Milei
Desde su llegada al poder, el gobierno de Milei ha alineado su estrategia internacional con los intereses de Estados Unidos e Israel. Esta postura se ratificó con la declaración de la Guardia Revolucionaria como entidad terrorista, basándose en informes que vinculan a este grupo con actividades ilícitas y atentados históricos en suelo argentino.
La respuesta de Irán no se hizo esperar y elevó el tono de la confrontación al afirmar que el mandatario argentino y su ministro de Exteriores “se convirtieron en cómplices de los crímenes cometidos y quedaron del lado equivocado de la historia”, según registró el medio internacional EFE.
Ante este panorama, la posición de Argentina se resume en los siguientes puntos:
• Argentina sostiene que Irán ha incumplido de forma sistemática sus obligaciones ante la comunidad internacional.
• El Gobierno de Milei reafirma que la Guardia Revolucionaria tiene vínculos probados con el terrorismo transnacional.
• Se considera una injerencia inaceptable que un Estado extranjero cuestione las decisiones judiciales y políticas internas.
• La expulsión del diplomático se ajusta estrictamente a lo establecido en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.
• La Cancillería argentina denunció que Teherán persiste en su actitud de obstaculizar el avance de la justicia en casos de terrorismo.
El humo negro se eleva tras un ataque aéreo en Teherán, Irán. Foto: AFP
Con la salida de Soltani Tehrani, el canal de comunicación directa entre ambas naciones queda virtualmente roto. El Gobierno argentino concluyó advirtiendo que no tolerará agravios de un Estado que, a su juicio, sigue interfiriendo en el normal desarrollo de sus instituciones.
La comunidad internacional observa con atención este movimiento, que posiciona a la Argentina de Milei como un actor determinante y frontal en el complejo tablero geopolítico de Medio Oriente.
(*) Artículo desarrollado con apoyo de IA y revisado por un periodista.
















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