—Entré a lista de espera de trasplante de riñón: ¿alguien quiere? —preguntó Juan Sebastián en su chat familiar, con la prudencia del caso, sin saber si alguien entre sus seres más cercanos se animaba a probar la compatibilidad. Es que nadie sabe cómo pedir un órgano, a quién, cómo. Tampoco nadie está preparado para responder. Y, sin embargo…
—¡Yo, empiece conmigo! —le dijo Juliana, su prima, a la que él considera su hermana, y quien no tuvo que pensarlo dos veces. En ese momento, Sebastián sintió que una segunda vida, después de años de sufrimiento, dolor, horas de diálisis, clínicas, medicamentos y una profunda desesperanza, era posible.
Juan Sebastián Garzón tiene 32 años, tiene trabajo, familia, dice que vive una vida normal, hace deporte, juega fútbol y dice que es feliz, y su voz salpicada de alegría lo confirma. Un día estaba postrado en una cama, entregado a una muerte que merodeaba, y de repente la vida le volvió a sonreír: no solo tenía un riñón sano, sino que ahora pertenece a la Selección Colombia de trasplantados que fue invitada al Mundial de Fráncfort, en Alemania, del 13 al 19 de septiembre de este año. ¡Un Mundial! Eso no se lo esperaba ninguno de los 22 jugadores convocados, o quizá sí, porque en este equipo abundan los sueños y las esperanzas.
Selección Colombia de Trasplantados . Foto:Acodet
Sebastián empezó su drama cuando tenía 15 años y cursaba último año en la Institución Técnica San José, en Fresno, municipio del Tolima. Era deportista, corría, jugaba. El fútbol era, y es, su pasión. Un día se sintió extrañamente cansado y supo que algo raro le pasaba. Lo demás fue una cadena de sucesos que se le vinieron encima y que narra con una voz valiente: unas manchas llamadas petequias en las plantas de sus pies, tuberculosis, herpes, gripas que para cualquiera eran inofensivas y para él eran letales; luego lupus —enfermedad que daña los órganos—, sus riñones se deterioraron, estuvo en UCI, tuvo convulsiones, pérdida de la memoria, y claro, la diálisis, que en su caso fue peritoneal (tratamiento para filtrar la sangre a través de una membrana en la cavidad abdominal) y que hizo por cuatro años y medio, cada cuatro horas, cuatro veces al día para vivir, perdiendo la esperanza, o alimentándola, porque un día, todo empezó a cambiar.
—Desconocía el tema del trasplante. Yo decía: “Si tengo lupus, se va a dañar el riñón”. Hasta que un doctor me dijo: “El medicamento controla la enfermedad, lo invito a ingresar a la lista de espera”. Yo estaba emocionado —relata. Y así empezó su espera. Larga, muy larga…
La segunda vida
Juan Sebastián y Juliana, la mañana antes del trasplante. Foto:Juan Sebastián Garzón
¿Cómo se vive una vida cuando vivir depende de esperar? No como quien espera un amor o un gol, esta es una espera mucho más honda, más definitiva. Para alguien en lista de espera de trasplante, cada día es de heroica paciencia: que alguien aparezca, que sea el órgano ideal, compatible; eso es como ganarse la lotería, y hay quienes se la ganan. En el caso de Sebastián, su prima hermana, Juliana, fue compatible. Empezaron el proceso: citas, chuzones, trabajo psicológico… Y cuando todo estaba listo, otro golpe de la vida.
—Nos programaron para abril de 2024 y a 20 días, ya con todo hecho, me dio un cálculo renal, ingreso por urgencias, me operan, me da una hemorragia interna, duré 35 días en el hospital, 20 días en UCI, me hacen 5 transfusiones de sangre y eso es complejo, porque el tiempo en el que el cuerpo vuelve a quedar limpio puede demorar años…
Juan Sebastián y su prima Juliana. Foto:Proporcionada por Juan Sebastián Garzón
Ahí vino lo que él califica como un milagro, y en esta charla repleta de términos médicos que él domina al derecho y al revés, no abundan esas referencias, pero ahora lo amerita, porque su sangre, milagrosamente, estaba limpia, como si no hubiera tenido las transfusiones. ¿Lo iba a volver a intentar? Sí. La fecha que les dieron era más que una señal: ‘21 de octubre’: ese día su prima hermana Juliana cumplía años. Tenía que salir bien.
