El cronista de una clase social en decadencia, aquel que encontró humor hasta en la tragedia, el maestro de la ternura. Eso y más se ha dicho de Alfredo Bryce Echenique el que hasta ayer, era el mayor escritor peruano vivo tras la muerte de Mario Vargas Llosa. Con un total de doce novelas publicadas y decenas de cuentos, el autor que vivió entre Europa y Perú -donde pasó sus últimos años- publicó de manera constante y, desde un inicio, dejó huella en la literatura peruana.
Hace unos días -el 19 de febrero- había cumplido 87 años. Llevaba varias semanas enfermo y desde el 2019 empezó su despedida de la literatura en 2019, cuando anunció la publicación de ‘Permiso para retirarme. Antimemorias 3’, y se dejó ver «como las ballenas que se alejan mucho de la costa, pero para venir a morir ahí definitivamente», tal como comentó a la agencia EFE en ese momento. Su deceso se produjo el martes 10 de marzo de 2026, en su natal Lima, a los 87 años.
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Humor e ironía, amor y memoria y una profunda oralidad del lenguaje literario se dan la mano en los universos narrativos del escritor peruano, un contador de historias situado entre los narradores más importantes de la literatura latinoamericana y considerado como uno de los tres escritores más célebres de la segunda mitad del siglo XX en Perú, junto al premio Nobel Mario Vargas Llosa y al cuentista Julio Ramón Ribeyro.
Luego de estudiar derecho para satisfacer a su padre, Francisco Bryce Arróspide, Bryce Echenique se fue a Europa, donde consolidó su carrera de escritor por décadas. Su primera obra, el libro de cuentos ‘Huerto cerrado’ (1968), se publicó originalmente en Cuba. Encontrar esta edición fuera del país insular fue una tarea casi imposible.
‘Un mundo para Julius’, la primera novela de Alfredo Bryce Echenique. Foto:EL TIEMPO
Con su primera novela, ‘Un mundo para Julius’ (1970), Bryce Echenique realizó una radiografía a las personas que mejor conoció; aquellos que solo tenían dinero. En su libro de memorias ‘Permiso para vivir’ (1993) el escritor cuenta que en 1972 presentaron su novela a los premios de fomento a la cultura Ricardo Palma, que ganó. El escritor cree que el libro sentó como anillo al dedo al gobierno militar, que había emprendido una campaña contra la oligarquía.
“ ‘Un mundo para Julius’ reproduce, con rara imparcialidad, la vida privilegiada de los señores y la precaria de los siervos; compendia la injusticia social en un hogar de familia”, escribió en el diario El Comercio, de Perú, el crítico literario Abelardo Oquendo, una vez la obra llegó a este país en 1971.
“Aún circula por ahí la anécdota de aquel miembro de mi familia, tan conservador como despistado, que asistió al acto de entrega de los premios, y que al escuchar al ministro de Educación decir que entre el general Velasco y Alfredo Bryce Echenique habían liquidado a la oligarquía peruana, sufrió un fuerte desmayo y tuvo que abandonar el Instituto Nacional de Cultura en camilla”, contó el autor en sus memorias.
En el transcurso de los años, Bryce Echenique mantuvo un ritmo constante de publicaciones. Siguieron las novelas “Tantas veces Pedro” (1977), “La vida exagerada de Martín Romaña” (1981), “El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz” (1985), “No me esperen en abril” (1995), Reo de nocturidad (Premio Nacional de Narrativa de España, en 1998), y “El huerto de mi amada” (2002), esta última que ganó el premio Planeta.
En el 2012 publicó su última novela, “Dándole pena a la tristeza”. Ese mismo año recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Alfredo Bryce Echenique tenía 87 años. Foto:AFP
Después de años de vivir en el extranjero, como catedrático en las universidades de Nanterre, La Sorbona, Vincennes, Montpellier, Yale, Austin y Puerto Rico, el escritor regresó a Perú en 2008 para reencontrarse con los amigos de la infancia, que retrató en su última obra, con los que compartía en su elegante apartamento con vista a un parque privado o en los cafés con toques franceses en la capital.
El plagio y la enfermedad
Durante medio siglo de literatura escribió más de 30 títulos, entre novelas, cuentos y memorias, escritos en los que el humor se filtró desde el principio, tras comprobar que los autores latinoamericanos, especialmente los del ‘boom’ eran «muy graves, muy serios» y dejaron de lado ese humor, un rasgo característico de los latinoamericanos que él cultivaba en sus obras.
Para Bryce, el humor irónico «hace la vida más soportable, te hace más tolerante ante lo intolerante», a la vez que se declaraba «un escritor de la memoria» y un heredero de la tradición literaria peruana de añorar «el bien perdido».
