La capacidad de recordar es la función que permite una relación congruente (lógica) entre el pasado y el futuro, y la consciencia del presente. Cuando esa conexión se rompe, surge una relación diferente con el tiempo y por ende con el entorno. Los hechos, las fechas, los datos, las personas empiezan a flotar en un nuevo orden –o desorden– que cambia la versión del antes y, por ende, del ahora. Desde la fisiología puede explicarse como un deterioro cognitivo, pero existe la necesidad de olvidar también, el ‘desmemoriar como un propósito’, en palabras de Juliana Muñoz Toro, autora de Los hilos perdidos: “Elegir que no cuento, creando unas versiones de mis historias”.
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En esta obra, Muñoz aborda muchos campos de la memoria y permite a todos jugar al tiempo, creando portales para los personajes, todos femeninos, que tienen que mirar hacia atrás para poder ver su futuro. Esta obra también es una apuesta por juntar todo su universo en el oficio de escribir: el bordado, la maternidad, la creación visual, sus herencias. EL TIEMPO conversó con ella.
En Los hilos perdidos, la memoria aparece fragmentada, borrosa, resistente. ¿Cuál fue la principal motivación para abordar este tema como eje central de la historia?
La historia está construida en tres bases. Primero surge el bordado como una metáfora de vida, como una manera de entender las historias personales, de comunicarnos. Tenía muchas ideas alrededor del bordado y llegué a pensar que el libro podría ser un libro ensayo sobre el tema, pero no quería repetir la fórmula del libro anterior, Retrato en el jardín. Ahí apareció el segundo eje, que es lo femenino, especialmente los lazos familiares, muy desde lo personal porque fue mi mamá la que me enseñó a coser y a bordar. Es allí donde surgen un espacio de aprendizaje, conversaciones sobre su historia, el pasado, mi abuela, el linaje, las raíces y otros lugares que yo no habité. Es ir al fondo de la familia. Pero sentía que el libro no se podía quedar solo en esa relación bonita e idílica. Tenía que poner algo más sobre la mesa con lo que todo pudiera conversar y sentí que era la memoria y la pérdida de la memoria. En el libro hablo mucho de la desmemoria, que para mí significa el olvidar a propósito.
La escritora aborda la memoria como eje narrativo en un entorno del cuidado y lo femenino. Foto:Andrea Moreno. El Tiempo
¿Qué papel juegan los sueños en la narrativa? ¿Son un camino hacia la memoria?
Los sueños del libro tienen de particular que son sueños que realmente soñé, es mi colección de sueños. Coincidían en la característica de que tenían que ver con lo textil, con la creación a partir de los hilos. Me parecía curioso que la mayoría de mis sueños fueran así. Algunos sueños me servían para seguir creando la historia. Me decía que a partir de esto podía jalar un hilo de lo onírico y trabajar en algo narrativo de la historia, podía profundizar algo a partir de un sueño de una manera poética o simbólica.
La desaparición de un ser querido, en el caso de esta historia, se convierte en otro trabajo de memoria. ¿Cómo narrar la ausencia sin caer en el olvido ni en la idealización?
Aquí es justo lo contrario. Sí, hay un duelo, una tristeza por el que no está, pero está la rabia del abandono de quien recibe la carga de una hermana ausente. En la historia hay que cuidar a la madre y se siente todo el tiempo la carga de quien no está presente. Esto abre la posibilidad de que exista una transformación de la protagonista, que necesita perdonar a la hermana o dejarla ir para estar en paz con esa ausencia. Es lo más duro. Ahí es donde aparece el bordado, como algo que nos ayuda a visualizar y a materializar algo que pasa muy adentro para no decirlo. Perdonarla por medio de un ritual de bordado, hacer algo que se sienta bello en medio de tanto dolor.
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¿Cree que una buena memoria, como una característica fisiológica, nos conecta con la funcionalidad social?
Totalmente. Es una mirada bien crítica, porque, en el caso de la madre, más allá de no estar lúcida, empieza a comportarse como una niña pequeña; entonces esto no aporta mucho al desarrollo social y ahí empieza este trato infantil hacia ella. La memoria, más allá de estar desapareciendo, se está concentrando en esos primeros años y es algo que he leído… la memoria más difícil de borrar es la de los primeros años. En la historia tenemos a esta madre que, en su cabeza, vuelve a ser una niña, y se invierte el rol de cuidado. Esto genera la pregunta de cómo se cuida sin adoptar un rol autoritario, entendiendo que esta persona tiene una edad, una experiencia y necesita dignidad y respeto.
La imagen de portada del libro también es creación de Juliana. Foto:Juliana muñoz toro.
Este es un libro profundamente femenino. ¿Cómo se plantea el cuidado y la herencia de las memorias desde el cuidado que ejercen las mujeres?
Totalmente. Generalizando y viviéndolo por experiencia propia. Son las mujeres las que suelen ser las guardianas de la memoria y de las historias familiares. La forma de transmitirlas suele darse con lenguajes distintos al escrito: la cocina, el bordado, el tejido. Entonces, contar historias a través de lo oral las hace más interesantes, porque entre un oído y otro se van agregando cosas y se vuelve una memoria inventada. Pienso en mi mamá, cuando ella me contaba sus historias de infancia, creo que el 50 % se lo inventó para ella, para darles un sentido a esos fragmentos, a esos retazos de historia. Me gusta citar a Irene Vallejo con el Infinito en un junco, que tiene una parte preciosa en la que imagina en el pasado a las mujeres en labores de hilo –bordando, cosiendo– y contándose historias, y cree que por eso, cuando hablamos, usamos tantas metáforas textiles: ‘el nudo de la historia’, ‘la trama’, ‘tejer una historia’, ‘seguir el hilo’, ‘perder el hilo’.
