A orillas del río Saldaña, en zona rural de Ataco, sur del Tolima, se instaló en los últimos diez meses un corredor de vehículos pesados que cambió la dinámica de la región. Por la única vía pavimentada del sector comenzaron a ingresar decenas de carros de maquinaria amarilla provenientes de distintos puntos del país.
Con ellos llegaron grupos de pobladores foráneos, en su mayoría del Bajo Cauca antioqueño, que iniciaron labores de extracción ilegal de oro a lo largo del cauce. Habitantes de la zona se vincularon a la actividad en busca de ingresos, mientras el río –del que dependen comunidades de al menos diez municipios– empezó a registrar afectaciones por la intervención constante.
La radiografía criminal detrás de la ‘fiebre del oro’ en Tolima Foto:Archivo
El auge de la explotación trajo consigo delitos asociados al control de rentas ilícitas y disputas por el territorio. En paralelo, las autoridades advirtieron sobre el interés del jefe disidente conocido como Néstor Gregorio Vera, alias Iván Mordisco, el enemigo número uno de Colombia, por quien se ofrece una recompensa de 5.000 millones de pesos.
EL TIEMPO realizó un sobrevuelo, con apoyo de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC), en la zona que las autoridades ya denominan “el nuevo foco de minería ilegal en Colombia”. El hallazgo sorprendió a pobladores y a miembros de la Fuerza Pública, pues, aunque históricamente Ataco ha sido un municipio que extrae y comercializa oro, lo ha hecho de manera artesanal, con bateas, palas y trabajo manual en la tierra.
El panorama este año es distinto. Desde el cielo se observan retroexcavadoras azules, rojas y amarillas a lo largo del río Saldaña, así como campamentos en los que pueden instalarse al menos 200 personas. El recorrido por 15 kilómetros del afluente resulta impactante. El mercurio utilizado para separar el oro de las piedras es vertido en el río y permanece en cráteres que, aunque parecen espejos de agua, son pozos contaminados.
“Inesperada”. Así califican fuentes regionales esta bonanza de extracción ilegal de oro. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en su informe sobre minería de aluvión (2022), Tolima era el departamento con mayor porcentaje de zonas extractivas con permisos técnicos y ambientales, con más del 92 %. Muy por encima de Antioquia, que apenas alcanza el 50 %. En Ataco solían cumplirse las reglas de la minería artesanal y, en algunos casos, comunal. La Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) registra cuatro concesiones debidamente legalizadas. Pero si ese fuera el escenario actual, desde el aire no se observarían las decenas de puntos de extracción que hoy permanecen activos. Una emergencia para un departamento que en 2022 registraba solo 28 hectáreas de minería del oro.
“De esa agua se alimentan las vacas. Con esa agua se riegan las plantaciones. Algunas personas pescan”, contó un poblador que pidió reserva de su identidad por razones de seguridad. La minería se convirtió en un asunto sensible. En informes de Cortolima, autoridad ambiental, se advierten los riesgos de intervenir el fenómeno. En un diagnóstico reciente se consignó que “en los últimos operativos realizados entre los meses de julio, agosto y septiembre no ha sido posible, por parte de la Policía Ambiental, realizar el decomiso de la maquinaria. Lo anterior, debido a que personal de la zona ha generado amenazas de quemar elementos y atentar contra la integridad de las personas que participan en los operativos”.
En diálogo con este diario, el general Carlos Ernesto Marmolejo, comandante de la Quinta División del Ejército, con jurisdicción en Tolima, explicó que las autoridades han intentado frenar el ingreso de maquinaria, pero sus conductores y operarios presentan documentación legal.
“Señalan que van para un proyecto piscícola, para una adecuación en un lado u otro”, indicó. Además, reconoció que la Fuerza Pública ha tenido dificultades para destruir la maquinaria, pues la ley exige que esté en flagrancia en actividades de minería ilegal para proceder a su incautación y destrucción. Cuando el Ejército llega, buena parte de los mineros ya se ha retirado. Y así ocurre día tras día. En caso de intervenir, los uniformados enfrentan amenazas de ataques si se afecta la actividad.
