En lo corrido de este año en Bogotá, según el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, han sido reportadas como desaparecidas 131 personas, de las cuales 80 aún no han sido halladas, 41 aparecieron vivas y 10 muertas. Es decir, en los 79 días que van del año se han hecho, en promedio, dos reportes diarios.
Recientemente, las noticias de personas desaparecidas, especialmente en Bogotá, han ocupado los titulares de los principales medios de comunicación. Uno de los casos más impactantes fue el del profesor de la Universidad Externado, Neill Felipe Cubides, quien tomó un transporte en el norte de Bogotá la madrugada del viernes 16 de enero, después de dejar a su esposa e hijo en un centro médico. Horas más tarde, su cuerpo fue hallado incinerado en zona rural del sur de la capital. Le robaron dinero de sus cuentas bancarias y los homicidas aún no han sido ubicados.
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A ese caso del docente se suma el de Diana Ospina, quien tomó un taxi la madrugada del 22 de febrero en Chapinero y posteriormente fue secuestrada durante unas 40 horas. Le sacaron unos 40 millones de pesos de una tarjeta débito y la habrían agredido psicológicamente. La Fiscalía habló de cinco personas identificadas por este hecho, pero aún no hay capturas.
Sin embargo, no todos los casos reportados en las últimas semanas tienen esa misma dimensión. EL TIEMPO investigó y pudo conocer que existe un alto número de reportes, entre el 98 y el 99 por ciento, según la Policía de Bogotá, que se relacionan con desapariciones voluntarias, es decir, personas que deciden no regresar a sus hogares por diferentes motivos, entre ellos deudas o problemas personales.
Diana Ospina Foto:Diana Ospina
Esta misma semana se conoció el desenlace de un caso que podría encasillarse en parte de ese contexto. Se trata de la supuesta desaparición de David Acosta, un ingeniero de petróleos de 27 años, quien fue reportado como desaparecido la madrugada del domingo 1 de marzo. Se especuló que se trataba de un secuestro e incluso de trata de personas.
Una vez las autoridades hicieron un análisis, se pudo determinar que el joven tenía serios problemas con las apuestas en casinos y, además, aparentes vínculos con pirámides financieras. Ambos factores le habrían ocasionado pérdidas millonarias, por lo que decidió salir voluntariamente de la capital, intentando huir, al parecer, de esas responsabilidades. Para ocultar todo esto, habría inventado un supuesto caso de rapto en una camioneta.
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Como si se tratara de un patrón que se repite cada tanto, el pasado lunes 19 de enero Uriel Andrés Barreto Díaz fue reportado por su familia como desaparecido luego de que saliera, a las 6:30 p. m., del centro comercial Titán Plaza. Al igual que en el caso de David Acosta, Barreto Díaz también habría tenido una importante deuda que lo obligó a salir de la capital para evitar responderles económicamente a quienes habría involucrado en una pirámide financiera.
Otro caso que ocurrió en lo corrido de este año fue el de un líder social de la capital, de quien se había perdido el rastro por casi una semana y que, por su vocación, generó sospechas y serias dudas al pensar que se trataría de una desaparición forzada. No obstante, el hombre se contactó semanas después con sus familiares y les indicó que había salido de la ciudad porque no tenía cómo responderle a sus acreedores.
Uriel Andrés Barreto Díaz. Foto:Archivo particular
A estas desapariciones voluntarias se suman las de algunos jóvenes que no superan la mayoría de edad y que han sido reportados como desaparecidos también este año, pero cuyos casos corresponden a evasiones por conflictos familiares o por el interés de irse con su pareja. Usualmente aparecen a los pocos días, o incluso horas, en casas de amigos o de sus novios. Un número significativo de personas que integran este grupo son menores de edad quienes no superan los 15 o 16 años.
También existe otro alto porcentaje de desapariciones que se dan por lo que las autoridades llaman “exposición a riesgos”, lo que coloquialmente se podría conocer como un acto de irresponsabilidad.
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Estos tienen que ver con coordinar citas con desconocidos por aplicaciones, que terminan en hurtos y retenciones ilegales en hoteles o moteles, o ir de fiesta donde el consumo abusivo de licor es una constante y ocasiona la pérdida de conocimiento. También se habla de ser víctimas de sumisión química, que consiste en el suministro de algún somnífero por medio de una bebida alcohólica para manipular y robar a una persona, usualmente en establecimientos nocturnos.
Investigadores y analistas de entidades distritales cercanos a este último fenómeno en mención, coinciden en que existe una falla en materia de autocuidado, pues exponerse a desconocidos o consumir sustancias alucinógenas o bebidas embriagantes en escenarios sin control pone, automáticamente, la vida en riesgo.
David Acosta, ingeniero de petróleos reportado como desaparecido la madrugada del 1 de marzo. Foto:Archivo particular
A este análisis que han identificado las autoridades se suma otro componente, y es el de las personas que, por condiciones médicas, muchas veces asociadas con temas de alzhéimer o esquizofrenia, salen de sus casas, se desorientan y no regresan. Pero también hay otro factor que está relacionado con ciudadanos que son víctimas de accidentes de tránsito y cuyos familiares, al no saber de su paradero, las reportan como desaparecidas.
Por ejemplo, recientemente, Bogotá conoció el caso de Sonia Alejandra Izquierdo Rocha, una joven estudiante de la Universidad Nacional que iba a cumplir un compromiso cuando la motocicleta en la que se movilizaba como pasajera protagonizó un siniestro vial en el que ella falleció.
