La noche del jueves abrió el telón, pero lo que propone la Bienal de Flamenco 2026 apenas comienza a desplegarse. Durante estos días, el Teatro Colsubsidio se convierte en un punto de encuentro donde la tradición dialoga con las búsquedas actuales. Más que una serie de conciertos, la bienal se vive como una experiencia: una invitación a sentir el flamenco desde su pulso más íntimo.
LEA TAMBIÉN
La programación, que se desarrolla entre el 23 y el 25 de abril, reúne a tres figuras clave del panorama actual: el cantaor Israel Fernández, el guitarrista Antonio Rey y la cantaora Marina Heredia. La propuesta, apoyada por la Embajada de España, busca acercar al público a un género declarado patrimonio cultural de la humanidad, no como una pieza de museo, sino como un arte vivo, en constante transformación.
Detrás de esa selección hay un proceso largo, casi silencioso. “Es un ejercicio curatorial que toma tiempo porque es de escuchar, revisar, conversar… casi un año de conversaciones”, explica Paulo Sánchez, gerente del Teatro Colsubsidio. La intención, dice, fue depurar una oferta amplia hasta lograr “tres espectáculos que permitan ver el panorama de la actualidad del flamenco”.
Esa síntesis se construye, según Sánchez, desde una premisa clara: mostrar la convivencia entre tradición y vanguardia. A diferencia de las ediciones anteriores —dedicadas a conmemorar figuras como Camarón de la Isla o Paco de Lucía—, esta tercera versión se abre a una lectura más amplia del género. “Quisimos la representación clara de la integración de la tradición y la vanguardia, cómo esos lenguajes no riñen sino que se compaginan con maestría”, señala.
En ese cruce se sitúa Israel Fernández, quien inauguró la bienal y a quien la crítica ha señalado como uno de los cantaores más importantes de la actualidad. Para Sánchez, su presencia tiene un valor simbólico: “Es de esas apariciones únicas, casi irrepetibles, en la música popular”. Su cante, agrega, permite que convivan quienes buscan la ortodoxia y quienes se interesan por nuevas sonoridades.
El recorrido continúa con Antonio Rey, uno de los guitarristas más reconocidos del flamenco contemporáneo. Su regreso a Bogotá, después de haber alcanzado mayor reconocimiento internacional —incluidos premios Grammy—, lo ubica, en palabras del gerente, en “ese podio de los más grandes”, junto a nombres que han marcado la historia reciente del instrumento.
Antonio Rey regresa a Bogotá como uno de los guitarristas más virtuosos del flamenco contemporáneo. Foto:Cortesía Colsubsidio.
El cierre, a cargo de Marina Heredia, propone otro tipo de encuentro. Su voz, atravesada por la tradición, también dialoga con otros lenguajes. “Es de las artistas que mejor sabe integrar otros géneros al flamenco sin perder su esencia”, afirma Sánchez. Esa capacidad de síntesis es, en buena medida, la que articula el relato de la bienal.
Para Heredia, sin embargo, el flamenco no es solo una forma musical, sino una manera de habitar el mundo. “No es solamente cantarlo, bailarlo o tocarlo: es un estilo de vida, una herencia que hay que defender y enriquecer”, dice. Su presentación en Bogotá recorrerá un abanico amplio de cantes, desde los más solemnes hasta los más festivos, en un intento por condensar la diversidad del género en un solo recital.
LEA TAMBIÉN

La artista, que ha visitado Colombia en varias ocasiones, reconoce en el público local una conexión particular. Lo describe como cercano, atento, capaz de involucrarse con lo que escucha. Más allá del idioma —que facilita la comprensión de letras profundas y antiguas—, identifica un punto de encuentro en la emoción: una música que, como el flamenco, nace de lo íntimo y se proyecta hacia lo universal.
Esa misma idea atraviesa la apuesta del Teatro Colsubsidio. Lejos de concebir la bienal como un evento para especialistas, la propuesta busca abrir el espectro. “No queremos un público segmentado ni etiquetado; queremos invitar a todo el mundo a dejarse seducir por lo que no conoce”, explica Sánchez. En un entorno donde el consumo cultural suele estar mediado por la masividad, la bienal plantea una alternativa: una experiencia que apela a la curiosidad.
El reto, admite, no es menor. El flamenco sigue siendo un género de circulación limitada en Colombia. Sin embargo, la respuesta del público ha sido, en sus palabras, reveladora: quienes asisten suelen salir transformados, con el deseo de volver, de profundizar, de seguir explorando.
Marina Heredia cierra la bienal con un repertorio que recorre la tradición del flamenco. Foto:Alvaro Yus Photography
Incluso la imagen de esta edición parece dialogar con esa intención. Una bailaora envuelta en luz, casi en llamas, sintetiza visualmente la energía del flamenco. “Queríamos que esa chispa que se desata en los tablados se viera reflejada en una figura luminosa, llena de fuego”, describe Sánchez. La ilustración, añade, condensa la multiplicidad de colores y emociones que atraviesan la programación.
Así, la bienal no solo presenta espectáculos de alto nivel, sino que se inscribe en un intercambio cultural más amplio entre Colombia y España. Un espacio donde el flamenco deja de ser ajeno y comienza a resonar como una experiencia compartida.
La apertura ya ocurrió, pero lo esencial aún está en curso. Durante estos días, el escenario seguirá siendo territorio de encuentro: entre artistas y público, entre memoria y presente, entre lo que se hereda y lo que se transforma. En ese cruce, quizá, el flamenco encuentre nuevas formas de arraigarse en la ciudad.
Ángela María Páez Rodríguez
Redacción Impreso
Redes sociales: @angelasintildes
















Deja una respuesta