La decisión de cobrar hasta 150 dólares por el transporte público de ida y vuelta a los partidos del Mundial entre Nueva York y Nueva Jersey desató una fuerte polémica a poco más de dos meses del inicio del torneo, que tendrá en el MetLife Stadium uno de sus principales escenarios, incluida la final del 19 de julio.
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El anuncio implica un aumento de más de diez veces respecto de la tarifa habitual, que rondaba entre 11 y 15 dólares para ese mismo trayecto, que es lo que se paga actualmente.
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Incluso el costo de los buses, que asciende a unos 80 dólares, representa un salto significativo para los aficionados que planean asistir a los encuentros.
En un evento en el que las entradas pueden alcanzar miles de dólares, especialmente en el mercado de reventa, el transporte se suma ahora como otro factor que encarece la experiencia.
Choque entre la FIFA y las autoridades locales por los costos
Como se esperaba, la FIFA reaccionó con dureza a los incrementos. Heimo Schirgi, director de operaciones del Mundial 2026, advirtió que el alza podría afectar la asistencia.
Mikie Sherrill, gobernadora de Nueva Jersey. Foto:Instagram: @mikiesherrill
“El modelo actual de precios de NJ Transit tendrá un efecto escalofriante. Las tarifas elevadas inevitablemente empujan a los aficionados hacia opciones alternativas de transporte”, señaló en un comunicado.
Schirgi añadió que esto no solo podría generar congestión y retrasos, sino también “efectos en cadena que terminan reduciendo el beneficio económico y el legado duradero que toda la región espera obtener al albergar la Copa del Mundo”.
Pero las autoridades locales defienden la medida y argumentan que responde a una realidad operativa y financiera distinta.
Kris Kolluri, director ejecutivo de NJ Transit, explicó que el aumento obedece a varios factores, entre ellos el volumen extraordinario de pasajeros que se prevé durante el torneo, el cierre de estacionamientos públicos alrededor del estadio y, sobre todo, los costos asociados a los requisitos de seguridad exigidos para un evento de esta magnitud.
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Es justamente ese punto el que ha tensado la relación con la FIFA. La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, ha sido directa al señalar que el estado no está dispuesto a asumir la factura por sí solo. Según dijo, NJ Transit quedó “encartado con una cuenta de 48 millones de dólares” para garantizar la seguridad de los aficionados durante el Mundial.
“No voy a cargarles ese costo a los usuarios del transporte público de Nueva Jersey por años. La FIFA debería pagar por estos traslados”, afirmó Sherrill.
El argumento se centra en la magnitud de los ingresos que generará el torneo. La gobernadora contrastó ese costo con los cerca de 11.000 millones de dólares que, según estimaciones, generará la Copa del Mundo.
Desde su perspectiva, es razonable que una parte de esos recursos se destine a cubrir los gastos adicionales en las ciudades anfitrionas.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y Donald Trump, mandatario de EE. UU. Foto: EFE
La FIFA dice que no es una entidad con fines de lucro
La FIFA, sin embargo, rechazó ese planteamiento. Schirgi recordó que la organización no es una entidad con fines de lucro y que los ingresos del Mundial se reinvierten en el desarrollo del fútbol a nivel global, especialmente en programas juveniles y femeninos.
También subrayó que otras ciudades sede en Estados Unidos optaron por mantener bajas las tarifas de transporte o no cambiarlas, como parte de su estrategia para maximizar el impacto económico del evento.
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El choque deja al descubierto una tensión de fondo sobre quién debe asumir los costos colaterales de un megaevento como el Mundial.
Mientras las autoridades locales buscan proteger sus finanzas y evitar trasladar la carga a los contribuyentes, la FIFA insiste en que los beneficios indirectos, como el turismo, la visibilidad internacional y la actividad económica, compensan dichas inversiones.
En medio quedan los aficionados, que ahora deberán decidir si asumen el costo adicional, buscan alternativas o, como advierten algunos, reconsideran su asistencia a los partidos.
SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington















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