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El protocolo de denuncia
Reportar un desaparecido, aunque pareciera un trámite complejo y hasta engorroso, en realidad es oportuno, pues permite que las autoridades expandan la búsqueda y crucen la información entre sí para optimizar el proceso y hallar pistas sobre el caso.
No obstante, muchas veces, a pesar de que las personas desaparecidas son halladas con vida, las entidades y unidades de búsqueda no son notificadas por sus familiares, por lo que el registro permanece en rojo y podría reflejar un alza en los indicadores.
Instituto Nacional de Medicina Legal. Foto:Archivo particular
De acuerdo con el Distrito, si bien los casos de desapariciones voluntarias en ocasiones desgastan los recursos de búsqueda, es sumamente importante que se hagan los reportes aunque haya sospecha de que se trate de una evasión, pero, sobre todo, que se notifique cuando las personas han sido halladas, para tener trazabilidad.
Justamente, tras la coyuntura de los recientes casos, las autoridades se han encargado de aclarar varios aspectos. El primero es el mito de las 72 horas. En algún momento se llegó a decir que, en el Instituto de Medicina Legal, la Policía o la Fiscalía pedían a las familias esperar ese tiempo para hacer el reporte, lo cual es falso. Una persona puede ser reportada como desaparecida desde el momento en que sus allegados identifican un cambio en su rutina.
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“También es falso que la búsqueda de personas tiene costo, es falso decir que ‘por algo se perdió’ o esas justificaciones sociales y culturales que muchas veces se hacen. Nada justifica la desaparición. Y tampoco es cierto que no tiene sentido buscar una persona desaparecida con el paso de los días o de los meses”, indicó Andrés Nieto, del Observatorio de Seguridad de la Universidad Central y exsubsecretario de Seguridad de Bogotá.
Otro punto es dejar claro que cualquier denuncia sobre una persona desaparecida es fundamental para que las autoridades actúen, por lo que todo caso debe ser notificado a Medicina Legal, Fiscalía y Policía. De esta manera se activa el Mecanismo de Búsqueda Urgente y las autoridades judiciales ordenan de forma inmediata todas las diligencias necesarias para su localización. Incluso, desde el Distrito han señalado la importancia de hacer el reporte también a la Línea de Emergencias 123 de Bogotá.
Andrés Nieto, experto del Observatorio de Seguridad de la Universidad Central. Foto:Redes sociales
Otro tema sobre el que las autoridades quieren alertar es el de las extorsiones y hurtos en estos casos. Como las familias publican carteles con información personal, los delincuentes se aprovechan para engañarlas y pedir dinero a cambio de una supuesta liberación; sin embargo, se trata de un robo. Por eso es importante que los reportes se hagan de manera oficial ante las entidades correspondientes, para que sean los investigadores quienes tengan contacto en ese tipo de llamadas.
Según cifras de Medicina Legal, entre las 80 personas que continúan desaparecidas en la capital del país, y que fueron reportadas en lo corrido de este año, 39 son hombres y 41 mujeres.
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El fenómeno de la desaparición de menores
Tres preguntas a Andrés Nieto, director del observatorio de seguridad de la Universidad Central
¿Cómo están los indicadores de menores desaparecidos?
Del total de desaparecidos en los últimos 5 años, el 32.5 por ciento son menores y el rango de edad más común, cuyo pico se ubica en el 28 por ciento, está entre los 12 y 17 años. Es importante decir que luego del reporte formal, en un 35 por ciento de los casos aparecen vivos en menos de tres días por diferentes situaciones. Y en el 61.3 por ciento continúan desaparecidos, mientras que, en una cifra más baja, los que aparecen muertos son el 3.1 por ciento.
¿Qué factores están asociados a casos?
Los menores de básica primaria son los que más tienen este tipo de desaparición, con un 34 por ciento de los casos, sin embargo hay unos tipos de desapariciones que es importante distinguir en el marco de lo penal. El primero son los fugitivos, cuando precisamente se escapan de casa. Los segundos son los secuestros parentales, especialmente en aquellas familias donde hay una disputa por la patria potestad. En tercer lugar está el secuestro que en el caso de los grupos armados en nuestro país sigue siendo uno de los puntos más complejos, así como también el reclutamiento forzado irregular. Pero también hay unos niños desaparecidos después de desastres naturales o menores no acompañados en espacios públicos, eventos y demás, ellos están entre las personas que aparecen con vida. Entre las razones comunes de la desaparición de menores están temas como dificultades familiares con cerca del 40 por ciento de los casos, luego matoneos en los entornos escolares, abuso sexual o psicológico, falsas promesas económicas, especialmente por redes sociales, donde los invitan a ganar rápidamente dinero por estos mecanismos, adicional a un tema de retos virales que empieza a popularizarse.
Grupo de Infancia y Adolescencia de la Policía. Foto:Policía Metropolitana de Bogotá
¿Se debe dejar de buscar a una persona?
Es falso que hay que esperar 72 horas para hacer reporte, es falso que la búsqueda de personas tiene costo, es falso decir “por algo se perdió” y es falso que no tiene sentido buscar una persona desaparecida con el paso de los días o de los meses. Siempre hay que activar la ruta de búsqueda.
MIGUEL CASTELLANOS
EN X: @LOQUEOLVIDO
EL TIEMPO
















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