No todos los discos nacen de una idea clara; algunos se van armando mientras ocurre la vida. Draco Rosa parece moverse en ese terreno con Olas de luz, su nuevo trabajo de estudio, que avanza entre la intuición y la memoria. Son 12 canciones que no siguen una ruta fija; se dejan atravesar por el amor, el viaje y una forma de habitar la música sin cálculo. Es un paisaje sonoro que se percibe antes de explicarse, donde cada tema parece dialogar con el anterior.
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El álbum fue construido desde la espontaneidad: grabaciones en vivo, decisiones tomadas en el camino y una sonoridad que prescinde, en gran parte, de la guitarra para explorar otras texturas.
Hay una búsqueda por volver a lo esencial, pero también una afirmación: la música como refugio en medio del ruido. En conversación con EL TIEMPO, Draco Rosa habla de ese proceso, del amor como impulso creativo y de la necesidad de seguir haciendo discos honestos.
Usted está presentando Olas de luz. ¿Cuándo comenzó a trabajar en este álbum y cómo fue el proceso de construcción de las canciones?
Comencé a finales de julio de 2024. Me fui de viaje, literalmente, y sucedieron unas cosas lindas y unos encuentros bonitos. Viajé a la República Dominicana, luego a España, y después a Nueva York, donde estuve grabando algunas cosas, como vientos: flauta, saxofón… todo dentro de una historia que comienza en Ibiza. Esta colección nace muy al natural, como muchos de mis discos. Nunca tengo claro hacia dónde voy ni tomo decisiones muy pensadas. Mucho del proceso es espontáneo. La mayoría se graba en vivo, a menos que vayamos a buscar un instrumento específico. Me fui a España a buscar una guitarra gitana para una canción que se llama Colores del ayer, pero se nos acabó el presupuesto y tuvimos que regresar a Puerto Rico. Allí resolvimos con una guitarra española. El disco se va formando así, muy al natural. Ha sido un proceso de gran satisfacción: el viaje, el amor, lo profundo que ha sido todo, un renacimiento personal de un gran amor. Eso es bien bonito y una rareza de la vida.
Se percibe un trabajo muy artesanal, como en Penumbra de sueños ¿Cómo se construyeron esos sonidos y qué papel jugaron los músicos?
Sí, estamos hablando del intro, y el intro en sí es un llamado. Es la apertura, casi una plegaria, una oración, como Llama eterna. Es una pieza muy importante para mí. En Carro de heno no hay viento. Ese sonido al inicio es un teclado análogo. Y, ‘by the way’, no hay guitarra en todo el disco, excepto en Colores del ayer y en Umbral, que tiene otra guitarra española, pero fue grabada acá. Es un disco sin guitarras.
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¿Por qué decidió hacerlo así, sin guitarras?
Porque hice un experimento que me encantó con El reflejo de lo eterno, un tributo al rock en español. En ese disco tampoco hay guitarras, solo teclado análogo, bajo, batería y voz, muy crudo. Me lo pasé tan bien que quise hacer un álbum nuevo de canciones inéditas con ese mismo ‘vibe’. Y así nace Olas de luz.
Esta es la carátula del vinilo con los 12 temas de ‘Olas de Luz’. Foto:Sony Music.
¿Qué siente al ver este proyecto ya terminado, materializado?
El feeling es lindo porque hay muchos años detrás. Yo no tomo la vida muy en serio, pero hay una seriedad detrás de este disco. A diferencia de otros trabajos como Vagabundo, este es mucho más personal. Estoy enamoradísimo, me fui de viaje con mi chica, vivimos momentos muy especiales. Incluso hubo una bendición en una iglesia que marcó ese viaje. De ahí salen canciones como Montserrat o Gracias por un día más, que también recogen historias de otras personas. Es un disco que habla de familia, de vida, de sanación. Siempre he sido más de las teclas negras, de la melancolía, pero aquí encontré cómo estar ahí y, a la vez, traer una narrativa con luz. Es un disco para los ‘broken-hearted’. Yo nací con uno.
En el álbum se siente un amor profundo, pero también agradecimiento. Desde su experiencia actual, ¿qué significa el amor?
Yo prefiero que eso lo defina cada quien. Yo crecí escuchando música para sentir, no para entender. Prefiero que Olas de luz sea tuyo, que el amor lo definas tú. Yo lo viví, lo sentí, pero no puedo hacerle justicia a esa experiencia en una conversación corta. Lo que sí puedo decir es que es una pieza que te sigue dando. A mí me da todos los días. Me hace pensar en cosas lindas, en el ayer y en lo que viene. Es tan personal que se vuelve un compañero de viaje. Este álbum, más que cualquier otro, si te vas a una isla, llévate este. Porque deja de ser de uno. El amor es así: va sin definición, pero es grande.
¿Por qué seguir apostándole a una música tan honesta y personal?
No le doy muchas vueltas. No pienso en eso. Tengo mi vida, mi finca, la comunidad. Este disco llega porque tenía algo que decir. Venía de otros proyectos donde no necesariamente había algo nuevo que decir. Pero aquí sí. Después de momentos difíciles, poder sentir algo que valía la pena compartir fue una bendición. Esta colección es como un librito que habla de vida. Y eso no pasa todos los días.
El artista puertorriqueño explora nuevas texturas sonoras en este un disco. Foto:Sony Music.
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Para cerrar, ¿tiene planes de venir a Colombia?
El deseo de estar allá, incluso de vivir unos meses, si pudiera, es grande. Tengo un romance con Colombia, no es secreto. Pero no tengo nada concreto.
Ángela María Páez Rodríguez
Redacción Impreso
Redes sociales: @angelasintildes
















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