Veinte días después del inicio de una gigantesca operación de bombardeos contra objetivos en Irán, coordinada entre las fuerzas de defensa israelíes y la plataforma aeronaval de Estados Unidos en el Medio Oriente, que ha golpeado instalaciones militares y de gobierno, complejos petroleros y hasta edificios civiles como escuelas y hospitales, el régimen de Teherán resiste la embestida mucho mejor de lo esperado. Y además, ha respondido con una lluvia de misiles y drones sobre Israel y sobre bases estadounidenses en media docena de países de la zona.
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Por muy golpeado que esté, el Gobierno iraní conserva hasta ahora su capacidad de desestabilizar la economía mundial por la vía de afectar de manera grave el paso de buques petroleros por el estrecho de Ormuz, entre Irán y los Emiratos Árabes. Según el diario español El Mundo, “de 150 petroleros que atravesaban esa zona al día hace tan solo tres semanas, se ha pasado a menos de 100 en los últimos siete días, la mayoría vinculados a China o al propio Irán”. La consecuencia inmediata es el alza del precio del barril de petróleo Brent, de 70 dólares antes del inicio de los bombardeos, a promedios entre 105 y 115 la semana pasada.
El contrataque iraní cuenta ahora con el mando del nuevo líder supremo, el ayatolá Mojtaba Jamenei, de 56 años, quien heredó el cargo de su padre, Alí Jamenei, fallecido en los primeros ataques ordenados por Washington y Tel Aviv.
Aparte de demostrar control absoluto sobre la Guardia Revolucionaria, fuerza militar dominante del régimen iraní, Jamenei hijo es el protagonista de detalladas revelaciones de medios de comunicación y agencias de inteligencia occidentales sobre su inmensa fortuna inmobiliaria y sobre el entramado financiero y de negocios que controla tanto en Irán como en otros países.
Seguidores de Mojtaba Jamenei celebran la elección del nuevo líder supremo de Irán. Foto:AFP
La riqueza acumulada por Jamenei y sus socios es tan significativa –en especial en bienes raíces en ciudades como Londres, Madrid y Dubái– que hace pocos días la revista Forbes, especializada en noticias de negocios, ironizaba al decir que el nuevo líder de los ayatolás “comparte algo con el presidente Donald Trump: ambos han amasado imperios internacionales de bienes inmuebles”.
Aunque las propiedades de Trump y su familia en ese campo rondan los US$2.500 millones, casi 6 veces más que las vinculadas a Jamenei (que se acercan a los US$450 millones), investigaciones de agencias gubernamentales de Estados Unidos y Europa creen que el líder iraní posee mucho más, gracias a una compleja red de testaferros y sociedades en paraísos financieros. Estos montos pueden aumentar velozmente, según Forbes, “ahora que Jamenei hijo asumió un rol dominante en la economía de su país”.
Es evidente que al halar los hilos de Ansari, del banco Ayandeh de su familia y de diferentes sociedades vinculadas con los Ansari, las huellas conducen a los Jamenei y a sus socios
El entramado
Según fuentes de agencias gubernamentales de Occidente citadas por la plataforma de noticias Bloomberg, el entramado inmobiliario y financiero de Jamenei hijo incluye cuentas en bancos suizos y de varios paraísos fiscales, un significativo control de las actividades de transporte marítimo en el golfo Pérsico, en especial en muelles y buques petroleros, y bienes raíces de lujo que, en Reino Unido, valen cerca de US$140 millones.
Otros cálculos mencionados por El País de Madrid elevan el valor de esas propiedades en las islas británicas a US$270 millones, representados en 13 bienes raíces.
La red bancaria y de sociedades fantasmas, manejada por intermedio de testaferros, le permite al nuevo líder supremo movilizar fondos que suman miles de millones de dólares al año hacia los mercados occidentales, explican las fuentes citadas por Bloomberg. Y eso a pesar de las sanciones impuestas por Estados Unidos a Irán en 2019, como resultado del empeño de Teherán en seguir adelante con su programa nuclear, y que limitan ese tipo de transacciones para altos jerarcas del país islámico.
Los 3 líderes supremos que ha tenido Irán: Ruhola Jomeini, Alí Jamenei, y Mojtaba Jamenei. Foto:AFP
Las revelaciones indican que esos dineros han pasado por cuentas en el Reino Unido, Emiratos Árabes, Suiza y Liechtenstein, y proceden en su gran mayoría de negocios relacionados con la venta de petróleo iraní, por medio de diferentes mecanismos para evadir los límites impuestos por las sanciones occidentales para la exportación de crudo al mundo. Tras muchas de las operaciones aparece el nombre de Alí Ansari, un empresario estrechamente vinculado con la familia Jamenei, y quien fue sancionado hace cinco meses por las autoridades del Reino Unido, que lo acusan de ayudar a financiar actividades terroristas.
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Bloomberg aclara que el nombre de Jamenei hijo no aparece en documento alguno de los consultados por ese medio, “pero es evidente que –según un informe resumido del caso que ha circulado por las cancillerías europeas y que EL TIEMPO conoció la semana pasada– al halar los hilos de Ansari, del banco Ayandeh de su familia y de diferentes sociedades vinculadas con los Ansari, las huellas conducen a los Jamenei y a sus socios”.
Datos de Bloomberg y del Financial Times permiten estimar que, en solo bienes raíces en Europa, los testaferros y las sociedades fachada de Jamenei manejan propiedades que valen unos US$450 millones.
