La tragedia se refleja en los rostros de los familiares de las 20 personas que murieron por el más feroz de los atentados de grupos armados ocurridos en la última década en el país.
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La más amarga de las despedidas
Dolorosa despedida a 10 de las 20 víctimas por el atentado en la vía Panamericana, el 25 de abril. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
Todas las víctimas eran civiles y la mayoría vivía en el corregimiento de La Pedregosa, en el municipio caucano de Cajibío. Esta es una zona donde la misma comunidad se siente orgullosa de haberla declarado como un territorio de paz, sacando adelante con todo el tesón iniciativas comunitarias en torno a cultivos como el café. Todo, por el bien de su gente.
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El atentado, cometido por las disidencias de ‘Iván Mordisco’ con ‘Marlon’ como uno de sus artífices en esa zona desangrada del Cauca, sucedió el pasado 25 de abril.
El mensaje de la comunidad del corregimiento de La Pedregosa. Foto:Comunidad de La Pedregosa en Cajibío, Cauca
La tragedia ha continuado para las familias desde que esperaban afuera de las instalaciones del Instituto Nacional de Medicina Legal para corroborar las identidades de los suyos para reclamarlos y luego llevarlos a Cajibío.
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Dolorosa despedida a 10 de las 20 víctimas por el atentado en la vía Panamericana, el 25 de abril. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
Dos días después del ataque, la población realizó un sentido homenaje a las víctimas antes de llevar los féretros al corregimiento de La Pedregosa donde vivía o era originaria la mitad de las víctimas del atentado en la carretera Panamericana.
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Este 28 de abril se cumplió el doloroso séquito para sepultar a estos campesinos que nada tuvieron que ver con una guerra declarada por las disidencias de las Farc en la región. Les arrebataron sus vidas de un tajo por el inesperado estallido de un explosivo en la Panamericana.
Triste adiós a la mamá y a una hermana con discapacidad: ‘Preparaba tortas y las vendía en su panadería, también sembraba café’
Dolorosa despedida a 10 de las 20 víctimas por el atentado en la vía Panamericana, el 25 de abril. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
Allí estaba Elvis Valenzuela Valencia. «Yo perdí a mi madre y a mi hermana. Ellas eran María Etelvina Valencia y Liliana María Valenzuela». El labriego hablaba con la voz entrecortada, tras enterrar a dos de las mujeres que más amaba. Sobre la madre dijo que era una emprendedora echada para adelante. «Ella mantenía aquí, tenía ahí su parcelita de café, su parcelita de caña. Ella misma cogía su café, molía su caña y sacaba la panela a vender al pueblo. Ella hacía tortas. Mantenía ahí con su panadería. Tenía pollitos», contó al decir que la familia de era de tres hijos, entre ellos, su hermana Liliana María.
La panadería estaba en la misma casa de doña Etelvina y lo que cultivaba lo vendía en el casco urbano de Cajibío. Sobre la hermana, de 38 años, «era muy trabajadora. Ella tenía una discapacidad física. Nació con las orejitas tapaditas». Elvis trataba de hablar, pero el dolor lo superó, interrumpiendo su relato en medio de lágrimas.
El día de la tragedia, «fueron a mercar. Ellas venían con unas cositas. Vivían solas». Contó que el padre y la madre no estaban juntos. «Mi mamá construyó sola la casa». Eran mujeres con sueños. Liliana quería operarse sus orejas. Elvis finalizó el relato ante el llanto. Hubo silencio, mientras en su rostro se dibujaba la tristeza y la impotencia sin comprender el porqué de sus muertes, si no tenían nada que ver el conflicto a sangre y fuego que las disidencias han declarado en el suroccidente, donde la población civil se convirtió en su principal víctima.
«Lo ocurrido el 25 de abril, constituye el ataque más brutal y despiadado contra la población civil en décadas en el departamento del Cauca. Pero frente al terrorismo, respondemos con mayor presencia institucional y trabajo integral», dijo el gobernador del Cauca, Octavio Guzmán.
El pasado 26 de abril habló de 20 civiles fallecidos, 15 mujeres y cinco hombres, todos mayores de edad; «36 personas heridas, de las cuales tres permanecen en unidades de cuidados intensivos (UCI), y cinco menores de edad que se encuentran fuera de peligro», fue parte de ese reporte. Al día siguiente, en el Ministerio de Defensa se informó que iban 21 personas sin vida.
Las víctimas se desplazaban en buses y vehículos particulares en la vía Panamericana, el principal corredor que une el interior con el suroccidente colombiano que se volvió una carretera de la muerte, no solo de ahora, sino de los últimos dos años por atentados, secuestros y robos por grupos armados, en especial, los disidentes de las Farc, al servicio de ‘Iván Mordisco’, en alianzas con delincuencia común y bandas criminales.
La mayoría de quienes perecieron por la explosión de un artefacto oculto en un sistema de alcantarillado, en aquel 25 de abril vivían en la vereda La Palma. Esta es una localidad de no más de 500 personas del corregimiento La Pedregosa en el mismo Cajibío.
Su propia población señaló en un documento que La Pedregosa es un territorio de paz que está de duelo. «Somos una comunidad que construye paz desde la autonomía, desde la gente. Este es un proceso que nació de las entrañas del territorio porque nos negamos a vivir más hechos de violencia y a ser revictimizados», dice un comunicado.
En esa misiva se indica que entre todas las víctimas, más de una de una decena de personas eran parte de un proceso de vida pacífica contra la violencia. «Hoy lamentamos la pérdida de 11 compañeros y compañeras que fueron fundamentales para sembrar reconciliación, diálogo y vida digna en este territorio. Su asesinato vulnera el artículo 11 de la Constitución Política de Colombia que consagra que el derecho a la vida es inviolable y el artículo 22 que reconoce la paz como un deber un deber de obligatorio cumplimiento», dice el comunicado.
De acuerdo con autoridades locales y regionales, 12 personas vivían en el corregimiento La Pedregosa. Una de ellas era José Ciro Puliche, quien tenía 61 años. Era un conductor de un bus escalera o chiva, nombre popular de este medio de transporte en la ruralidad del suroccidente del país, y uno de los habitantes más conocidos de La Pedregosa, pues transportaba a los campesinos de su región, sobre todo, cuando eran días de mercado durante los fines de semana.
En el listado también están Daniela Valencia Holguín, quien tenía 26 años y vivía en La Palma, al igual que Teodomira Salazar Navia, de 78 años. La señora vivió toda su vida dedicada a la agricultura.
Clemencia Valencia y Virgelina Valencia fueron otras de las víctimas. Doña Virgelina, de 60 años, vivía en la zona llamada La Granja.
Otros de los caídos fueron Nereida Mosquera Angulo, 62 años; José Edinson Sánchez Farfán, de 26 años; Nidia Mosquera Angulo, de 68 años; Patricia Mosquera, 58 años; Carmen Lazo De Dorado, 67 años; María Libia Flor Sánchez, 56 años; Francisco Javier Olave Balcázar, 63 años, Andrea Golondrino Yonda, 53 años; Luz Dary Valencia Solarte, 47 años; Alirio Medina Medina, 77 años; Jarol Jair Bojorge Escobar, 40 años; Gloria Patricia Riascos Chantre, 53 años, y Florinda Camayo Méndez.
CAROLINA BOHÓRQUEZ Y JUAN PABLO RUEDA
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