A las pocas horas de publicar un video que pensó nadie vería, William Rico despertó con un banano convertido en protagonista de una historia que ya no le pertenecía solo a él. La pantalla del celular no paraba de vibrar. Diez millones de reproducciones en una noche y una cuenta recién creada con cero seguidores amanecía con 10.000. Y, sobre todo, miles de personas pidiendo una segunda parte.
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Las llamadas «fruti‑novelas” es hoy uno de los fenómenos digitales más grandes de 2026 en habla hispana. Detrás de ese delirio algorítmico no hay una agencia, ni un estudio audiovisual, ni una estrategia corporativa: lo que hay es un colombiano de 27 años, nacido en Sincelejo, estudiante de último semestre de Diseño Industrial de la Universidad Nacional, que decidió hacer “algo súper bizarro” para probar hasta dónde se podía estirar una historia en tiempos de inteligencia artificial.
Su nombre es William Andrés Rico Vélez. El proyecto se llama FrutyStory y lo que empezó como un ejercicio creativo anónimo terminó convirtiéndose en una comunidad de cientos de miles de personas pendientes, episodio a episodio, de lo que ocurre en ese universo poblado por frutas con conflictos humanos.
Una intuición, no un chiste
Los personajes de esta serie son frutas humanoides. Foto:Redes sociales
FrutyStory no nació como un meme. Nació, paradójicamente, de la academia. Mientras desarrollaba su trabajo de grado —un proyecto de diseño diegético sobre drones para la entrega de medicamentos a adultos mayores—, Rico necesitaba practicar continuidad narrativa y de escenarios.
Para eso comenzó a experimentar con creación de personajes usando inteligencia artificial. Ahí apareció la chispa:
“Fue una intuición, porque yo estaba haciendo dentro de mi trabajo de grado algo completamente diferente”, recuerda. “Pero yo dije: esto va a ser completamente anónimo, esto nadie lo va a ver. Voy a hacer algo súper bizarro, lo más bizarro que se me ocurra”.
Ese anonimato inicial fue clave. Liberado de expectativas, Rico decidió ir contra lo esperable. No buscó imitar personajes humanos ni caricaturas clásicas, sino explorar un límite que ya estaba circulando en redes: las frutas antropomorfas. Y cómo en todo éxito, surgió el primer problema.
El nacimiento de Banana Negra
Banana negra es uno de los personajes más icónicos. Foto:Redes sociales
Las herramientas de IA no resolvían lo esencial de un proyecto viral: identidad. Cada vez que le pedía a un generador crear “un banano antropomórfico”, el resultado se diluía en clichés. “Cuando le colocaba el traje dejaba de verse como un banano”, explica.
La solución fue artesana, a la vieja escuela: bocetar. Dibujar. Diseñar a mano. “Entonces yo cogí y empecé a bocetar y bocetear a Banana Negra… y eso se hizo icónico”, cuenta.
Banana Negra, con su pelo, su silueta inconfundible y su aura de galán oscuro, terminó convirtiéndose en el rostro más reconocible de FrutyStory. Un personaje que, sin proponérselo, dejó de ser fruta para convertirse en actor de una narrativa serial.
De Sincelejo a Cali, de la fantasía al diseño
William Rico, la persona detrás de las Frutinovelas. Foto:Redes sociales
La historia de William Rico antes de convertirse en el creador de uno de los fenómenos digitales más potentes de 2026, es un horizonte que estaba lejos de la animación, la narrativa seriada y la inteligencia artificial. Como muchos otros de su generación, creció fascinado por el imaginario del dinero y el éxito financiero.
“Yo crecí viendo El lobo de Wall Street y mi sueño era ser corredor de bolsa”, recuerda. Esa aspiración lo llevó a matricularse en Economía en la Universidad de Sucre, en Sincelejo. Sin embargo, el desencanto fue casi inmediato. “Cuando empecé Economía me di cuenta de que no tenía nada que ver con eso… no estábamos haciendo ‘match’”.
Rico cursó apenas dos semestres antes de asumir que ese no era su lugar. Lo que sí se quedó fue algo que más adelante resultaría clave: la formación analítica. El estudio de datos, tendencias y comportamientos —herramientas propias de la economía— reaparecerían años después aplicadas al diseño y, sin saberlo entonces, al entendimiento del algoritmo.
El giro definitivo ocurrió cuando decidió el diseño industrial como un campo para dar rienda suelta a su creatividad. Presentó pruebas, fue admitido en la Universidad Nacional de Colombia, en la sede de Palmira, y tomó una decisión radical: dejar Sincelejo y migrar solo al suroccidente del país.
William Rico es de Sincelejo, pero por sus estudios vive en Cali. Foto:Redes sociales
No tenía ni familiares en la región. Llegó, como tantos estudiantes foráneos, después de buscar una habitación por internet y empezar desde cero. Con el tiempo, Palmira se convirtió en el espacio académico y Cali en su nuevo hogar. “Siempre he dicho que los caleños son los costeños del interior”, dice entre risas. “Para un costeño, este es el lugar más cómodo para vivir en Colombia que no sea la costa, obviamente”.
