El 2025 fue un año atípico en el segmento del crédito de consumo. Mientras las tasas de interés se mantenían aún en niveles elevados —tasas del orden del 17,5 por ciento promedio para consumo—, los colombianos intensificaron su uso de tarjetas de crédito hasta marcar cifras históricas. Sin embargo, ese mismo impulso que llevó el consumo a máximos ahora se perfila como uno de los factores que anticipa una desaceleración en 2026.
Las cifras son reveladoras. El gasto total con tarjetas de crédito alcanzó los 148,4 billones de pesos en 2025, según cifras de la Superintendencia Financiera, lo que representó un crecimiento de 19,3 por ciento nominal o 14,2 por ciento real anual. Se trata de una expansión significativa, especialmente en un contexto de crédito costoso y política monetaria restrictiva.
El ritmo de gasto fue tal que, el tarjetazo por minuto fue de 282,5 millones de pesos en términos generales o de 16.900 millones por hora.
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Pero, para asombro de muchos, diciembre llevó ese ritmo al límite: cada minuto los colombianos gastaron cerca de 347 millones de pesos con tarjetas, evidenciando el frenesí de fin de año, 15,5 billones, en compras y avances en efectivo, una cifra récord para un solo mes.
No obstante, esa historia de dinamismo comienza a mostrar señales de agotamiento en los primeros meses del 2026.
Año de máximos
Lo que muestran las cifras oficiales es que el gasto de los colombianos con sus plásticos el año pasado estuvo marcado por un crecimiento sostenido tanto en compras como en avances en efectivo. Solo en compras —nacionales e internacionales— los tarjetahabientes desembolsaron 124,7 billones de pesos, mientras que los avances en efectivo sumaron 23,7 billones.
Así, mientras las primeras crecieron 15,1 por ciento real anual, consolidándose como el principal motor del uso de plásticos, los segundos —tradicionalmente más costosos— aumentaron a un ritmo menor, 9,4 por ciento real anual. Este diferencial refleja, en parte, una mayor sofisticación del consumo y una preferencia por financiar bienes y servicios más que liquidez inmediata.
No obstante, el uso de avances sigue siendo relevante, pese a que las tasas aplicadas por las entidades financieras en este tipo de operaciones suelen ubicarse cerca del límite de usura —En marzo de 2025 la tasa máxima para consumo era 24,92 por ciento efectivo anual—. Esto sugiere que, para una parte de los hogares, la necesidad de liquidez siguió pesando más que el costo financiero ese año.
El punto más alto del año se registró en diciembre de 2025, cuando el gasto mensual con dinero plástico sumó 15,5 billones de pesos, el más alto observado para un solo mes. Este pico coincidió no solo con la temporada de fin de año, sino también con un incremento en los avances en efectivo, lo que evidencia un uso intensivo del crédito en un momento de alta presión sobre el gasto de los hogares.
Más gasto, menos tarjetas
Uno de los elementos más llamativos del comportamiento del mercado es que ese crecimiento se dio incluso con una base de tarjetas activas aún por debajo de sus niveles prepandemia.
En marzo de 2020, el país alcanzó su máximo histórico con 16,3 millones de tarjetas de crédito activas. Sin embargo, tras la pandemia, el número cayó hasta 13,8 millones al cierre de octubre de 2024. Desde entonces se ha observado una recuperación, aunque aún faltan cerca de 940.000 plásticos para igualar ese pico.
Esto implica que el mayor gasto no necesariamente provino de una masificación del crédito, sino de un uso más intensivo por parte de los usuarios existentes. En otras palabras, los colombianos están usando más sus tarjetas, no necesariamente hay muchos más usuarios.
Ese fenómeno también se refleja en el aumento del cupo disponible. A diciembre de 2025, el cupo sin usar alcanzó los 88,8 billones de pesos, con un crecimiento de 11,1 por ciento real anual —en enero llegó a 90,2 billones—. Este incremento sugiere que las entidades financieras ampliaron la capacidad de endeudamiento de los clientes, lo que facilitó el aumento del consumo.
A su vez, el saldo de cartera de tarjetas también creció, aunque acompañado de una mejora en los indicadores de morosidad, lo que indica que a la par los tarjetahabientes se están poniendo al día con sus cuotas atrasadas.
En su reunión de enero del 2026, la junta del Emisor, elevó su tasa de referencia hasta 10.25 %. Foto:César Melgarejo / CEET
El freno que viene
Pero el entorno macroeconómico comienza a cambiar. Las tasas de interés, lejos de relajarse, han retomado una senda alcista.
