Mientras el consumo crece, el empleo mejora y muchos ciudadanos sienten estabilidad en su día a día, las alarmas fiscales continúan encendidas, advirtieron tres reconocidas voces de la economía nacional, que analizaron los desafíos que tiene Colombia en la actual coyuntura, en la que el costo del desorden fiscal aún no se ha sentido.
“Los beneficios se gozan hoy, pero los costos vienen después”, coincidieron Juan Carlos Ramírez, presidente del Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf;); Alberto Carrasquilla, exministro de Hacienda, y Carolina Soto, ex codirectora del Banco de la República, quienes hicieron un llamado directo al país y al próximo gobierno, frente a los costos que tendrá la coyuntura actual de aparente estabilidad que vive hoy en el país, durante una de las primeras jornadas de discusión económica del 19 Congreso Anual de Asofondos en Cartagena.
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Para Carolina Soto, el punto de partida es que Colombia enfrenta una situación fiscal “muy compleja”, pero no nueva. “Las dificultades fiscales han sido una característica de nuestro manejo económico”, explicó, recordando que históricamente el país ha luchado por alcanzar una sostenibilidad que sigue siendo esquiva.
Sin embargo, lo que hoy preocupa es la magnitud y el contexto. Soto fue enfática al señalar que: “Estamos teniendo déficits fiscales superiores al 6 por ciento por tercer año consecutivo, sin un choque externo que lo justifique”. Este dato, en su visión, marca un quiebre frente a la tradición de disciplina macroeconómica que distinguía a Colombia en la región.
El problema no es solo numérico, sino institucional. “Estamos perdiendo otro activo que valorábamos mucho: la credibilidad”, advirtió, señalando que se han relajado las reglas fiscales y se han hecho interpretaciones flexibles para cumplirlas. Esa pérdida de confianza, según explicó, ya se refleja en mayores primas de riesgo y en una percepción internacional menos favorable.
Carolina Soto, excodirectora del Banco de la República, en congreso de Asofondos 2026. Foto:Asofondos
Ajustes pendientes
Desde el Carf, Juan Carlos Ramírez, explicó que el país enfrenta un deterioro sostenido en sus cuentas, no solo por el nivel del déficit fiscal alcanzado hoy sino porque, además, el déficit primario ha tocado niveles del 3,5 por ciento, quintuplicando cifras anteriores.
Ramírez subrayó que el problema no nació ahora. “Hay fuerzas estructurales y otras más recientes, como la pandemia, pero también fallas en la planeación fiscal”, dijo. En particular, cuestionó que el gobierno haya subestimado gastos y sobreestimado ingresos, generando desbalances persistentes.
Uno de los puntos más críticos es la decisión de acogerse a la cláusula de escape de la regla fiscal. “El Carf no dio concepto favorable porque las circunstancias no eran nuevas”, explicó. En su opinión, el error clave ha sido el momento del ajuste: “Los ajustes debían haber iniciado desde el primer año y no se ha hecho”.
Con ello, la consecuencia es evidente: el esfuerzo futuro será mucho más exigente. “Habrá que hacer ajustes cercanos al 4 por ciento del PIB, algo bastante grande frente a la experiencia histórica del país”, advirtió. En otras palabras, el margen de maniobra se ha reducido y el costo político y económico del ajuste será mayor.
Juan Carlos Ramírez, presidente, Comité Autónomo de la Regla Fiscal (Carf). Foto:Asofondos
Ajuste no es opcional
El tono más directo lo puso Alberto Carrasquilla, quien sintetizó el problema en una frase que resonó en el auditorio: “O hacemos el ajuste o el ajuste se nos hace”.
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Su argumento parte de una realidad macroeconómica preocupante: las tasas de interés reales están muy por encima del crecimiento económico. “Tenemos tasas cercanas al 8 por ciento real frente a un crecimiento de largo plazo de 2,5 o 3 por ciento”, explicó. Esta brecha implica que la deuda se vuelve insostenible con el tiempo.
Carrasquilla fue claro en que esto no es una discusión teórica. “Los países que llegan a esta situación enfrentan una realidad inevitable”, insistió. Y por eso planteó tres tareas urgentes para el próximo gobierno: diferenciarse en política fiscal, identificar las deudas ocultas y apostar por reformas estructurales.
Entre esas reformas, destacó la pensional como inaplazable. “Estamos hablando de pasivos cercanos al 40 por ciento del PIB. Eso es un peso que no se puede asumir”, señaló. También alertó sobre los riesgos del sistema general de participaciones y la necesidad de evitar abrir nuevos “huecos” fiscales.
Asofondos-Alberto Carrasquilla, exministro de Hacienda. Foto:Asofondo
El espejismo
Uno de los puntos más llamativos del debate fue la explicación de por qué la crisis aún no se percibe en la vida cotidiana. Soto lo resumió así: “Los efectos del mal manejo fiscal no se sienten todavía”.
Hoy, la economía muestra señales positivas impulsadas por el gasto público y el consumo. “La demanda está disparada y el gasto público está empujando la economía”, explicó. Pero ese impulso tiene costos: “Ya estamos viendo un ‘crowding out’, donde el gasto desplaza la inversión”.
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Las cifras lo respaldan. La inversión ha caído del 22 al 17-18 por ciento del PIB, mientras el gasto público ha crecido de forma significativa. Además, el peso de la deuda se ha duplicado en términos de intereses. “Antes pagábamos 3 por ciento del PIB en intereses, ahora estamos en 6 por ciento”, advirtió.
Esto genera una ilusión de bonanza. “La gente siente que tiene más recursos, que el empleo mejora, pero todo esto va a pasar factura muy pronto”, afirmó.
Panel Foto:Asofondos
Decisiones complejas
El debate cerró con una preocupación por el tamaño del problema que heredará el próximo gobierno. El presupuesto proyectado, cercano a 600 billones de pesos, evidencia la magnitud del desafío.
Carrasquilla fue tajante: “Gran parte de ese presupuesto es inflexible. Sin reformas, es prácticamente intocable”. Entre deuda, pensiones y transferencias, el margen de acción es mínimo.
La pregunta clave es cómo financiar ese gasto. “Como siempre: pidiendo prestado”, respondió, advirtiendo que esa estrategia tiene límites, especialmente en un contexto de tasas altas.
Incluso lanzó una reflexión provocadora: el país podría necesitar una señal de alerta más visible. “Un susto fiscal nos convendría para que la gente entienda la gravedad del problema”, dijo, comparándolo con un fumador que solo reacciona ante una enfermedad.
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A pesar de las diferencias de enfoque, los panelistas coincidieron en que Colombia enfrenta un desafío fiscal serio, estructural y urgente. No se trata de una crisis inmediata, pero sí de una trayectoria insostenible.
La economía, hoy, puede parecer estable. Pero como advirtieron en el panel, esa estabilidad está sostenida por un gasto creciente y una deuda cada vez más costosa. El verdadero reto será corregir el rumbo sin frenar el crecimiento ni afectar a los más vulnerables.
















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