El vuelo del lunes pasado para estos tres boyacenses, al igual que para otros 66 uniformados, fue el último de sus vidas. Los tres nacieron en Boyacá; al parecer no se conocían, pero tenían dos cosas en común: el amor por la milicia y su cuna, la llamada Tierra de la Libertad.
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La mayor Natalia Rojas Velandia, la única mujer fallecida en el accidente del avión Hércules, pertenecía a una familia de Panqueba, municipio ubicado en el norte del departamento de Boyacá, a un poco más de seis horas de Tunja, localidad a la que, a pesar del trabajo y de estar radicados en Bogotá, regresaban periódicamente en familia a visitar y a recordar viejos tiempos.
La mayor Natalia Rojas fue la única mujer fallecida en el accidente aéreo de Puerto Leguízamo. Foto:Alcaldía de Panqueba
Llevaba su amor por la milicia y por los aviones en la sangre. Junto a Sandra Liliana, su hermana mayor, creció viendo los uniformes de la Fuerza Aérea y escuchando hablar de aviones y pilotos en su casa: su padre era suboficial de esa institución, en la que durante 25 años trabajó hasta que salió pensionado.
Prácticamente, las dos hijas del suboficial técnico Luis Jesús Rojas y doña Yolanda Velandia conocieron la cabina de un avión en el aeropuerto de Catam, donde laboraba su padre, antes que las muñecas. Sandra Liliana escogió el derecho, pero Natalia se enamoró del oficio de su padre y, tan pronto terminó el bachillerato, a pesar de que apenas tenía 16 años, ingresó a estudiar a la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), luego de cumplir los requisitos de la convocatoria para oficial de esta institución.
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Así, Natalia Rojas Velandia había dedicado 19 de sus 38 años de vida a vestir el uniforme, ostentando en la actualidad el grado de mayor y ya tenía a la vista el grado de teniente coronel, para el que se venía formando y haciendo méritos. Era casada con otro mayor de la Fuerza Aeroespacial, tenían una hija de 10 años y se desempeñaba como subdirectora de Estandarización e Ingeniería de Operaciones de Combate.
“Alcanzó a pilotear un avión Kfir; sin embargo, a ella le gustaban eran las aeronaves grandes; irónicamente ‘se fue al cielo’ sin cumplir su sueño de pilotear un Airbus C-295, la principal aeronave de transporte táctico versátil para carga, tropas, evacuación médica y apoyo en emergencias que tiene la Fuerza Aérea en nuestro país”, dijo a EL TIEMPO su primo Nelson Rojas.
Ella fue la única mujer fallecida en el accidente aéreo de Puerto Leguízamo, Putumayo. Foto:Fuerza Aeroespacial
El día del accidente del C-130 Hércules, identificado con la matrícula FAC1016, la boyacense hacía parte de los once integrantes de la tripulación, como oficial del cuerpo de vuelo, navegante de la aeronave.
Su cadáver finalmente terminó siendo identificado este jueves por un completo equipo dispuesto por Medicina Legal, como parte de las primeras 37 víctimas que llegaron a Bogotá procedentes de Puerto Leguízamo (Putumayo), y la tarde de este viernes les fue entregado a sus familiares, que a su vez lo dejaron a disposición de la funeraria.
La mayor Natalia Rojas fue la única mujer fallecida en el accidente aéreo en Putumayo. Foto:Ministerio de Defensa
A partir de las 9:00 de la mañana de este sábado se abrirán las puertas a la velación y el funeral tendrá lugar este domingo 29 de marzo a las 10:00 de la mañana en el Centro Religioso de la Policía en Bogotá, con posterior traslado al cementerio Jardines de Paz, en el norte de la capital del país.
Otros boyacenses fallecieron en accidente
Fabián Andrés Moreno Rodríguez había nacido en Sogamoso, completaba ocho años como soldado profesional y lo estaban esperando para la tradicional reunión de celebración de su cumpleaños el 30 de marzo, pero terminó llegando este viernes en un ataúd para su sepelio, que tendrá lugar este sábado 28 a partir de la 1:00 de la tarde en el Cementerio Central.
Había nacido hace 27 años en Sogamoso; era el mayor de los hijos de don Diego Moreno y de la señora Isabel Rodríguez, originarios de la vereda El Pedregal y del barrio Olaya Herrera.
Son tres los boyacenses fallecidos en el accidente aéreo de Puerto Leguízamo, Putumayo. Foto:Redes sociales
Alternó sus estudios en el colegio de la vereda La Independencia, de donde es su familia, en Sogamoso, con las labores del campo: madrugaba a ayudar a sacar el ganado antes de irse para el colegio y regresaba a seguir bregando, ayudándoles a sus padres con los animales, con las vacas y las ovejas, con las gallinas y los cultivos.
Pero había algo que le gustaba mucho más que el campo: el Ejército, y por eso, tan pronto terminó su bachillerato, se fue a prestar servicio y de ahí a seguir como soldado profesional, sueño que cumplió finalmente hace ocho años.
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Su cadáver permanece desde la noche de este viernes en la Funeraria Luz y Paz de Sogamoso, de donde saldrá directo al Cementerio Central a la 1:00 de la tarde este sábado, en medio de un ritual cristiano, religión a la que pertenecía.
Brayan Espejo Díaz fue el otro militar boyacense que falleció en el accidente en el departamento de Putumayo, a más de mil kilómetros de su natal Moniquirá, y que tendrá su sepelio la tarde de este sábado en esa localidad boyacense ubicada a una hora y media de Tunja.
Accidente aéreo de Puerto Leguízamo, Putumayo. Foto:Archivo particular
Completaba dos años como soldado profesional y se fue sin lograr su sueño de comprarles una buena casita a sus viejos, dos campesinos padres de seis hijos (él era el menor), que, según el testimonio de Andrés, uno de sus hermanos, viven cerca de la cancha La Maracaná, en una rancha en la que les permite arrimarse un señor de Moniquirá.
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Prestó servicio y siguió la carrera como soldado profesional. Lo estaban esperando de permiso, pero llegará la madrugada de este sábado en un féretro para darle su último adiós.
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Yecid Medina
Tunja, Boyacá
Especial para EL TIEMPO
















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