Se repite con frecuencia que Bogotá suele inclinar la balanza en las elecciones presidenciales y que, a diferencia de otras regiones del país, en la capital pesa más el voto de opinión que la maquinaria. Pero los resultados de este fin de semana muestran una ciudad más compleja que ese lugar común. Bogotá aparece hoy más polarizada, con altos niveles de abstención, cansada de varios liderazgos tradicionales y, al mismo tiempo, ávida de rostros nuevos. La capital confirmó que sigue siendo decisiva, pero también dejó claro que su electorado cambió. Estas son diez lecciones que deja la jornada electoral con datos del preconteo:
1. La consolidación del Pacto Histórico. Aunque en las elecciones regionales recientes la izquierda había mostrado señales de retroceso en Bogotá, esta vez el partido del presidente Gustavo Petro recuperó terreno y se reafirmó como la principal fuerza política de la ciudad. Con 8 de las 18 curules a la Cámara por Bogotá, no solo retuvo su centralidad, sino que sumó un escaño adicional frente a 2022.
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2. El Centro Democrático vuelve a ser competitivo. Fue uno de los grandes ganadores de la jornada, no solo por la votación de Paloma Valencia en la consulta, sino porque logró traducir ese impulso en representación. Pasó de 2 a 6 curules en la Cámara por Bogotá. La derecha, que en la capital parecía rezagada, mostró capacidad de reorganización y crecimiento.
3. El fenómeno Daniel Briceño. El concejal no solo fue el candidato más votado a la Cámara por Bogotá, sino que se convirtió en una demostración de cómo ha cambiado la política urbana. Su campaña entendió el momento, con redes sociales, narrativa clara, discurso anticorrupción y capacidad para conectar con un electorado indignado frente a la contratación pública. No ganó solo un escaño; arrastró varios más para su partido.
Elecciones 8 de marzo Foto:@MiltonDiazfoto / El Tiempo
4. Juan Daniel Oviedo se quedó con una franja importante del centro. Oviedo fue una de las revelaciones de la jornada en Bogotá. Sus cerca de 500.000 votos bogotanos en la consulta de centroderecha lo proyectan desde ya como un competidor serio para la Alcaldía en 2027. Su fortaleza radica en haber conectado con un electorado de centro que rechaza la polarización y valora un tono más técnico, moderado y basado en evidencia. El reto ahora será estratégico, sostener esa identidad o desdibujarla en alianzas que pueden pasarle factura.
5. El fracaso del Nuevo Liberalismo y el costo para Galán. Pese a que Carlos Fernando Galán llegó a la Alcaldía con una votación muy alta, su partido no logró obtener una sola curul en la Cámara por Bogotá. El resultado es políticamente contundente. Una cosa es ganar con nombre propio y otra muy distinta construir partido. La apuesta por listas independientes en la capital, sin alianzas, terminó debilitando al Nuevo Liberalismo en la capital y deja al alcalde más expuesto frente a una oposición empoderada.
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6. El debilitamiento de las fuerzas tradicionales y el “pabellón de los quemados” del voto de opinión. Bogotá también dejó una lista amplia de derrotados ilustres. Figuras con alta visibilidad pública y arraigo en el voto de opinión, como Katherine Miranda, Angélica Lozano, y Jorge Enrique Robledo, no lograron asegurar su espacio en el próximo Congreso. Al mismo tiempo, partidos tradicionales como el Conservador, Cambio Radical y MIRA quedaron sin representación en la Cámara por la capital. El Partido Liberal sobrevivió apenas con una curul.
7. Los exalcaldes ya no arrastran como antes. Claudia López, Enrique Peñalosa y Lucho Garzón comprobaron que haber gobernado Bogotá ya no garantiza poder electoral. En particular, Claudia López consiguió pasar al tarjetón presidencial, pero con una votación muy inferior a la que alguna vez la convirtió en una figura dominante en la ciudad. Su resultado no la saca del juego, pero sí reduce su autoridad dentro del centro político y pone en cuestión el alcance real de su liderazgo electoral.
Elecciones legislativas en Colombia Foto:Registraduría
8. Hay renovación generacional, pero no necesariamente ruptura. Bogotá fue el gran escenario del relevo generacional. Doce de las 18 curules a la Cámara serán ocupadas por caras nuevas. Esa cifra habla de una ciudadanía que quiere otras voces, otros lenguajes y otras formas de representación. Varios de esos nuevos liderazgos vienen del mundo digital, de las redes y de formatos de comunicación política menos tradicionales. Sin embargo, conviene no idealizar el recambio. Parte de esos nuevos rostros son también la versión joven de viejas estructuras.
9. El abstencionismo sigue siendo el gran ganador silencioso. Cerca del 55 % de abstención en una ciudad con más de seis millones de personas habilitadas para votar muestra que el problema de fondo sigue intacto. Bogotá no solo vota diferente; también deja de votar masivamente. Hay allí una mezcla de apatía, desconfianza y desconexión con la oferta política. A eso se sumaron factores coyunturales, como las lluvias y los problemas de movilidad, pero reducir el fenómeno a esos obstáculos sería equivocado. La abstención en Bogotá ya es una constante estructural.
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10. Las consultas dejaron de ser un simple trámite. Lo ocurrido en 2026 confirma que las consultas ya son una estación decisiva del calendario electoral. Funcionaron como una primera vuelta anticipada para medir fuerzas, ordenar bloques, depurar candidaturas y redefinir estrategias. La derecha salió fortalecida, la izquierda ordenó mejor su liderazgo y el centro encontró en Oviedo una figura emergente. Todo indica que este mecanismo seguirá ganando relevancia y que en futuras elecciones locales, incluida Bogotá, estará cada vez más en el centro de la disputa.
En definitiva, el mensaje que dejan estos resultados es claro. Bogotá ya no responde mecánicamente ni a las viejas maquinarias ni a los antiguos referentes del voto de opinión. La ciudad sigue siendo decisiva, pero su electorado es hoy más impredecible, más fragmentado y más exigente. Premia narrativas frescas, castiga trayectorias que antes parecían suficientes y reclama renovación, aunque no siempre rompa del todo con lo anterior. En otras palabras, la capital se convirtió en el espejo más nítido de la transición política colombiana: una democracia donde los liderazgos tradicionales se desgastan, las nuevas figuras avanzan y la disputa por representar el malestar ciudadano apenas comienza.
OMAR ORÓSTEGUI
Director de Govlab de la Universidad de La Sabana
















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