El autor peruano también noveló sus propias dolencias físicas y emocionales en muchas de sus obras, como ‘Reo de nocturnidad’ y ‘La vida exagerada de Martín Romaña’, un autor que ha podido crear un equilibrio imposible de emociones, ya que a lo largo de su vida pasó períodos de depresión muy grave, que lo llevaron a un internamiento clínico.
Bryce Echenique ganó el premio de Narrativa de España, en 1998, y el premio Planeta, en 2002. Foto:AFP
También, tuvo que hacer frente a denuncias de plagio de las que fue absuelto por la Justicia. «Contraté un abogado, gané el juicio en primera y segunda instancia, y la Fiscalía no solo me absolvió plenamente sino que archivó el asunto definitivamente», explicó.
Europa y la fama
Gran parte de su obra la produjo en Francia y, ya consagrado, se trasladó a España hasta su retorno a Lima en 2008.
Durante su juventud en París conoció a escritores como Julio Cortázar, Julio Ramón Ribeyro y Vargas Llosa, y en España hizo muy buenos amigos, como el poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y su mujer Almudena Grandes, o el cantante Joaquín Sabina.
Precisamente, Bryce Echenique recordó en noviembre pasado que los años en los que compartía almuerzos en París con Ribeyro y Vargas Llosa fue una época «muy feliz» de su vida, en una de sus últimas presentaciones públicas para depositar el manuscrito original de su celebrada novela ‘Un mundo para Julius’ en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes en Lima.
El afamado manuscrito estuvo por cinco décadas guardado en la casa de Ribeyro en París, pues el propio Bryce se lo había regalado y ni siquiera el mismo autor recordaba dónde estaban esas 500 páginas escritas a máquina.
Su amistad con Gabo
Autor de la citable frase “Prefiero ser borracho conocido antes que alcohólico anónimo”, Alfredo Bryce Echenique contaba en la revista BOCAS en 2011 que había dejado de beber porque estaba a dieta y que, a pesar de estar a puertas de su cuarto matrimonio, nunca fue mujeriego. “¡Ellas eran hombreriegas conmigo!”, exclamaba.
Alfredo era el hermano menor de Eduardo y Clementina Bryce Echenique. Foto:AFP
En esa conversación recordó la última vez que se reunió con el nobel colombiano Gabriel García Márquez, que fue uno de sus grandes amigos, y relató la anécdota de cuando lo conoció, en Cuba.
“Hace tres o cuatro años estuvimos juntos en su casa de Cartagena de Indias, adonde fui invitado por una amiga común, Lidia Blanco. Gabo no estaba muy bien. Era muy triste para mí, porque yo fui muy amigo suyo, y nos dejamos de ver. Por ningún motivo en particular, sino porque habíamos ido por distintos caminos. Esa vez hubo momentos maravillosos en los que todos teníamos nombre, pero después le podía poner el nombre de otra persona a su esposa. Y, sin embargo, al cabo de una hora, podía ver una película perfectamente bien y comentarla. Después me enteré de que era la visita más larga que Gabo habia hecho a su casa de Cartagena, que es tan bonita. Muy cerca hay una estatua de Botero. El bromeaba y decía: ‘Creo que me han confundido con la estatua, porque todo el mundo le sonríe al pasar’”, relataba Bryce Echenique.
Agregó que conoció a Gabo en Cuba, en 1981. “En esa época en que todos los escritores del boom, el post boom, el chiquiboom, o lo que fuera, pasaban por la isla, yo estaba en la lista negra. Alguien habia soltado el chisme malintencionado de que yo era un furibundo reaccionario. Conocí a Roberto Fernández Retamar en París, entonces director de Casa de las Américas en La Habana, y le dije: ‘¿Cómo es posible que me den la espalda?’ Desde ahí, congeniamos mucho. Al mes yo ya estaba en Cuba, e hice amistad con Gabo. Pasamos juntos mucho tiempo, durante varios viajes a lo largo de varios años. Yo trabajé con él en la Escuela de Cine Latinoamericano, en la que fui profesor durante un tiempo”,decía el escritor peruano, que en muchas oportunidades fue a pescar con el colombiano, cuando no tenía que dictar clases.
Al conocerse su deceso, la Presidencia, el Ministerio de Cultura y la Casa de Literatura de Perú expresaron sus condolencias a través de las redes sociales. «Lamentamos profundamente la partida del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, una de las voces más representativas de la literatura peruana contemporánea. Su obra, que abarca novela, cuento, ensayo y memorias, dejó una huella significativa en varias generaciones de lectores”.
La velación del cuerpo de Alfredo Bryce Echenique se lleva a cabo en la casona de la Universidad Nacional de San Marcos, en Lima, donde estudió Derecho y obtuvo un doctorado en Letras.
(*) Con información de El Comercio, de Perú (GDA) y EFE
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