Colombia está pagando caro por financiarse, y el mercado lo está aprovechando. En las más recientes subastas de deuda esta semana, el Gobierno colocó 1,5 billones en TES con tasas que llegaron hasta 13,8 por ciento, además de otros 900.000 millones en títulos de corto plazo al 13,3 por ciento, niveles que hace pocos años habrían sido excepcionales.
Ese doble efecto —apetito financiero en el corto plazo, presión fiscal en el mediano— está redefiniendo el debate sobre la deuda pública. Porque Colombia no solo se está endeudando más, sino que lo está haciendo a un costo cada vez mayor, en un contexto donde los ingresos siguen sin cerrar la brecha frente al gasto, advierten los analistas.
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La discusión dejó de ser simplemente cuánto debe el país a preguntar cuánto cuesta esa deuda, quién la financia y qué tan sostenible será en los próximos años.
Los datos del Banco de la República confirman la magnitud del desafío. Al cierre de 2025, la deuda externa alcanzó los 246.801 millones de dólares, equivalentes al 53,8 por ciento del producto interno bruto (PIB), con un aumento anual de 25.848 millones. De ese total, el 61,9 por ciento corresponde al sector público, lo que refleja el peso del Gobierno en la dinámica de endeudamiento.
Más allá del tamaño, el problema es el costo. Aunque la tasa promedio de nueva deuda externa pública se ubicó en 6,1 por ciento en 2025 , el financiamiento interno —clave para cubrir las necesidades fiscales— se está realizando a tasas significativamente más altas, lo que incrementa la carga futura de intereses.
Ese impacto ya se siente en las cuentas públicas. El servicio de la deuda externa del sector público ascendió a 19.505 millones de dólares en 2025, con una proporción relevante destinada a intereses . Y todo apunta a que esa presión seguirá aumentando.
Mayor costo futuro
Desde el Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana, la advertencia es que: el país enfrenta un “desbalance persistente entre ingresos y gastos que no ha sido corregido”, lo que obliga a financiar déficits crecientes en condiciones cada vez más exigentes.
Las cifras lo respaldan. Con ingresos del 16,3 por ciento del PIB frente a un gasto de 22,7 por ciento, el déficit primario se ubicó en -3,5 por ciento del PIB. Para 2027, el crecimiento del presupuesto estaría explicado casi en su totalidad por el servicio de la deuda, que aumentaría en 43 billones de pesos, desplazando otros rubros como la inversión.
“El aumento del gasto no refleja una expansión fiscal, sino una presión derivada del mayor costo del endeudamiento”, advierte el Observatorio.
La Contraloría General de la Nación también elevó el tono de alerta. Según sus estimaciones, el servicio de la deuda pasaría de 100,4 billones de pesos en 2026 a 149,9 billones en 2027, un aumento del 49,3 por ciento.
“Las condiciones de mercado… determinaron tasas de interés más altas que tendrán un impacto en el servicio de la deuda en vigencias posteriores”, señaló la entidad, advirtiendo sobre una mayor rigidez del presupuesto.
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La otra cara
Sin embargo, el comportamiento del mercado cuenta otra parte de la historia. Un informe del Banco de Bogotá destaca que, en abril de 2026, la deuda pública colombiana ha mostrado valorizaciones relevantes, impulsadas por factores como los altos precios del petróleo, la política monetaria y una mejora en la percepción de riesgo país.
“Los TES regresan a niveles más acorde con los fundamentales del país”, señala el reporte, reflejando un renovado interés de los inversionistas.
Bancolombia, por su parte, ofrece una lectura más cauta. En su informe mensual, advierte que la curva de TES ha enfrentado presiones importantes, especialmente en los tramos corto y medio, con aumentos de tasas de hasta 95 puntos básicos en el corto plazo .
Germán Ávila, ministro de Hacienda. Foto:Ministerio de Hacienda
Detrás de este comportamiento hay varios factores, entre los que se cuentan mayores necesidades de financiamiento del Gobierno, incertidumbre política y decisiones económicas recientes que han elevado la percepción de riesgo.
“El aumento en la oferta de TES asociado a las mayores necesidades de financiamiento del Gobierno” ha sido determinante en este proceso, señala el informe . En línea con esto, el saldo de TES en circulación alcanzó 750,9 billones de pesos, con un crecimiento anual de 20,8 por ciento.
Desde el frente fiscal, el diagnóstico tampoco es tranquilizador. Aunque el déficit total se redujo a -6,4 por ciento del PIB en 2025, el déficit primario se deterioró y la deuda bruta aumentó a 64,4 por ciento del PIB, lo que evidencia desequilibrios estructurales persistentes.
Además, Bancolombia advierte que la prima de riesgo soberano se mantiene elevada frente a sus pares regionales, reflejando preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal y la incertidumbre política.
En este contexto, el mercado parece moverse en una delgada línea, coinciden los analistas. Las altas tasas siguen atrayendo capital y sosteniendo la demanda por deuda colombiana, pero al mismo tiempo incrementan el costo del financiamiento y amplifican los riesgos fiscales.
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Ese equilibrio, advierten, difícilmente se sostendrá sin ajustes de fondo. Por eso, el verdadero desafío para Colombia no está en lograr buenas subastas ni en mantener el apetito de los inversionistas en el corto plazo. Está en evitar que ese mismo éxito termine encareciendo tanto la deuda que termine asfixiando el presupuesto.
















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