Durante varias horas, la imagen de Sonia Alejandra Izquierdo Rocha, de 24 años, comenzó a circular con urgencia. Su rostro y sus datos aparecían en un cartel difundido por la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional, a petición de su familia, que pedía apoyo ciudadano para dar con su paradero tras haber sido reportada como desaparecida en Bogotá.
La alerta crecía en redes sociales y entre contactos cercanos. Cada dato parecía clave. Cada minuto contaba. Según la información divulgada en ese aviso, la joven había sido vista por última vez el 17 de marzo en horas de la tarde, en la carrera 11A No. 94A-56, cuando se dirigía hacia el Tribunal Administrativo de Cundinamarca.
En el cartel se detallaban sus características: medía aproximadamente 1,68 metros y vestía pantalón verde, chaqueta, camisa y botas negras. La instrucción era precisa: cualquier información debía ser enviada a un correo institucional habilitado para recibir pistas.
Mientras ese mensaje se replicaba y la búsqueda tomaba fuerza, en otro punto de la ciudad se desarrollaba una escena completamente distinta.
Ese mismo día, hacia las 2:30 de la tarde, unidades de tránsito atendían un grave siniestro vial en la carrera 30 con calle 80, en el barrio 12 de Octubre, sobre la NQS. Era uno de los múltiples incidentes que a diario enfrentan las autoridades en la capital, pero este tenía una dimensión que solo se conocería horas después.
De acuerdo con el reporte oficial de la Seccional de Tránsito y Transporte de Bogotá, en el hecho estuvieron involucrados un tractocamión de servicio público, un automóvil particular y una motocicleta. El conductor de esta última, un hombre de 34 años, resultó lesionado y fue trasladado a la Clínica Alcalá.
En la motocicleta también se movilizaba una mujer como acompañante. Tendría, según los primeros reportes, alrededor de 28 años. La gravedad de las lesiones fue tal que falleció en el lugar.
El informe preliminar de las autoridades señala que la motocicleta transitaba entre vehículos cuando perdió el control, colisionó contra los otros dos automotores y la mujer salió expulsada, siendo posteriormente arrollada por el tractocamión.
En ese momento, para los investigadores, se trataba de un caso más dentro de la estadística de siniestros viales. No había, aún, un nombre que conectara esa escena con la búsqueda que se intensificaba en redes.
Fue solo durante los procedimientos de inspección judicial y verificación de identidad que se estableció la coincidencia que transformó por completo la historia: la mujer fallecida era Sonia Alejandra Izquierdo Rocha.
Así, en cuestión de horas, el caso pasó de ser una búsqueda urgente impulsada por su familia y respaldada por una facultad universitaria a una confirmación trágica en el lugar de un accidente de tránsito.
Mientras su imagen circulaba con la esperanza de encontrarla con vida, su paradero ya había sido determinado por las autoridades en medio de las labores de atención del siniestro.
La inspección fue realizada por unidades de tránsito y policía judicial, y el caso quedó en conocimiento de la Fiscalía General de la Nación, que asumió las actuaciones correspondientes.
No es el único caso reciente
Johanna Caterina Agria Jamioy. Foto:Archivo particular
Y este no es el único caso de una universitaria que muere en medio de un siniestro vial en Bogotá. Otro caso se registró hace pocos días, el 10 de marzo de 2026, cuando Johanna Caterina Agria Jamioy, de 21 años y estudiante de sexto semestre de Antropología de la Universidad Externado de Colombia, falleció tras ser arrollada por un bus articulado de TransMilenio en la estación Las Aguas, en el centro de la ciudad.
De acuerdo con el reporte técnico del sistema, el hecho habría ocurrido cuando la joven intentaba ingresar de manera irregular a la zona de circulación, lo que derivó en un impacto fatal.
La víctima, perteneciente al pueblo indígena Kamëntsá del Valle de Sibundoy (Putumayo), generó una profunda conmoción en su comunidad y en el entorno académico. Tras el siniestro, la empresa activó los protocolos de emergencia y reiteró que los hechos son materia de investigación, mientras que las autoridades avanzan en el esclarecimiento de las circunstancias exactas del caso.
Los siniestros no paran
Siniestros viales no paran en Bogotá. Foto:Juan Pablo Rueda / Archivo EL TIEMPO
Pero este caso también se inscribe en un contexto más amplio que preocupa a las autoridades de la ciudad. Entre el 1 de enero y el 18 de marzo, 133 personas han perdido la vida en siniestros viales en Bogotá, lo que representa un incremento del 21 % frente al mismo periodo del año anterior.
La siniestralidad vial se ha consolidado como una crisis de salud pública que afecta a toda la sociedad. Las principales víctimas fatales son los actores más vulnerables en las vías: motociclistas (44 %), peatones (38 %) y ciclistas (15 %).
En particular, el aumento en la mortalidad de motociclistas supera el 60 % frente al año anterior. Este grupo sigue siendo el más afectado, especialmente en siniestros que involucran vehículos de carga, automotores livianos, objetos fijos y caídas.
Además, los motociclistas también están involucrados en el 60 % de las fatalidades de peatones y ciclistas, lo que evidencia la complejidad del fenómeno y los múltiples factores de riesgo que confluyen en las vías de la ciudad.
Desde la Secretaría Distrital de Movilidad se han intensificado las acciones de control, las intervenciones en infraestructura y las estrategias pedagógicas con el objetivo de reducir el riesgo y proteger la vida.
De hecho, estas medidas han mostrado resultados: durante 2025 se registró una reducción del 3,8 % en la siniestralidad vial con fatalidades. Sin embargo, las autoridades advierten que no es suficiente.
Insisten en que la corresponsabilidad ciudadana es clave para revertir esta tendencia. No exceder los límites de velocidad, respetar las normas de tránsito y evitar conducir bajo efectos del alcohol son decisiones que pueden marcar la diferencia.
El llamado cobra especial relevancia en fechas como el puente festivo de San José y la Semana Santa, periodos históricamente críticos en términos de siniestralidad vial en Bogotá. Por ello, la Secretaría Distrital de Movilidad reiteró un mensaje urgente: cada decisión en la vía puede significar la vida o la muerte.
CAROL MALAVER
SUBEDITORA BOGOTÁ
Escríbanos a carmal@eltiempo.com
















Deja una respuesta