La radiografía criminal detrás de la ‘fiebre del oro’ en Tolima Foto:Archivo
Ataco es ahora, según uno de los pobladores consultados, “un pueblo sin Dios ni ley”. La ‘fiebre del oro’ modificó la dinámica económica. Jóvenes abandonaron la agricultura y la ganadería para dedicarse a remover tierra tras el paso de la maquinaria pesada, cuyos propietarios no están identificados públicamente. El flujo de dinero en efectivo incrementó la apertura de negocios asociados a la actividad.
“La gente que es de la región trabaja como medio de subsistencia. Se van con su batea. Lo que sacan lo venden y con eso cubren sus necesidades. Pero llegó mucha gente de otros departamentos, la mayoría de Antioquia”, relató otro habitante. Según la Gobernación del Tolima, 3.500 personas llegaron a socavar la tierra en Ataco.
Para Diego Quintero, coordinador de crimen organizado de la UNODC, la minería ilegal no opera de forma aislada, sino que genera un entorno de economías ilícitas. “Donde hay minería ilícita aparecen el contrabando de maquinaria e insumos, la corrupción de funcionarios de aduana y de la policía de carretera. También puede presentarse trata de personas con fines de explotación sexual y laboral. Se incrementa el consumo de alcohol y drogas, y cuando el control lo ejerce un actor armado paralelo al Estado, la violencia se convierte en regulador. Es un ecosistema criminal”, explicó.
Más allá de las imágenes
“El pueblo está cundido (repleto) de guerrilla”, agrega uno de los ataquenses entrevistados. Cuando se le preguntó cómo se evidencia la presencia criminal de las disidencias de las Farc, respondió que no usan uniforme. Al contrario, se visten como cualquier poblador más, pero sus comportamientos develan su identidad. Andan en grupo, van constantemente a los locales comerciales y patrullan el casco urbano en motos. “Siempre le dicen a uno: ‘Bueno, don José, o don Sebastián, no se le olvide que estamos pendientes de que nos colabore. Usted tiene familia en tal parte. Sabemos que están en tal sitio’. Ha habido asesinatos en las veredas, pero eso no sale a la luz pública”, agregó la fuente consultada.
La radiografía criminal detrás de la ‘fiebre del oro’ en Tolima Foto:Archivo
Los grupos en la zona
La violencia en Ataco ha sido constante en la historia del conflicto armado. El frente 21 de las antiguas Farc tuvo fuerte presencia desde los años ochenta, con control territorial y poblacional. Existen registros de reuniones en minas donde se definía en qué sectores se podía trabajar. Posteriormente surgieron estructuras paramilitares que se integraron al bloque Tolima de las Autodefensas. El fuego cruzado provocó que, en el año 2000, fueran desplazadas 3.601 personas, según la Unidad para las Víctimas. Hoy, el sur del Tolima está bajo influencia del bloque central ‘Isaías Pardo’, de las disidencias lideradas por alias Iván Mordisco.
El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, explicó en un consejo de seguridad el pasado 7 de febrero que en esta zona minera tiene poder un criminal plenamente identificado: Jhan Carlos Rodríguez Masmela, alias Chapolo. “Declaramos objetivo de alto valor regional a alias Chapolo, un criminal de las disidencias de alias Mordisco, que delinque en Ataco, Chaparral, San Antonio y Río Blanco. Ofrecemos hasta 200 millones de pesos de recompensa por información que permita capturarlo”, explicó.
El líder criminal no registra un solo proceso en la Rama Judicial, pero es quien coordina la expansión de las disidencias de ‘Mordisco’ del sur al norte del Tolima. Las autoridades saben que su familia vive en el municipio de Río Blanco y que está protegido, entre las montañas, por pobladores que se benefician de su red criminal.