Aparte de un resort de golf en las islas Baleares, en España, la red posee un lujoso hotel en Fráncfort, mansiones en la afamada Bishops Avenue de Londres, un resort de esquí en Austria, un apartamento de gran lujo en París, un penthouse en las residencias privadas del Four Seasons de Toronto, Canadá, y otros bienes residenciales y de turismo en Alemania y España.
Los 3 líderes supremos que ha tenido Irán: Ruhola Jomeini, Alí Jamenei, y Mojtaba Jamenei. Foto:AFP
Desde tiempos del ayatolá Ruhollah Jomeini, fundador de la República Islámica, el liderazgo de los clérigos iraníes ha proyectado una imagen de austeridad y de un cierto desprecio por los bienes terrenales. Su sucesor, Alí Jamenei, se mantuvo en esa línea de conducta, al menos en cuanto a la imagen transmitida al pueblo iraní. Pero las revelaciones sobre el imperio inmobiliario, societario y en cuentas bancarias vinculado al nuevo líder supremo contrastan con esa idea.
Y además, contrastan con la dramática situación que viven millones de iraníes en un país cuya economía no ha hecho más que deteriorarse en los años recientes, tanto por las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea como por la corrupción reinante en las altas esferas del poder, no solo en la familia Jamenei, sino en otros clanes de la jerarquía política y de negocios.
Como explicaba la semana pasada el diario El Economista, “el descontento por la corrupción económica y la mala gestión atribuidas al régimen suele centrarse en los llamados ‘aghazadeh’, un término usado de forma despectiva para referirse a los hijos de la élite política, a quienes se acusa de acumular grandes fortunas aprovechando las influencias y contactos de sus familiares en el poder”.
En materia social, incluso las cifras oficiales son impactantes: entre 26 y 27 millones de iraníes viven por debajo de la línea de pobreza, algo más del 30 por ciento de los 87 millones de habitantes. Agencias internacionales y ONG pintan un panorama mucho más negativo y aseguran que cerca del 70 por ciento de la población vive en la pobreza o ligeramente por encima de esa línea.
Irán. Foto:
Pobres, pero con armas
Como suele ocurrir con este tipo de regímenes, la combinación de pobreza en amplias capas de la población con descomunal enriquecimiento en la cúpula del poder se convierte en una constante. Tras la fachada socialista de la dictadura en Venezuela, se han ocultado las fortunas de los hijos de Hugo Chávez, de la familia de Nicolás Maduro y del resto del círculo civil y militar del poder, lo que incluye a los llamados ‘boliburgueses’, grandes beneficiarios de los negocios del régimen. Lo mismo se puede decir de la Nicaragua de los Ortega, de Vladimir Putin y sus socios oligarcas en Rusia, y de los Castro en Cuba, para mencionar apenas unos casos.
Tras dos semanas de bombardeos inmisericordes por parte de Israel y EE. UU., (Irán) ha sufrido enormes bajas en su ejército, su armada y su aviación, pero mantiene sus capacidades para seguir lanzando misiles balísticos y drones sobre el golfo Pérsico
“Lo que indigna a millones de iraníes es que, aparte de esas sumas multimillonarias que manejan los ‘aghazadeh’ o grandes privilegiados del poder y que es corrupción pura, otra gran tajada de los recursos del país se va en armamento, incluido el costosísimo programa nuclear, que en cálculos conservadores se tasa, en lo corrido de este siglo, entre US$25.000 millones y US$30.000 millones”, comentó en París, el lunes, un diplomático europeo a EL TIEMPO.
Mojtaba Jamenei / Irán Foto:AFP
En lo que a armamento convencional se refiere, la inversión ha mostrado su utilidad, si no para el pueblo, al menos para el régimen. El diario madrileño El Mundo resumía así, el domingo, la demostración de poder de fuego de Teherán desde el inicio de los ataques: “Tras dos semanas de bombardeos inmisericordes por parte de Israel y EE. UU., (Irán) ha sufrido enormes bajas en su ejército, su armada y su aviación, pero mantiene sus capacidades para seguir lanzando misiles balísticos y drones sobre el golfo Pérsico”.
Y agrega: “Aunque su número ha bajado desde los primeros días, una decisión lógica teniendo en cuenta que esta guerra puede durar más de lo esperado, sus proyectiles siguen alcanzando Israel, Baréin, Qatar, Abu Dabi, Kuwait, Omán o Dubái a diario, con 836 misiles balísticos y 2,568 drones en dos semanas”. Eso sin contar con el nuevo misil balístico Sejil, de 2.000 kilómetros de alcance, lanzado el sábado contra Israel. Y aunque el lunes Trump dijo que Irán se estaba quedando “sin misiles ni drones”, es probable que aún pueda hacer mucho daño.
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Hace algunas semanas, Trump hablaba de “un cambio de régimen” en Irán, un objetivo que hoy luce difícil de alcanzar. Medios y analistas coinciden en que la Casa Blanca erró en sus cálculos sobre cuál podía ser el desenlace de esta ofensiva a la que el semanario The Economist bautizó “guerra sin estrategia”. Por ahora, ante el aguante del régimen, Washington tendrá que contentarse con perseguir la fortuna de Jamenei, esparcida en una docena de países. Pero descubrir todos los hilos de ese entramado no será tarea fácil.
















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