En un discurso que pasará a la historia como el más extenso jamás pronunciado durante una intervención sobre el Estado de la Unión, un combativo y desafiante Donald Trump intentó pasar a la ofensiva, acusando a los demócratas de ser unos «locos antiestadounidenses» responsables de todos los males del país, y dedicando buena parte de su artillería a vender los éxitos económicos que dice haber logrado en tan solo 13 meses en la Casa Blanca.
Durante una hora y 47 minutos, Trump habló de una economía «renaciente» de fronteras «selladas», de criminales deportados y de un país que, en sus palabras, «está ganando como nunca antes».
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Eso pese a que las encuestas siguen indicando que el grueso de la población, al menos un 60 por ciento, rechaza su gestión y no siente que sus políticas estén mejorando las cosas, según el último sondeo de Washington Post, ABC e Ipsos.
Estas son seis claves de la intervención.
1. Venezuela y las drogas: América Latina irrumpe en el libreto
América Latina rara vez ocupa un lugar central en estos discursos. Y esta vez no fue la excepción. Pero cuando apareció, lo hizo con fuerza. Trump dedicó más de diez minutos —uno de los bloques más largos en política exterior— a Venezuela y a la lucha contra el narcotráfico en el Caribe.
Lo único que separa a Estados Unidos de millones de personas que quieren invadirnos soy yo
De hecho, fue uno de los primeros temas que abordó. Presentó a Venezuela como «un nuevo amigo y socio» que ahora aporta «miles de millones de dólares» en cooperación energética y comercial mientras describía con lujo de detalle la operación militar con la que su gobierno sacó del poder a Nicolás Maduro. Asimismo, hizo énfasis en la lucha contra las drogas, en su campaña de bombardeos en el Caribe y, según dijo, en una reducción del 56 por ciento en el tráfico de fentanilo.
Quizá el momento más cinematográfico llegó cuando presentó a Alejandra González, una joven venezolana invitada al Capitolio, y le anunció que su tío, el ex preso político Enrique Márquez, estaba libre y presente en el recinto. “Lo trajimos para celebrar su libertad contigo”, dijo antes de pedirle que bajara al hemiciclo. El abrazo puso a buena parte del Congreso de pie.
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Trump también relató el heroísmo de un piloto herido durante la operación, al que condecoró en vivo. Aunque la región no domina su agenda global, quedó claro que Venezuela y la lucha antidrogas ocupan un lugar central en el legado que quiere construir.
2. El enemigo interno: demócratas e inmigración
Si algo marcó el tono de la noche, fue el de la confrontación. Trump volvió a la retórica antiinmigrante que le dio tan buenos resultados en la campaña electoral anterior y la combinó con un ataque frontal contra los demócratas.
“Lo único que separa a Estados Unidos de millones de personas que quieren invadirnos soy yo”, afirmó en uno de los pasajes más duros. En otro momento pidió a los legisladores que se pusieran de pie si estaban de acuerdo con que «la primera obligación del gobierno estadounidense es proteger a sus ciudadanos, no a los inmigrantes ilegales». La mayoría de los demócratas permaneció sentada. «Deberían avergonzarse», replicó.
Estamos ganando tanto que algunos me dicen, presidente, por favor, no más. Pero no, vamos a seguir ganando
El mensaje fue claro. Pintar a la oposición como aliada de «criminales ilegales» y como una amenaza existencial para el país. En inmigración, insistió en que bajo su mandato «no ha entrado ni un solo ilegal» y que las deportaciones se enfocan en «lo peor de lo peor», pese a que sondeos recientes muestran que una mayoría no cree que la estrategia esté dirigida exclusivamente a criminales violentos y desaprueba los métodos de las autoridades migratorias.
Pero en un año de elecciones legislativas, la estrategia apunta a movilizar a su base y a encuadrar la contienda como una batalla entre el orden y el caos.
3. Economía y aranceles: entre el optimismo y la realidad
Trump pintó una economía en renacimiento. Habló de crecimiento sólido, de gasolina más barata, de hipotecas a la baja y de una inflación en su nivel más bajo en cinco años. «Estamos ganando tanto que algunos me dicen, presidente, por favor, no más. Pero no, vamos a seguir ganando», ironizó Trump.