Según el general Marmolejo, comandante regional del Ejército, las disidencias de ‘Mordisco’ y ‘Chapolo’ no participan directamente en la explotación ilícita del oro, pero sí sus redes de apoyo más cercanas.
General Carlos Ernesto Marmolejo, comandante de la Quinta División del Ejército. Foto:Ejército
“Lo que quiere hacer el bloque ‘Isaías Pardo’ es tratar de escalonarse en ese sector para poder retomar eso que hace unos 20 años era tan valioso para las Farc: el corredor de movilidad para el desarrollo de economías ilícitas, movimiento de pasta base de coca, de marihuana y, ahora, la minería ilegal”, explicó el oficial. Y agregó: “El oro es mucho más rentable y se está pagando mucho mejor. Están rentando unos tres mil millones de pesos mensuales. Donde ven que hay un negocio de estos que genera tantos recursos, pues allá apuntan. La Gobernación del Tolima tiene registradas más de 300 máquinas sobre ese sector. ¡300 máquinas! Eso, en principio, es un daño ambiental bastante grande, y es mucho el oro que se puede llegar a sacar de esa región. Ahora, nosotros tenemos la zona bajo prioridad porque en cualquier momento pueden presentarse enfrentamientos con las disidencias de alias Calarcá”.
Se trata de Alexánder Díaz Mendoza, otro de los jefes disidentes con mayor poder en Colombia y quien en este momento mantiene diálogos de paz con el Gobierno. EL TIEMPO conoció un mapa de la situación regional de orden público que, de hecho, da cuenta de que tres facciones disidentes de ‘Calarcá’ están llegando justamente al sur de Tolima, no solo por el oro, sino también porque es uno de los corredores de narcotráfico y control social más importantes de Colombia. Por el norte se acerca el frente ‘Joaquín González’ del bloque Occidental ‘Jorge Briceño Suárez’ disidente, que ya tiene fuerte presencia en los municipios de Rovira, San Antonio, Roncesvalles y la capital, Ibagué. Por el oriente está el frente ‘Darío Gutiérrez’ de ese mismo bloque, con presencia esporádica en Dolores y Alpujarra. Y otro que tiene presencia en el suroriente es la estructura ‘Iván Díaz’, que viene desde el departamento del Huila.
La crisis social
La Gobernación del Tolima también identifica afectaciones sociales derivadas de esta actividad. Entre ellas, la vinculación de niños, niñas y adolescentes en labores de extracción. Asimismo, un incremento de las enfermedades de transmisión sexual y de casos de fiebre amarilla. En enero pasado, Ataco fue el municipio con más contagios en el departamento, con 27 casos y 10 muertes. La entidad advierte sobre la normalización del fenómeno, pues las comunidades conviven con la minería ilegal pese a sus impactos, lo que genera confrontaciones con las autoridades.
La radiografía criminal detrás de la ‘fiebre del oro’ en Tolima Foto:Archivo
“El oro es como una maldición”. Con esas palabras concluye uno de los pobladores consultados. Refiere que todas las dinámicas sociales cambiaron tras la llegada de la maquinaria. De ese pueblo tranquilo, bajo las faldas montañosas del sur tolimense, ubicado en la ribera del río, no queda mucho. El mercado campesino subió de precio. Las economías lícitas perdieron fuerza. Ataco, atacado por foráneos, se volcó al negocio de la minería y conexos, como la gasolina, los materiales de extracción y las actividades de ocio que se pagan con dinero en efectivo. Las disidencias de ‘Iván Mordisco’ toman su tajada del pastel, a la espera de que ‘Calarcá’ no se meta de lleno en la región. Y el río Saldaña, cementerio de inocentes durante el conflicto armado, es escarbado a alta potencia y de orilla en orilla, en un furor aurífero nunca visto.
(*) En colaboración con Fabio Arenas Jaimes, corresponsal de EL TIEMPO en Tolima.
















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