En el marco de la primera conferencia para la transición más allá de los combustibles fósiles que reúne en Santa Marta a gobiernos de más de 50 países, se celebró un panel en el que se abordó el papel del agro y la reforma agraria para enfrentar la crisis alimentaria y climática a nivel global.
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Martha Carvajalino, ministra de Agricultura. Foto:John Pérez @johnperez.23 / EL TIEMPO
En su intervención, la ministra de Agricultura, Martha Carvajalino, aseguró que la crisis climática no es un tema de individualidades y que, mientras se debate de quién es la responsabilidad, el problema se sigue agudizando.
“No podemos darnos el lujo de no pensar en las generaciones futuras. Se trata de una discusión de país en donde el modelo de producción debe cambiar si queremos una transición justa que irrigue sobre todos”, manifestó.
De igual manera, la ministra de la cartera agropecuaria dijo que la tenencia de la tierra está altamente concentrada, lo que representa una relación estrecha con los modelos extractivos y procesos de despojo, acaparamiento y desigualdad del país. “Si no resolvemos estas cuestiones difícilmente lograremos una justicia agraria y energética”, señaló.
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Por último, la funcionaria opinó que el acceso a la energía limpia debe ser un derecho del pueblo, fundamentalmente de quienes trabajan en la tierra, y que los modelos de producción deben cambiar.
“Suele pasar que los intereses corporativos que tienen recursos para hacer grandes campañas sobre el desarrollo ambiental a veces ciegan la discusión colectiva que al final es cómo queremos alimentar a este país”, dijo.
Irene Vélez, ministra (e) de Ambiente. Foto:Laura Dussán. El Tiempo
Entre tanto, la ministra de Medio Ambiente, Irene Vélez, aseguró que es falsa la idea de que hay una competencia entre la producción de alimentos y la transición energética. “Quieren detener la transición que decididamente este Gobierno ha impulsado no solo por el bien ambiental del planeta sino por la seguridad económica que logramos al generar menor dependencia frente a la exportación de carbón y de petróleo”, comentó.
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Además, señaló que durante décadas la agricultura quedó atada a los combustibles fósiles, lo que debilitó la soberanía alimentaria. “Nos hicieron dependientes de los hidrocarburos, incluso en lo que comemos y en lo que cultivamos”.
Agro colombiano. Foto:Guillermo Herrara
Por su parte, Eloísa Bernal, profesora de la Universidad del Norte, agregó que hay conexiones económicas entre los mismos actores (agricultura y ambiente) que controlan a la tierra, al agua y se desarrollaron conjuntamente para seguir ampliando la producción de combustibles fósiles.
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“No es que cada uno contribuya al daño climático; hay una relación. Por eso es tan importante pensar en la colaboración entre diferentes ministerios y áreas de política, porque las soluciones tienen que ser conjuntas e intersectoriales”, sostuvo.
















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