La radio prende. Prende de todo: pasiones, historias, ideas, memorias, vidas. Patricia Rendón, mujer que hace y ama la radio, fundadora de Vokaribe Radio, me mandó este homenaje a la radio:
La radio es el medio más parecido a una mujer. Se reinventa cada vez que las condiciones lo exigen, con paciencia y constancia, guardando la memoria de sus raíces mientras se adapta al presente. Desde sus primeras transmisiones a comienzos del siglo XX la radio no ha dejado de transformarse sin perder su esencia: la voz que acompaña.
Tiene raíz profunda. Nació con transmisores rudimentarios y hoy habita las plataformas digitales. Puede ser comunitaria, comercial o pública; puede transmitir en AM o FM, por antena, por señal digital o en formato pódcast. Suena con pilas, con electricidad, con paneles solares o con dinamo. Vive en el teléfono móvil, en el bus, en el almacén popular, en una escuela rural o en un “pikó” de las esquinas salseras de Barranquilla. Puede ser una emisora ambulante instalada en una bicicleta o una cabina formal en una gran ciudad.
La radio habla desde el más íntimo de los sentidos: el oído. Basta cerrar los ojos para reaprender el don de la escucha. En tiempos de distracciones fugaces y sobreinformación visual, la radio nos recuerda que antes de hablar, es necesario escuchar. Su lenguaje es la voz, el silencio, la pausa y la respiración compartida.
Celebrar que exista y que suene la radio es celebrar la cercanía. Es reconocer la presencia de un otro que no vemos, pero sentimos. La radio no se detiene: cambia de forma, pero no se apaga; es atrevida, insistente, eternamente joven.
La radio es puente en momentos de crisis como guerras, desastres naturales o apagones tecnológicos. La radio es capaz de seguir cuando todo lo demás se cae o se desconecta. Ella está ahí, en la jugada, sosteniendo el hilo invisible que nos conecta capaz de llegar a comunidades donde otras tecnologías no alcanzan.
La radio en Colombia es tan diversa como sus territorios, tan plural como sus acentos, tan viva como su gente, tan divertida o aburrida como mande el cotidiano. Suena a país de caminos plurisonoros, metarítmicos como los mares que la rodean y las montañas que la atraviesan o los llanos y selvas que la abrazan. Suena a región. Suena a identidad.
No hay una radio que se parezca a otra. En Barranquilla no se escucha igual que en Medellín, ni la radio en Bogotá vibra como en la Costa Caribe o en el Pacífico. Cada lugar imprime su cadencia, su manera de decir, su ritmo y su memoria sonora. Cada región marca su propio pulso.
La radio es voz, es ritmo, es territorio cercano porque habla como la gente, respira el mismo aire, lleva el mismo acento, es un modo de encuentro.
La radio seguirá viva mientras exista alguien dispuesto a escuchar y alguien dispuesto a hablar.
¡La radio es eterna, cercana y siempre viva!
















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