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Pero las estadísticas muestran una historia con otros matices. El crecimiento ronda el 2,2 por ciento, una cifra positiva pero modesta para una economía que busca recuperar dinamismo. En el mercado laboral, aunque la tasa de desempleo se mantiene relativamente baja, el año pasado se registraron pérdidas netas de empleo en varios sectores manufactureros y una desaceleración en la creación de puestos de trabajo frente a años anteriores.
Nunca permitiré que el principal patrocinador del terrorismo del mundo tenga un arma nuclear
En cuanto a la inflación, si bien ha cedido en algunos rubros, se mantiene alrededor del 2,9 por ciento anual y, en áreas clave como vivienda y seguros, sigue presionando el bolsillo de los hogares. No es una inflación desbordada, pero tampoco un problema resuelto. De hecho, encuestas recientes muestran que cerca de la mitad de los estadounidenses cree que la economía ha empeorado y que el costo de vida continúa siendo su principal preocupación.
En materia de inversión extranjera, Trump habló de cifras astronómicas -del orden de los US$ 18 billones- en solo un año. Sin embargo, incluso las estimaciones de la propia Casa Blanca sitúan el monto confirmado en aproximadamente la mitad de esa cifra e incluyen promesas y anuncios que aún no se han materializado. Analistas económicos han señalado que el presidente mezcla compromisos preliminares con inversión efectiva para potenciar el impacto.
Sobre los aranceles, un tema central de su agenda, defendió su estrategia pese al golpe de la Corte Suprema, asegurando que seguirá utilizando «todas las herramientas disponibles» para proteger a la industria estadounidense. Aunque no detalló el camino legal que seguirá, dejó claro que no piensa retroceder.
4. La respuesta demócrata: ausencias, abucheos y réplica
Los demócratas, como era previsible, usaron sus propias armas para contrarrestarlo. Cerca de 40 legisladores no asistieron. Otros permanecieron sentados durante buena parte del discurso y muchos optaron por el abucheo y las interrupciones.
En uno de los momentos más tensos, Ilhan Omar, legisladora de origen somalí, lo acusó a gritos de haber «matado estadounidenses», en referencia a la muerte de dos manifestantes durante una operación federal en Minnesota. También se escucharon llamados a que se revelen todos los archivos relacionados con Jeffrey Epstein.
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En la respuesta oficial del partido, la gobernadora de Virginia, Abigail Spanberger, acusó al presidente de dividir al país y de ofrecer «una versión selectiva de la realidad económica». Dijo que millones de familias no sienten la prosperidad que describe Trump y advirtió que la polarización permanente no es una estrategia de gobierno.
5. Irán: diplomacia bajo amenaza
En política exterior, Trump habló brevemente de Irán, pero su mensaje fue contundente. Aunque insistió en que prefiere la diplomacia, fue enfático en que no dudará en recurrir a la fuerza. «Nunca permitiré que el principal patrocinador del terrorismo del mundo tenga un arma nuclear», afirmó el mandatario.
Acusó al régimen de estar «reconstruyendo su capacidad nuclear» y de negarse a pronunciar «esas palabras secretas: nunca tendremos un arma nuclear». Si bien no dio pistas sobre próximos pasos, el tono empleado y el despliegue militar que ya existe en la región (el más grande desde la guerra de Irak) sugieren que está más cerca del uso de la fuerza que de una salida negociada.
6. Mucha audiencia, pocas conversiones
El Estado de la Unión suele ser visto por entre 30 y 40 millones de personas y, a veces, produce un breve repunte en las encuestas. Pero ese efecto suele disiparse rápidamente.
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Trump mantiene un apoyo estable cercano al 40 por ciento, mientras una mayoría expresa desaprobación. Pero en un país profundamente polarizado, la mayoría de los votantes ya tiene una opinión formada, para bien o para mal.
El discurso fue largo, teatral y combativo. Consolidó a su base y dejó claras las líneas de batalla para noviembre. Si logró convencer a quienes aún dudan, es otra historia.
Y esa, como siempre, se escribirá en las urnas.
SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO -Washington
















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