Ese tema, el cuidado, ¿es algo que le interesa especialmente en este momento?
No sé si ya en este momento. Creo que fue más un efecto que una causa porque cuando empecé a escribir y el cuidado apareció como tema entendí que para mi mamá, quien me ha cosido vestidos desde que era una niña, era su forma de decirme ‘te amo mucho’. Cuando la abuela le teje el primer saquito a un niño lo que quiere decir es: ‘te quiero mucho’, porque estaba haciendo algo con las manos. Ahí aparece de nuevo el cuidado, no solo es el amor. Es el mensaje de ‘mientras de mis manos está saliendo esa creación, todo el tiempo estoy pensando en ti; y cuando te pongas ese abrigo, quiero que sientas un abrazo mío’. Cuidar al otro no solo es atenderlo durante la enfermedad, cuidar al otro también es decirle ‘quiero estar presente contigo, aunque yo ya no esté’.
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En esta obra, ¿qué son los hilos? ¿Qué simbolizan?
Los hilos simbolizan los lazos de unión con otros. Es decir, esos puntos en común, esas historias en común que no solo son familiares sino que nos permiten hacer una vida juntos. Los hilos también son fragmentos de vida y de tiempo, por eso la portada del libro, con hilos que se están desprendiendo, pero que a la vez unen a las tres aves que simbolizan las tres mujeres del libro. En la vida, el tiempo se nos esfuma y empezamos a perder esos lazos, y a veces nos aferramos a esos hilos que se están rompiendo. Por fortuna, se pueden hilar más, por eso la palabra ‘hilo’ es tan fuerte, porque el hilo se rompe, se corta, pero también vuelve y se hila, se cose, se remienda. Es lindo porque es de ida y vuelta, muere y nace.
En Los hilos perdidos, Muñoz aborda muchos campos de la memoria. Foto:Andrea Moreno. El Tiempo
¿Es posible separar su escritura del bordado? ¿Cómo se entrelazan estos dos lenguajes?
Tiene que ser posible porque no puedo ser tan repetitiva, pero creo que también por eso era importante escribir esta novela, porque en obras anteriores aparecía por ahí, como una metáfora del lenguaje, pero en Los hilos perdidos es cuando decido ponerlo completamente sobre la mesa. No espero necesariamente seguir evocándolo, aunque supongo que va a estar ahí porque el textil es en todas partes el hilo. También me interesa mucho explorar propuestas visuales como las de la portada o, si hago libros para niños, que exista la posibilidad de ilustrarlos yo misma con hilo. Aparte del significado profundo que le quiera dar, el hilo es una técnica ilustrativa. Supongo que es posible desligarlo, pero creo que no necesariamente tengo que desligarlo para mostrar cosas diferentes, avanzar y seguir reinventando.
La palabra ‘hilo’ es tan fuerte, porque el hilo se rompe, se corta, pero también vuelve y se hila, se remienda. Es lindo porque es de ida y vuelta, muere y nace
Juliana Muñoz ToroEscritora
Sus bordados tal vez resulten ser el intento de dibujar sus palabras…
Sí, total. Cuando escribo, primero pienso en una imagen, en una escena, como una película. Me encanta el cine y algo que me ayuda a escribir, a desbloquearme, es visualizarlo, porque no quiero caer solo en el campo de la reflexión y las ideas, sino poder transmitir con palabras una imagen que está en mi mente. Pero luego es chévere que el círculo continúe y entonces hay algo plasmado en un texto, pero ahora lo saco del papel y lo transformó en una cosa distinta a lo que fue la imagen de origen, en una cosa que puede ser más expresiva o más abstracta, y que me da una información diferente a la fuente de creación del libro. Yo creo que por eso el bordado para mí es casi como adictivo, porque quiero conocer qué es lo que va a salir ahora, y me sorprende cada vez que va a salir. Soy sumamente impaciente y bordo rapidísimo una idea porque quiero ver ya qué es lo que me quiere mostrar esa imagen.
¿Qué más le ha traído el bordado, además de una forma de narrar?
Muchas cosas… la verdad es que ha sido un encuentro maravilloso. Me ha traído una forma diferente de relacionarme con mi madre. Aunque Los hilos perdidos no es autobiográfico, sí expongo allí algo muy personal, que es una relación linda con mi madre y cómo se crea con ella este lenguaje. En la vida real, en mi vida, me trajo una forma distinta y muy cercana de relacionarme con mi mamá. Lo otro es yo como madre también, pues una de las múltiples formas que tengo de mostrarle cariño a mi hijo es haciéndole cosas. Me la paso haciendo bordados y muñequitos a mano, que él valora porque son gentiles, son suavecitos, los hago sonriendo, con colores y con sus animales favoritos. Son hechos a su medida, y él lo percibe. También trajo el hecho de poder combinar mi trabajo como escritora y descubrir nuevas maneras de contar, de ir y venir sobre el texto y el textil todo el tiempo. Me trajo también una forma de estar en el tiempo porque para mí ya no hay muchos momentos de aburrimiento porque sé que cuento con el bordado. Ese hacer con las manos me hace sentir que cada segundo tiene un propósito y no tiene que ser uno que genera dinero… Es un propósito espiritual, del alma. No estoy haciendo dinero, estoy haciendo muñecos, y eso me hace profundamente feliz.
ANDREA MORENO
Unidad Audiovisual El Tiempo
IG: @andreamorenoph
















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