Anatolii Doroshenko, investigador del Instituto para los Problemas de Seguridad de las Centrales Nucleares, recorre al menos una vez al mes los pasadizos subterráneos del reactor 4 de Chernóbil, en Ucrania, destruido tras la explosión del 26 de abril de 1986.
Su labor consiste en inspeccionar equipos, recolectar datos y monitorear el estado del combustible nuclear en un entorno altamente contaminado por radiación.
Un recorrido bajo el reactor destruido
A unos 10 metros de profundidad bajo el reactor 4 se extiende una red de salas y corredores que sobrevivieron al accidente nuclear. “Es como un gran laberinto bajo el reactor”, explicó Doroshenko a ‘BBC’. En ese espacio, cada superficie —paredes, aire, equipos y suelo— presenta contaminación radiactiva.
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El trabajo del investigador incluye revisar instrumentos, instalar medidores y tomar muestras en condiciones limitadas por el tiempo. En algunas áreas, la exposición obliga a permanecer menos de cuatro minutos, mientras que en otras no es posible detenerse debido a los niveles de radiación.
Imagen satelital de la planta nuclear de Chernóbil. Foto:AFP PHOTO / Satellite image ©2022 Maxar Technologies
Radiación, corio y zonas inaccesibles
El interior del reactor alberga aproximadamente 200 toneladas de combustible nuclear, según datos del Organismo Internacional de Energía Atómica.
Parte de este material se transformó en corio tras la explosión, una sustancia formada por la fusión del combustible con estructuras del reactor a temperaturas extremas.
Tiene el trabajo más peligroso del mundo. Foto:EFE/EPA/SERGEY DOLZHENKO
Estas formaciones, similares a lava solidificada, se han filtrado por las ruinas. Una de las más conocidas es la denominada “pata de elefante”, considerada altamente radiactiva. Gran parte del combustible permanece en zonas a las que el acceso humano es imposible debido al hormigón y a los niveles de radiación.
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Protocolos de seguridad y control constante
Para ingresar al área, los trabajadores utilizan múltiples capas de protección, incluyendo respiradores y trajes especiales. Al salir, deben pasar por controles de descontaminación, duchas obligatorias y mediciones para detectar partículas radiactivas en el cuerpo.
Doroshenko señaló que el control emocional es clave en estas condiciones: “El miedo te ayuda a mantener el control y seguir las indicaciones”. También advirtió que acostumbrarse al entorno puede incrementar el riesgo al reducir la percepción del peligro.
Doroshenko( persona a la izquierda) lleva 12 años trabajando en la planta nuclear de Chernóbil. Foto:Redes sociales.
El desafío de contener Chernóbil
El reactor está cubierto por un sarcófago y, a su vez, por el Nuevo Confinamiento Seguro, una estructura diseñada para aislar la radiación durante aproximadamente 100 años. Sin embargo, el monitoreo constante sigue siendo necesario para evitar procesos incontrolados en el combustible nuclear.
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“Si personas como nosotros dejamos de bajar ahí se iniciará un proceso incontrolado”, afirmó el investigador. Su labor forma parte de los esfuerzos para mantener la estabilidad del sitio y comprender la evolución del material radiactivo.
La recuperación del combustible nuclear podría tomar varias décadas. Mientras tanto, los equipos científicos continúan realizando mediciones indirectas para evaluar los riesgos, debido a la imposibilidad de acceder directamente al núcleo del reactor.
Doroshenko, quien lleva más de una década en este trabajo, aseguró que continuará con sus recorridos mientras sea necesario. También destacó la importancia de mantener la atención internacional sobre el sitio: “Chernóbil no debe ser olvidado”.
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*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Además, contó con la revisión de la periodista y una editora.
















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