Selección Colombia de trasplantados . Foto:Archivo particular
Con esa memoria lúcida —cuesta creer que algún día estuvo averiada—, Sebastián recuerda llegar al hospital, estar cerca, gritarle a ella que era una heroína y que gracias, y de repente, dormir. Luego, despertar y estar vivo, pero escuchar a su prima hermana gritar de dolor. Ella, acostada en una habitación que estaba repleta de bombas de colores y con mensajes de felicitaciones, como para que, pese a todo, no olvidara que era el día de su cumpleaños…
—¿Por qué cree que ella decidió donarle su riñón?
—Por amor… pero mejor que lo cuente ella…
Juliana tiene 34 años. Es la heroína de esta historia. Dice que siempre estuvo convencida de que iba a ser la donante.
—Cuando él perdió la memoria, solo me reconoció a mí; eso me marcó… —dice, y su voz, inevitablemente, se quiebra—. Me sentía desesperada y agobiada, yo necesitaba otra vida para él, que tuviera mi riñón y viviera como todos, que estuviera sano… Después de la cirugía, sentí el dolor más tenaz y él me gritaba “perdón”, pero aun así, nunca me arrepentí. Si llegué al mundo para darle un riñón a Sebastián, ya estoy feliz: cumplí lo que la vida me puso.
Hoy los dos dicen que tienen una vida normal. Sebastián subió muy rápido de peso, su color de piel cambió, empezó a correr, a ir al gimnasio y a hacer lo que más extrañaba: jugar fútbol. Un día, una doctora le habló de la Selección Colombia de Trasplantados. Se presentó ante el profe Luis Calderón, le contó su historia y fue aceptado.
—Siempre he tenido buena actitud. Me dieron una segunda oportunidad, y aprovecho cada instante, aprendí que no se puede dejar nada para después.
Un equipo con esperanza
Selección Colombia de Trasplantados . Foto:Proporcionada por Juan Sebastián Garzón
El profe Luis es el entrenador de esta Selección Colombia. La Acodet, que es la Asociación Colombiana de Deportistas Trasplantados, que agrupa atletas en diferentes disciplinas, le encargó a él la misión de conformar este equipo.
El profe Lucho buscó jugadores en hospitales que tenían programas de trasplante, entrevistó a los interesados, eligió a los convocados. Primero 35, quedaron 22. El más joven tiene 19 y el mayor tiene 64; hay trasplantados de riñones, en su mayoría, también hay dos de bipulmonar, uno de hígado. Son jugadores que encontró en Bucaramanga, Villeta, Ibagué, Neiva, Fresno, Cali y Bogotá. Luis parece ser el más indicado para dirigir este equipo: también es trasplantado. El profe Lucho dice que tiene el récord de pasar 10 años en diálisis y 10 años en lista de espera, hasta que un día recibió la llamada: ‘Hay un riñón compatible, es un superriñón’. Y aquí está, sano y trasplantado. Cuando era niño, cuenta, quería ser DT, dirigió a muchos equipos, pero esta selección, asegura, es su mejor experiencia.
Selección Colombia de Trasplantados . Foto:Proporcionada por Juan Sebastián Garzón
—Todos estuvimos al borde de la muerte, nos dijeron que no podríamos volver a jugar fútbol, y aquí estamos, rompiendo paradigmas: este es el mejor equipo que he podido ver. Tengo la mejor sensación de verlos en un campo de fútbol, hacer goles y con sus camisetas de Colombia (las que él mismo consiguió en un local del centro de Bogotá, la 9 fue para Sebastián) —dice el profe.
El profe Lucho no solo diseña el plan de cara al Mundial de Alemania, sino que gestiona los patrocinios, porque hoy les faltan los recursos de inscripción, alrededor de 900 euros por cada integrante. Mientras tanto, piensa en organizar una gala para los donantes, los que hicieron posible que estos 22 jugadores estén pensando hoy en jugar un Mundial de fútbol. Ahí estará Juliana, al lado de Sebastián, juntos como parte de un equipo de fútbol donde nunca se pierde la esperanza.
PABLO ROMERO
Redactor de DEPORTES
@PabloRomeroET
















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