Este año, tras rendir homenaje a la historia y la cultura europeas en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio reconoció que Estados Unidos es en sí mismo un hijo de Europa. Todo sonaba muy bien a los oídos europeos después de un año que horrorizó a todos los comprometidos con la relación transatlántica.
Pero pronto se hizo evidente que el mensaje fundamental de la administración Trump sigue siendo el mismo. La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania solo se mencionó de pasada. La amenaza que representa Rusia es una preocupación fundamental para los europeos, pues reconocen que la defensa de Ucrania hoy es vital para su seguridad en el futuro. Sin embargo, para la administración Trump, no vale la pena mencionarlo. En términos de percepción básica de amenazas, la brecha entre Estados Unidos y Europa es innegable.
Antes de elogiar la historia europea, Rubio describió la versión Maga (Make America Great Again, movimiento de Donald Trump) de los acontecimientos que han conducido al momento actual. Argumentó que las décadas transcurridas desde el fin de la Guerra Fría se basaron en una “ilusión peligrosa” y una “visión dogmática de comercio libre y sin restricciones”. Añadió que el “orden global basado en reglas” es un término sobreutilizado que ignora las lecciones de 5.000 años de historia humana.
Otro miembro de la administración Trump presente en la conferencia, Elbridge Colby, nieto de William Colby, director de la CIA durante la era de Richard Nixon, señaló con satisfacción que solo había oído mencionar el término “orden global basado en reglas” una vez en una reciente reunión ministerial de la Otán.
Obviamente, ningún europeo, fuera de los extremos políticos del continente, comparte esta actitud. Entendemos que el orden global basado en normas nunca fue perfecto. Pero también sabemos que sus logros tras el último y sangriento conflicto entre grandes potencias han sido casi milagrosos.
Durante las décadas de paz y estabilidad posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la población mundial se triplicó y la economía mundial se multiplicó por 15. Es innegable que las redes de normas y acuerdos globales fueron factor clave.
Tampoco cabe duda de que el orden global basado en normas se encuentra gravemente amenazado. La invasión rusa de Ucrania fue una flagrante violación de una de sus normas más fundamentales: el respeto a la integridad territorial. De igual manera, China ha ignorado las sentencias internacionales sobre sus reivindicaciones territoriales en el Mar de China Meridional, y la administración Trump ha violado las normas flagrantemente.
En cambio, los europeos creen que vale la pena preservar lo que queda del orden basado en normas. De hecho, se están esforzando por fortalecer muchos de sus pilares fundamentales. De eso tratan los nuevos acuerdos de libre comercio de la Unión Europea con el bloque sudamericano del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y la India. Además, los europeos se están uniendo a otros para mantener la lucha contra el cambio climático.
CARL BILDT
Ex primer ministro de Suecia
© Project Syndicate
Múnich
Este artículo fue editado por motivos de espacio.
















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