La semana pasada se llevó a cabo en el Conservatorio Souza Lima, de la ciudad de Sao Paulo, el XIII Congreso Latinoamericano de Escuelas de Música CLAEM. Este encuentro es coordinado por una red de escuelas de música de varios países de Iberoamérica denominada ALAEMUS, que fue creada en el 2010 por los profesores Oscar Stagnaro del Perú, y por el pianista y docente brasileño Antonio Mario Cunha. Por Colombia participó la EMMAT y la Universidad de los Andes, entidad a la que represento en este encuentro.
Ustedes se preguntarán por el título, donde usé la palabra afinidad para referirme al ambiente que se respira en un encuentro de estas características. Conversaciones animadas con alumnos de Perú y Chile, experiencias de aprendizaje compartidas con profesores de México y Argentina, ensayos y conciertos con colegas de trayectorias enriquecedoras y encuentros con directivos españoles, brasileños y dominicanos que permiten entender la dinámica de la enseñanza actual de las músicas populares latinoamericanas en su diálogo con el mundo.
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Todas estas actividades siempre mediadas por una complicidad muy familiar. A medida que se camina por las salas de ensayo, se escuchan a través de sus puertas buenas versiones de samba, bossa nova, fusión y standars que alumnos y profesores preparan para los conciertos de los ensambles estudiantiles y profesorales que animan la jornada y proponen una temática de trabajo.
Son tantas las afinidades que compartimos en Iberoamérica, que a todos nos parece haber sido arrullados desde la cuna por joropos colombo-venezolanos, por un choro del Brasil, una chacarera argentina o una cumbia colombiana. Allí se entiende cómo se están expresando estos géneros nativos dentro de un contexto internacional, gracias al nivel y al empeño de alumnos y profesores participantes.
Brasil como anfitrión juega un papel de liderazgo en esta constante intención de proyectar las músicas latinoamericanas al mundo, porque lleva más de siete décadas posicionado en el panorama mundial gracias a su originalidad y a su capacidad de integrar sus ritmos nativos con el lenguaje global del jazz.
En el concierto central vimos a tres pianistas con tres elevadas perspectivas de la música brasileña, los hermanos Godoy, quienes demostraron con sus interpretaciones lo avanzada que está la música de ese país. Es un privilegio escuchar estas leyendas, compartir escenario con ellos y dialogar en Portuñol sobre nuestros anhelos e inquietudes mutuas. Así afinamos nuestras afinidades y las compartimos en nuestros países de origen.
ÓSCAR ACEVEDO
Crítico musical
acevemus@yahoo.com
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