Barranquilla suma una experiencia turística a su portafolio: navegar por los caños que conectan con el río Magdalena. La Arenosa ahora podrá observar la ciudad desde una perspectiva que durante años permaneció fuera del radar y será posible a través de ‘Las Curramberas’, embarcaciones diseñadas para recorridos fluviales cortos que hoy hacen parte del paisaje turístico de la capital del Atlántico.
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El plan propone algo sencillo, aunque novedoso para la ciudad y consiste en subirse a una lancha, internarse en los brazos del río y recorrer zonas que históricamente estuvieron ligadas al comercio, la pesca y la vida cotidiana, pero que con el tiempo quedaron relegadas al olvido urbano.
El recorrido: una hora por los caños del Magdalena
El trayecto tiene una duración aproximada de una hora y parte desde el sector de la Aleta del Tiburón, en el Gran Malecón. A bordo de las embarcaciones, con capacidad para 20 personas, los visitantes navegan por caños como Las Compañías, uno de los corredores de agua más representativos del sistema fluvial de la ciudad.
El trayecto tiene una duración aproximada de una hora. Foto:alcaldía de barranquilla
Durante el recorrido hay música y narración, elementos que acompañan la experiencia sin imponerse sobre el paisaje. La intención es que el agua, la vegetación y el entorno sean los protagonistas, mientras se avanza por un trazado que revela una Barranquilla menos conocida.
La operación está habilitada de martes a domingo, con salidas a las 10:00 de la mañana y a las 4:00, 5:00 y 6:00 de la tarde. El valor del recorrido es de 50.000 pesos por persona, está permitido el ingreso de niños desde los cinco años y los pasajeros pueden llevar alimentos. También es una opción pensada para celebraciones y recorridos grupales.
El Santuario de las Garzas, el mayor atractivo
Uno de los puntos que más llama la atención del recorrido es el paso por el Santuario de las Garzas, un espacio natural que contrasta con el entorno urbano y confirma que, pese al crecimiento de la ciudad, la vida silvestre sigue encontrando refugio en estos cuerpos de agua.
Santuario de Las Garzas. Foto:alcaldía de barranquilla
En este sector es posible observar más de 25 especies de aves, además de fauna propia de los ecosistemas de ciénaga y manglar, como nutrias, chigüiros, caimanes e iguanas. A esta altura, el recorrido se ralentiza, disminuye el ruido, el paisaje se abre y lo que era un paseo por el agua ahora es el avistamiento de un diverso ecosistema.
Este tramo refuerza el enfoque de turismo de naturaleza y plantea una relación distinta con los caños, no como espacios degradados, sino como escenarios que todavía conservan valor ambiental.
El proyecto también involucra a pescadores y comunidades cercanas a la ciénaga de Mallorquín, quienes participan en la operación de las embarcaciones y en la prestación del servicio. Para estas comunidades, el turismo fluvial representa una alternativa económica ligada a su conocimiento del territorio y a su relación histórica con el agua.
De forma paralela, se vienen adelantando jornadas de limpieza e intervención en varios caños, entre ellos Caño Arriba, Caño del Mercado, Caño Las Compañías y Caño Los Tramposos, con el objetivo de reducir la acumulación de residuos y mejorar las condiciones ambientales del sistema hídrico. Estas acciones son claves para que iniciativas como Las Curramberas puedan mantenerse en el tiempo.
Los caños, el corazón comercial de Barranquilla
Más allá del atractivo turístico, el recorrido invita a mirar hacia atrás. Barranquilla nació y creció alrededor del río Magdalena y de sus caños. Antes de que las carreteras dominaran el transporte, estos brazos de agua funcionaban como vías naturales de comercio, por donde entraban y salían mercancías, alimentos y personas.
Aspectos de la antigua Intendencia Fluvial de Barranquilla. Foto:Prensa Alcaldía Barranquilla
El Caño del Mercado fue durante décadas un punto neurálgico de abastecimiento. A su alrededor se consolidaron bodegas, plazas y barrios enteros. Otros caños conectaban al río con zonas residenciales y productivas, permitiendo que la ciudad se expandiera siguiendo el curso del agua.
Con el tiempo, esa relación se fue rompiendo. El crecimiento urbano desordenado, la contaminación y la pérdida de planificación relegaron los caños a un segundo plano. Hoy, recorrerlos en una embarcación no solo es un plan turístico, sino también una forma de reconectar con una parte esencial de la historia barranquillera.
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Las Curramberas plantean una experiencia de recorrer lo que siempre estuvo ahí, pero pocas veces se miró con atención.
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