La creciente presión del gobierno de Donald Trump contra Cuba podría provocar el colapso del Estado en la isla y una nueva crisis migratoria hacia Estados Unidos, dos escenarios que Washington dice querer evitar.
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Esa es la advertencia que hacen los expertos Guillaume Long y Alex Main, ambos investigadores del Centro para la Investigación Política y Económica (CEPR, por su sigla en inglés), en una columna publicada esta semana por la revista Foreign Policy, en la que sostienen que la intensificación de sanciones y el bloqueo petrolero impuesto por Washington podrían desencadenar una crisis humanitaria con consecuencias duraderas para la seguridad regional.
El análisis llega en momentos en que Trump ha venido elevando el tono contra La Habana y sugiriendo que el gobierno cubano podría ser el próximo objetivo de su política exterior tras la ofensiva militar contra Irán.
Cuba enfrenta constantes cortes de energía eléctrica y una crisis de combustible. Foto:AFP
“Cuba está en sus últimos momentos de vida”, dijo recientemente el mandatario en un discurso ante republicanos en Florida, en el que incluso insinuó la posibilidad de medidas más drásticas contra el régimen de la isla.
La presión económica y la crisis interna
En la columna, los autores argumentan que la presión económica actual ya está empujando al país hacia una situación crítica. El bloqueo petrolero impuesto el 30 de enero, que busca impedir que terceros países envíen combustible a Cuba bajo la amenaza de sanciones o aranceles, ha agravado una crisis energética que ya golpeaba duramente a la población.
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Según relatan, los hospitales enfrentan apagones constantes; las ambulancias a menudo carecen de combustible para operar y el sistema de salud sufre escasez de equipos médicos básicos.
“Cuba ahora enfrenta una espiral descendente que podría conducir a un colapso humanitario total”, escriben Long y Main en el artículo.
La presión económica se suma a décadas de sanciones que han restringido el acceso de Cuba al financiamiento, a las divisas y al comercio internacional.
Pero, más allá del deterioro económico, los autores sostienen que el verdadero riesgo es geopolítico.
El riesgo de una crisis migratoria y de seguridad
Si el Estado cubano llegara a colapsar abruptamente, advierten, la isla podría enfrentar conflictos internos, la expansión de rutas de tráfico ilícito y, sobre todo, un éxodo masivo hacia Estados Unidos.
Un hombre camina en La Habana junto a una pintura de la bandera de Cuba. Foto: EFE
“Desde una perspectiva de seguridad, el colapso repentino del Estado cubano podría provocar conflicto interno, un éxodo masivo y nuevas rutas de tráfico en el estrecho de Florida”, señalan.
Ese escenario tendría consecuencias directas para Estados Unidos y la región.
La advertencia cobra especial relevancia a la luz de precedentes recientes. Los autores recuerdan que sanciones similares contra Venezuela contribuyeron a una de las mayores crisis migratorias del mundo, con más de seis millones de personas desplazadas entre 2017 y 2023.
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Algo parecido ocurrió en Cuba durante el primer gobierno de Trump. La reversión del acercamiento impulsado por Barack Obama y la imposición de nuevas sanciones coincidieron con el mayor éxodo en la historia reciente de la isla.
En otras palabras, sostienen, las sanciones no solo no han logrado sus objetivos políticos, sino que terminan produciendo presiones migratorias que luego repercuten directamente en Estados Unidos.
“El resultado paradójico es que las sanciones pueden terminar alimentando las mismas crisis migratorias que luego se utilizan políticamente dentro de Estados Unidos”, argumentan.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. Foto: AFP
Pero para Long y Main, ese tipo de estrategia puede resultar contraproducente.
El colapso del Estado cubano, concluyen, no solo tendría un enorme costo humanitario, sino que también podría desestabilizar el Caribe y crear problemas de seguridad para Estados Unidos que durarían años.
Dicho eso, Trump ha insinuado que podría emplear con Cuba el modelo Venezuela. Es decir, forzar la caída de la actual dirigencia para reemplazarla por remanentes del régimen serviles a sus intereses.
Algo que, de momento, parece estar funcionando en el país tras el ascenso de Delcy Rodríguez tras el golpe contra Nicolás Maduro y que no se ha traducido en inestabilidad ni en un incremento del flujo migratorio.
SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington
















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