En un entorno donde los créditos están disponibles de forma inmediata y a través de canales digitales, cada vez más personas recurren a ellos como una salida rápida. Sin embargo, expertos en finanzas personales advierten que esta práctica está cambiando el papel del crédito en la economía doméstica.
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De acuerdo con la plataforma Bravo, especializada en liquidación de deudas y educación financiera, el préstamo no debería ser una herramienta de emergencia, sino un mecanismo para impulsar proyectos o mejorar la situación económica.
Cuidado con el crédito
Los datos muestran un perfil de endeudamiento que refleja esa tendencia. Según la firma, adultos solteros entre los 31 y 40 años concentran una deuda promedio de 27 millones de pesos, distribuida en cinco entidades financieras. En estos casos, los usuarios destinan hasta el 60 % de sus ingresos mensuales al pago de obligaciones, lo que reduce su capacidad de ahorro y limita sus decisiones financieras futuras.
“El crédito es como el oxígeno en una expedición: si lo buscas desesperadamente solo cuando te estás asfixiando, lo más probable es que ya sea tarde para llegar a la cima. El momento ideal para pedir un préstamo no ocurre cuando el bolsillo está vacío, sino cuando tu estructura financiera es lo suficientemente sólida para convertir esa deuda en un motor de crecimiento y no en un ancla de supervivencia que comprometa el 60 por ciento de su salario”, afirman los expertos de Bravo.
La “fluidez financiera” se alcanza cuando las obligaciones no generan presión. Foto:deudas
La regla 70/30 y el flujo de caja
Para los analistas, el momento de solicitar un crédito no depende de la oferta de los bancos, sino del estado financiero de cada persona. Uno de los principales indicadores es la capacidad de flujo libre, es decir, el dinero disponible después de cubrir necesidades básicas y compromisos existentes.
En ese contexto, la regla 70/30 se plantea como una referencia. Esta sugiere que el 70 por ciento de los ingresos debe destinarse a gastos esenciales, mientras que el 30 por ciento restante debe cubrir ahorro y pago de deudas. Cuando un nuevo crédito afecta ese equilibrio, la recomendación es aplazar la decisión.
Los expertos señalan que la “fluidez financiera” se alcanza cuando las obligaciones no generan presión sobre el presupuesto mensual. Si después de cubrir los gastos fijos y separar un porcentaje para el ahorro aún existe margen de maniobra, el crédito puede ser viable sin afectar la estabilidad económica.
En contraste, cuando una persona ya compromete una proporción alta de sus ingresos, como el 60 por ciento identificado en los datos de Bravo, la prioridad debería centrarse en reorganizar sus finanzas antes de asumir nuevas obligaciones.
Si sus ingresos superan más de la mitad de las deudas debería reorganizar sus finanzas. Foto:iStock
Tres preguntas antes de aceptar un crédito
Más allá de los indicadores financieros, los especialistas proponen un ejercicio práctico antes de tomar un préstamo. Se trata de responder tres preguntas que permiten evaluar el impacto real de la decisión.
La primera es: “¿Este crédito ‘trabaja’ para mí o yo trabajaré para el crédito?”. La diferencia radica en el destino de los recursos. Un préstamo destinado a educación o a un negocio puede generar ingresos o mejorar la capacidad de generación futura. En cambio, un crédito para consumo inmediato implica comprometer ingresos futuros sin retorno financiero.
La segunda pregunta es: “¿He ‘pagado’ esta cuota por adelantado?”. Según los expertos, una persona debería demostrar que puede ahorrar el valor de la cuota mensual antes de adquirir la deuda. Esto permite evaluar si el compromiso es sostenible en el tiempo. “El ahorro es el entrenamiento; el crédito es la competencia”, explican desde Bravo.
La tercera es: “¿Qué pasa si mañana no hay ingresos?”. Este punto se relaciona con la existencia de un fondo de emergencia. Tomar un crédito sin respaldo implica un riesgo mayor frente a imprevistos, como la pérdida de empleo o una reducción en los ingresos.
En ese sentido, los especialistas insisten en que la decisión de endeudarse no debe responder a la urgencia ni a la disponibilidad del producto financiero. Cuando una persona ya tiene comprometido un alto porcentaje de sus ingresos, el enfoque debe ser recuperar el equilibrio antes de asumir nuevas obligaciones. Solo en escenarios donde existe capacidad de pago, ahorro y estabilidad en el flujo de ingresos, el crédito puede cumplir su función dentro de las finanzas personales.
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