El Caribe colombiano fue testigo esta semana del inicio de uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos y esperados de las últimas décadas: la construcción de la doble calzada Ciénaga–Barranquilla.
Esta obra, que busca saldar una deuda histórica con la conectividad de la región, se posiciona como una intervención integral que combina ingeniería de punta, recuperación ambiental y un complejo desafío social.
Tal como lo ha venido explicando EL TIEMPO, se trata de un proyecto con una inversión que asciende a los $2,7 billones. Los trabajos comenzaron en una primera fase que comprende 3,2 kilómetros, partiendo desde el final de la actual variante de Ciénaga en dirección al corregimiento de Tasajera.
El objetivo final es completar un corredor de 49,9 kilómetros que transforme el tránsito entre las capitales del Magdalena y el Atlántico, reduciendo tiempos de viaje y mejorando la seguridad en una vía tradicionalmente peligrosa.
Una vía para la competitividad regional
El proyecto se divide en una estructura técnica coordinada entre el Gobierno Nacional y la Gobernación del Magdalena. El Instituto Nacional de Vías (Invías) tiene a su cargo la construcción de tres viaductos estratégicos, mientras que la administración departamental , a través de una Asociación Público Privada (APP) denominada ‘Ruta Magdalena Sierra Mar’, lidera la construcción de la doble calzada en terraplén.
La carretera nacional será construida en tres grandes tramos para lograr una conectividad total. Foto:Cortesía
Héctor Carbonell, director ejecutivo de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI) seccional Norte, ha explicado que el impacto logístico de la obra: “En este contexto, la doble calzada Ciénaga – Barranquilla se consolida como una obra de infraestructura de alto impacto para el Caribe colombiano, al no solo mejorar las condiciones de movilidad, sino también al fortalecer la articulación entre centros productivos, portuarios y turísticos de la región”.
Carbonell indicó que el avance es sólido gracias a que el contratista ya cuenta con el cierre financiero necesario. Además, destacó que la gestión predial ha avanzado significativamente en ambos extremos del corredor. «Es importante aclarar que en temas prediales se ha avanzado muchísimo tanto en el extremo de Tasajera como en el extremo de Palermo. La concesión tiene su alcance hasta la entrada del Puente Pumarejo«, precisó el directivo.
Por su parte, Efraín Vargas, secretario de infraestructura del Magdalena, en declaraciones a los medios detalló que la ejecución depende en gran medida del flujo de los permisos ambientales.
Aspectos del diseño que tendrán los viaductos que se construirán en la vía Barranquilla- Ciénaga. Foto:Tomada del Invias
«Este primer tramo, que vamos a iniciar en el sector de Tasajera, ya tiene licenciamiento ambiental y a medida que vamos avanzando en la construcción, vamos también al mismo tiempo subsanando las observaciones que presente o que pueda presentar el Agencia Nacional de Licencias Ambientales (Anla)«, precisó Vargas.
El funcionario agregó que la meta es entregar la totalidad de la vía, incluyendo el ingreso a Barranquilla, en un plazo de tres años.
La apuesta por viviendas palafíticas
Uno de los puntos más innovadores, y a la vez polémicos, es el componente social del proyecto. Para dar paso a la doble calzada, es necesario reubicar a cientos de familias que hoy viven en condiciones precarias a la orilla de la carretera.
La Gobernación del Magdalena ha destinado una reinversión social de $68.000 millones para este fin.
La propuesta consiste en la construcción de 500 soluciones de vivienda tipo palafíticas ubicadas en la Ciénaga Grande.
El plan incluye inversiones adicionales en acueducto y alcantarillado para garantizar condiciones de vida dignas que hoy no poseen.
La vía Barranquilla-Ciénaga está amenazada por la erosión costera. Foto:Archivo EL TIEMPO
Asi mismo, la mandataria preciso que se estima que son más de 500 personas que van a trabajar en esta obra y que el contratista tiene claro que debe utilizar mano de obra de Pueblo Viejo y Tasajera.
Voces de la comunidad y el dilema ambiental
A pesar de los beneficios económicos, el anuncio de las viviendas palafíticas no fue bien recibido por todos. Líderes sociales y habitantes de Pueblo Viejo y Tasajera han manifestado su preocupación por la falta de socialización previa del proyecto.
El temor principal radica en el impacto ambiental y sanitario que podría generar un asentamiento de tal magnitud sobre un ecosistema ya frágil.
La preocupación es compartida por el alcalde de Pueblo Viejo, Brandon Márquez, quien señaló que defenderán el desarrollo regional siempre que no se ponga en riesgo la salud pública ni la soberanía territorial de su municipio.
La gobernadora Margarita Guerra hablando con la comunidad sobre el proyecto de vivienda. Foto:Gobernación
El problema geográfico es real: Pueblo Viejo se encuentra atrapado entre un mar que amenaza con la erosión costera y una ciénaga contaminada. Ante esto, la gobernadora Guerra ha sido tajante en que el diálogo será la única vía.
“El componente social de la doble calzada se concertará con la comunidad. Nunca será por imposición. Los derechos de la comunidad serán respetados y, mientras yo sea gobernadora, la comunidad debe ser consultada”, afirmó la mandataria durante un recorrido por el sector.
Recuperación del ecosistema Ramsar
Un beneficio técnico poco mencionado, pero vital, es el impacto ambiental positivo de los viaductos. Estas estructuras permitirán que el agua dulce de la Ciénaga y el agua salada del mar vuelvan a mezclarse naturalmente a través de cinco paleocauces. Este proceso es fundamental para la supervivencia de la flora y fauna en la Ciénaga Grande de Santa Marta, protegida por la categoría internacional Ramsar.
Aspecto general de la vía en el municipio de Pueblo Viejo. Foto:Captura de pantalla
“Con la construcción de los viaductos vamos a garantizar que se restablezca el intercambio de agua… esto nos va a permitir recuperar la flora y la fauna tan importante en este ecosistema”, explicó Efraín Vargas.
En conclusión, la doble calzada Ciénaga – Barranquilla arranca como una obra de contrastes: por un lado, la promesa de una competitividad logística sin precedentes y la creación de cientos de empleos; por el otro, la necesidad urgente de sentar a la comunidad y a las autoridades en una mesa de concertación real.
El éxito de estos $2,7 billones de inversión no se medirá solo en kilómetros de asfalto, sino en la capacidad de transformar la realidad de Tasajera sin sacrificar su entorno natural.
LEONARDO HERRERA DELGANS periodista EL TIEMPO leoher@eltiempo.com en X:@leoher70
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