En el segmento de tarjetas de crédito para ingresos de hasta dos salarios mínimos, las tasas pasaron de 17,1 por ciento efectiva anual a mediados de diciembre de 2025 a 17,8 por ciento en marzo de 2026, aumento, aunque moderado, marca una tendencia que podría intensificarse en los próximos meses.
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Virginia Olivella, directora de investigaciones de TransUnion, advierte que este ajuste tiene efectos directos sobre el consumo: el crédito se encarece, las cuotas suben y los hogares pierden margen financiero. En su análisis, esto obligará a los consumidores a ser más cautelosos y a replantear su uso del crédito.
Esta visión coincide con la de Alejandro Reyes, economista principal de BBVA Research, quien señala que el incremento de tasas responde, en parte, a la fortaleza del consumo observada en el último año y medio. Según explica, el Banco de la República busca precisamente moderar la demanda mediante un endurecimiento de la política monetaria.
Como se recuerda, la Junta Directiva del Banco de la República ajustó su tasa de intervención en 100 puntos básicos en su primera reunión de 2026, elevándola de 9,25 a 10,25 por ciento.
Reyes destaca que las tasas de consumo ya han aumentado cerca de 94 puntos básicos desde sus mínimos recientes y se ubican en torno a 17,9 por ciento. Este encarecimiento del crédito, sumado a expectativas de inflación más altas —cercanas a 6,5 por ciento para finales de 2026—, generará un efecto contractivo sobre el gasto de los hogares.
En la actualidad, Colombia cuenta con cerca de 940.000 tarjetas de crédito menos que el año pasado. Foto:iStock
El consumo pierde impulso
Más allá de las tasas, existen otros factores estructurales que apuntan a una desaceleración del consumo.
Camilo Herrera Mora, presidente de Raddar, advierte que el crecimiento del gasto de los hogares podría caer drásticamente en 2026, hasta niveles de 0,5 o 0,6 por ciento, muy por debajo del 3,6 por ciento registrado en 2025. Esto implicaría una pérdida de al menos dos puntos porcentuales en la dinámica del consumo.
El análisis de Herrera identifica tres causas principales. Primero, un crecimiento limitado de los salarios reales, afectado por un aumento del salario mínimo que no se replica en el resto de los trabajadores. Segundo, un leve repunte de la inflación que, aunque moderado, impacta las tasas de interés. Y tercero, un efecto de “agotamiento del ciclo de consumo”: muchos hogares ya realizaron compras importantes en 2024 y 2025, lo que reduce la necesidad de gasto en el corto plazo.
Este último punto es clave. Bienes durables como vehículos, electrodomésticos o tecnología tienen ciclos de reposición largos. Quienes los adquirieron hace poco no volverán a hacerlo en el corto plazo, lo que inevitablemente reduce la demanda.
Muchos hogares ya realizaron compras de bienes durables importantes en 2024 y 2025. Foto:Cortesía.
Se enfría el consumo
De hecho, algunos indicadores ya muestran un cambio de tendencia. Según Fenalco, en el primer bimestre de 2026 se ha observado una desaceleración en el crecimiento de las compras con tarjetas de crédito. Los hogares están priorizando gastos esenciales como educación y salud, lo que limita el presupuesto disponible para otros bienes.
Aunque sectores como vehículos y motocicletas siguen mostrando un comportamiento positivo, el panorama general apunta a una moderación del consumo.
Gerardo Silva, presidente del Banco de Occidente, coincide en que el alto nivel de consumo observado recientemente no es sostenible en el tiempo. A su juicio, el aumento de tasas debería enfriar la economía, que es precisamente el objetivo del Banco de la República.
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El reto para 2026 será, entonces, sostener niveles de gasto cercanos a los alcanzados en 2025. Sin embargo, todo indica que esto será difícil.
El récord de diciembre de 2025 —con 15,5 billones de pesos en transacciones— marca un techo alto, tanto en términos nominales como reales. Repetir o superar ese nivel requeriría condiciones macroeconómicas favorables que hoy no están presentes.
Esto no implica necesariamente una caída abrupta del uso de tarjetas, pero sí un crecimiento más moderado. El crédito seguirá siendo una herramienta clave para el consumo, pero su expansión estará más limitada.
















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