Paolo Sorrentino es un cineasta reconocido por las feroces críticas sociales y políticas que hace en sus producciones; sin embargo, podría decirse que ‘La Grazia’, su más reciente título que acaba de estrenarse en Colombia, es de sus películas más ‘tranquilas’, en la que, claro está, no pierde su esencia.
El director de ‘La gran belleza’ y ‘La mano de Dios’ retrata al saliente (y ficticio) presidente de Italia Mariano De Santis que enfrenta varios dilemas morales y personales, siempre acompañado de su asesora y confidente, su hija Dorotea. Su reto final será decidir si sanciona o no una ley que legitima la eutanasia. ‘La Grazia’ es una mirada profunda a la identidad, una reflexión poética sobre la memoria la muerte, y las ausencias, y a la paternidad; y que no cesa de hacerse una pregunta existencial: ¿quién es el dueño de nuestros días?
«El dilema moral es un dispositivo narrativo maravilloso. Creo que vivimos en tiempos donde la ética se ha vuelto, cómo decirlo, demasiado irrelevante, y por lo tanto, en definitiva, dar mi pequeña contribución para recordar cuánto la ética y cuánto las elecciones morales ayudan a mantener el mundo en marcha, me pareció algo que tenía su valor», cuenta Sorrentino en un encuentro con varios medios entre los que se encontraba EL TIEMPO.
El director italiano Paolo Sorrentino. Foto:Michael Avedon
Ganador del Óscar en 2013, a la mejor película internacional con ‘La gran belleza’, reveló que en sus comienzo estuvo muy influenciado por el cine de Antonioni y Fellini pero, sobre todo, del trabajo del polaco Krzysztof Kieślowski.
«Cuando era joven, me impresionó profundamente la trilogía de Kieślowski, que giraba completamente en torno a dilemas morales. Y en ese momento pensé que era la más intrigante de las tramas, mucho más que una historia de crímenes», dice Sorrentino.
‘La Grazia’ es protagonizada por un espectacular Toni Servillo, ganador de la Copa Volpi en el Festival de Venecia de 2025 al mejor actor; de su relación con él y de otros detalles del guion y la trama conversó Paolo con los medios asistentes a la mesa redonda virtual.
Usted ha hecho siete películas con Toni Servillo, es su álter ego. ¿Cómo fue esta vez?
Bueno, simplemente Tony Servillo y yo, desde hace muchos años, disfrutamos estando juntos, nos divertimos, nos llevamos bien, nunca discutimos. Creo que eso es suficiente para decidir hacer cosas juntos.
¿Qué diferencia encontró en el proceso de escritura de esta película y por qué le interesan tanto los políticos (ya hizo filmes sobre Berlusconi y Giulio Andreotti)?
No me interesan particularmente los políticos, me interesan los seres humanos; sí me interesa el poder y cómo se utiliza, por lo tanto, en el pasado, eso ha coincidido con que mis personajes principales fueran políticos. El proceso de escritura para esta película fue un poco diferente en comparación con mis otras películas, porque en mis otras películas partía de las personas, mientras que en este caso partí de los hechos, de las cosas que habían sucedido, y las personas vinieron después, por lo tanto, el enfoque narrativo fue algo diferente.
Exactamente ‘La Grazia’ retrata la figura de poder, pero la historia del ascenso y caída de un presidente, sino de uno que está dejando el cargo, que quiere irse y no aferrarse al poder. Háblenos de ese aspecto particular del personaje.
Sí, quiere irse, quiere soltar, porque creo que todos nosotros, a medida que envejecemos, si tenemos un mínimo de lucidez, nos damos cuenta de que la mayor expresión de nuestro ser ya ha ocurrido, y cualquier cosa que pueda venir después es solo una copia desvanecida de lo que hemos sido, y por lo tanto, si uno es lúcido, uno necesita empezar a darse cuenta de que ha llegado el momento de soltar, y uno necesita encontrar diferentes motivaciones para su ser en el mundo.
¿Cómo fue el trabajo en la dirección de fotografía, que es muy distintiva y un poco diferente de sus películas anteriores?
Con el director de fotografía, Dario D’Antonio, reflejamos con la luz lo que sucedía dentro del personaje. Así que hubo luces muy contrastadas cuando el personaje debía elegir entre una cosa y otra. Y luego optamos por un estilo fotográfico que no diera demasiada importancia a los palacios, a la grandeza, a la majestad de los lugares que representaban el poder, porque en esta película queríamos mantenernos más cerca de los propios personajes, en sus pensamientos.
‘La Grazia’ ya se encuentra en los cines del país. Foto:Andrea Pirrello
La música es muy importante en sus películas y en ‘La Grazia’ se sientela transición del ritmo, de unos más fuertes a música clásica, suave y melancólica. ¿Podría hablarnos de esas elecciones?
Me cuesta mucho responder a esta pregunta porque en mis películas la elección de la música es muy instintiva. Escucho música durante todo el día y de repente decido que alguna pieza funcionaría. Y creo que una pieza en particular funcionará para una escena específica en contraposición a otra escena, pero no tengo un razonamiento profundo detrás de eso. Las elecciones están básicamente dictadas por lo que me gusta, y por mi idea de que un tipo específico de música puede aportar fuerza a una escena en particular.
SOFÍA GÓMEZ- REDACCIÓN CULTURA
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