La mañana del viernes 24 de abril en Cali se convirtió en una de terror, miedo y zozobra, por cuenta de un nuevo atentado con explosivos al pie del Batallón Pichincha, donde funciona la Tercera Brigada del Ejército Nacional, en el sur de la capital del Valle del Cauca.
Según la información preliminar, desde un vehículo tipo bus escolar fueron lanzados cinco cilindros explosivos contra las instalaciones militares, que no alcanzaron a explotar; sin embargo, el automotor terminó incendiado.
Dos personas heridas, daños materiales y un panorama de incertidumbre fue lo que dejó este atentado terrorista, que volvió a evidenciar la vulnerabilidad de las instalaciones de la Fuerza Pública en Cali.
¿Soldado avisado…?
Según le relató a EL TIEMPO el reconocido abogado caleño, Elmer Montaña, el sábado 5 de septiembre, mientras caminaba por la zona del Batallón Pichincha, por la tradicional calle Quinta, observó una camioneta de carga que se detuvo al frente de las instalaciones militares por un tiempo prolongado.
“Me llamó la atención que ningún militar se acercó a reclamarle, porque el vehículo estaba en una zona prohibida para parar. Así que caminé hasta donde el conductor de la camioneta, con algo de susto, porque tranquilamente podrían abandonarla y salir en moto. Entonces le dije al que estaba en el vehículo: ‘¡Oiga, usted no puede estar estacionado acá, esto es zona prohibida!’. Y me respondió que estaba esperando a un amigo que estaba entrando una mercancía al batallón”, recuerda Montaña.
El atentado dejó una persona herida. Foto:Juan Pablo Rueda/ El Tiempo @juanfotosadn
Pese al reclamo del abogado, el vehículo seguía al pie de la instalación militar sin ningún llamado de atención. Así que decidió ir a la portería principal, donde se encontraba un militar con mayor rango, y le hizo el reclamo: “Hace rato hay una camioneta estacionada y ninguno de ustedes se le ha acercado a decirle o preguntarle si necesita algo. El militar, de mala gana, llamó a un soldado y le pidió que le dijera a otro y a su vez a otro, para que verificara. Al rato, un militar le habló al de la camioneta, y en efecto, se retiró, pero luego de un buen rato”.
Posteriormente de esta acción, decidió grabar un video recorriendo toda la zona, donde pudo constatar que casi no había presencia de uniformados.
Para el jurista, este hecho, que evidenció, tan solo a menos de un mes de ocurrido el atentado a la Base Aérea (21 de agosto), lo vulnerable y frágil de la seguridad en los establecimientos de la Fuerza Pública.
Buseta utilizada para el atentado en Cali. Foto:Archivo particular
Para el abogado es preocupante que a pesar de la cantidad de actos terroristas en la ciudad, aún no se haya aprendido la lección. También cuestionó las altas sumas de inversiones en seguridad y blindaje.
¿Un ataque anunciado?
Tal como se había publicado desde EL TIEMPO, en su edición del martes 21 de abril, Cali se estaba preparando para un atentado terrorista, tal como se había establecido en el reciente consejo de seguridad, en el que se determinaron medidas especiales, como refuerzo de capacidades de la Fuerza Pública y mayores controles en las entradas y salidas de la ciudad.
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Blindaje de los accesos a la ciudad
Según se determinó en el consejo de seguridad, el objetivo es evitar que se repliquen en Cali ataques similares a los ocurridos en municipios vecinos.
Para ello, se ha dispuesto una mayor presencia operativa tanto en los límites de la ciudad como en puntos críticos de alta afluencia.
“Analizamos la situación que se está viviendo en la región y tomamos la decisión de fortalecer la presencia para proteger a nuestra ciudad de cualquier eventualidad de un ataque”, explicó el mandatario local, subrayando que la medida busca anticiparse al accionar de grupos ilegales que han intensificado sus actividades en el suroccidente del país.
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Detalles de las denuncias. Foto:
















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