En Cali, Rico encontró una cultura con códigos cercanos, una escena creativa viva y un entorno que, sin saberlo, terminaría siendo el caldo de cultivo de FrutyStory.
Un análisis para no generar rechazo
Elenco principal de la serie. Foto:Redes sociales
William Rico no partía completamente desde cero para crear esto. El joven sincelejano, durante su análisis de tendencias, había detectado proyectos anglosajones como Fruit Island, parodias de realities que ya exploraban este tipo de personajes. Sin embargo, muchos de ellos chocaban con el mismo problema: el exceso de realismo.
“Ese estilo rozaba el valle de lo inquietante”, explica. “Yo lo que hice fue crear un estilo más tipo Pixar, un modelado más suave para que no generara esa inquietud”.
Esa decisión era más narrativa que visual, ya que el objetivo no era impresionar por la tecnología, sino permitir que la audiencia olvidara rápido que estaba viendo frutas generadas por IA, nos cuenta Rico. Y vaya que funcionó.
El primer episodio explotó de manera casi inexplicable. Rico lo publicó en una cuenta nueva, sin historia, sin comunidad previa. A la mañana siguiente, la cifra era difícil de creer.
“El primer video la primera noche llegó a 10 millones”, dice. “Yo lo publiqué en una cuenta desde cero; a la mañana siguiente ya tenía 10.000 seguidores”.
Desde entonces, el crecimiento ha sido sostenido y transversal: más de 325.000 seguidores en Instagram, 160.000 en Facebook y 70.000 en TikTok que le generan cerca de 150 millones de visitas en conjunto. Una locura viral sin contar las visualizaciones de las cuentas que lo plagian y replican.
Una comunidad digital sin precedentes
La trama de la serie tiene influencia de las telenovelas mexicanas y turcas. Foto:Redes sociales
“Más allá de las cifras, lo que me impactó fueron los comentarios”, afirma. “Tengo más de 200.000 personas con las notificaciones activadas esperando el siguiente capítulo. Eso ya no es solo alcance, es comunidad”.
Esa comunidad, nos cuenta William, no solo consume, sino que participa, corrige, debate y defiende su trabajo.
“Cuando comenzaron a aparecer cuentas que resubían los capítulos sin crédito, fueron los mismos seguidores quienes reaccionaron. “Las mismas personas comenzaron a dar voz al origen”, recuerda Rico. “‘Debes verte la serie, no comentes sin saber’, le decían a otros”.
Es que el crecimiento también trajo conflictos. Algunas páginas copiaron los episodios, crecieron en seguidores y empezaron a pautar con marcas. Una incluso habría suplantado la identidad del creador.
“Había una página que se estaba haciendo pasar por mí”, relata. “Comenzó a pautar con marcas y hasta con el Bienestar Familiar”.
Fue entonces cuando Rico decidió formalizar y proceder con el registro legal. Guiones, personajes y conceptos fueron inscritos ante el Consejo Nacional de Propiedad Intelectual, lo que le permitió exigir la bajada del contenido no autorizado.
Escribe todos los capítulos… solo
Las animaciones están hechas con IA. Foto:Redes sociales
Aunque FrutyStory se apoya en múltiples herramientas de IA, hay un elemento innegociable: el guión. Rico no lo delega.
“El guion lo tengo que escribir yo”, dice sin rodeos. “Soy muy detallado con las expresiones, la forma en cómo dicen las cosas, los gestos… sól yo sé bajar lo que tengo en la cabeza a la realidad”.
Reconoce que ese control tiene un costo y nos detalla que producir un episodio de apenas cuatro minutos le exige entre 9 y 12 horas diarias de trabajo. Sin embargo, en plena explosión mediática y mientras termina su carrera universitaria, él lo sigue haciendo.
“Hacer esto día a día me consume toda la vida y yo tengo otras cosas que hacer”, admite. “Yo ni me concentraba trabajar con marcas o pautas, ahí fue donde me tocaron el hombro y me dijeron que hay que ser organizados, tener una persona que sea community manager, una persona que revise los correos, otra persona en la página web y apenas es que me estoy abriendo a delegar eso”. precisó.
El futuro: temporadas y televisión
FrutyStory cerró recientemente su primera temporada. No por falta de ideas, sino por la necesidad de ordenar el proyecto y conformar un equipo que permita sostener la producción. Rico tiene claro hacia dónde apunta.
“Mi sueño es ser showrunner, entrar al mundo de la televisión y el entretenimiento”, dice. “Mi formación en diseño me ha servido para desarrollar este producto digital”.
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Mientras tanto, nos confesó que ya hay plataformas, marcas y productoras que empiezan a tocar la puerta y seducir a quien es el creador más comentado, replicado y debatido en las redes hispanas de 2026: el que nació en Colombia, que se apellida Rico y, aunque muchos no se lo esperaran, es un ‘pelao de Sincelejo’.
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Manlio Beltrán nació en la vereda de Subia, Cundinamarca. Foto:
















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