Las restricciones de viaje en Colombia no son nuevas. El país ha sido, históricamente, un destino frente al cual distintos gobiernos —en especial los de las potencias— emiten advertencias a sus ciudadanos por razones de seguridad.
El pasado 31 de marzo, Estados Unidos emitió una nueva alerta en la que recomienda a sus ciudadanos no viajar a Arauca, Cauca (excepto Popayán), Valle del Cauca (excepto Cali) y Norte de Santander, cuatro de los principales focos del conflicto armado.
“El crimen organizado es común en muchas zonas de Colombia, incluyendo homicidios, agresiones y robos. Otros delitos, como el uso de sustancias para drogar a las víctimas, la extorsión, el secuestro y los allanamientos armados —incluidos en hoteles y otros lugares donde se hospedan turistas— también ocurren con frecuencia en algunas regiones”, se lee en la advertencia.
Además, recomiendan que, si una persona es blanco de estos delincuentes, no oponga resistencia. Y advierten que los “delitos contra turistas no siempre son judicializados, lo que puede generar frustración en las víctimas”, avisa el Departamento de Estado.
Esta advertencia se suma a las emitidas por el gobierno estadounidense en los últimos cincuenta años.
La guerra contra el narcotráfico y el conflicto armado —en su momento con las extintas Farc, y hoy con las disidencias, el Eln y el ‘clan del Golfo’— han sido las principales razones en las que Estados Unidos ha sustentado estos travel advisory, ante el riesgo de atentados o enfrentamientos que comprometen la seguridad de sus connacionales.
En menor medida, también se han incluido factores climáticos, meteorológicos e incluso de salud pública, como enfermedades endémicas o de transmisión por mosquitos.
Si se retrocede en el tiempo, las alertas han sido una constante, aunque con matices según el momento del país: desde la inseguridad urbana, como los robos a turistas en Cartagena —advertidos, por ejemplo, en una publicación de diciembre de 2021—, hasta atentados terroristas y otras formas de violencia.
En 1999, Estados Unidos llegó incluso a vetar completamente a Colombia como destino turístico. Ese año estuvo marcado por hechos como el secuestro del avión de Avianca y el aumento de la retención ilegal de extranjeros con fines extorsivos por parte de las Farc y el ELN. La imagen internacional del país lo ubicaba entonces como uno de los lugares con mayor riesgo de secuestro en el mundo, y las cifras así lo reflejaban.
Otros gobiernos tampoco fueron ajenos a este fenómeno. La Unión Europea clasificó en varias ocasiones a Colombia entre los países más peligrosos para los turistas. A finales de los noventa, por ejemplo, la cancillería francesa advirtió que en el país “se registra la tasa de criminalidad más elevada del mundo y que los peligros provienen de la delincuencia común, la guerrilla, los paramilitares y el narcotráfico”.
Sara Valentina Quevedo Delgado
Redacción Justicia
















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