Las muertes de motociclistas en siniestros viales en Bogotá en el último lustro han pasado de 190 a 278, con un promedio anual de 255 víctimas, a pesar del trágico incremento, estas estadísticas presentan grandes diferencias con relación a las tendencias, los promedios nacionales o las grandes ciudades capitales de departamento.
La participación del Distrito en el total nacional de fatalidades viales, disminuyó de un 25% a un 7% en dos décadas, incluso en el caso de los motociclistas es de solo 5%. Estos porcentajes demuestran en gran medida, las grandes diferencias entre la capital y el resto de Colombia, donde la siniestralidad en general y de los motociclistas en particular, está cada vez más dispersa por todo el territorial del país, alcanzando hoy al 66% de todos los municipios. Las acciones pedagógicas, la fiscalización y las políticas públicas de reducción de la velocidad en Bogotá, han probablemente contribuido a mantener un cierto control sobre la siniestralidad. Los logros de la capital colombiana han permitido el apoyo y el reconocimiento de varios organismos internacionales. Si bien, es posible disminuir el número de fatalidades en moto, las prioridades también deben estar relacionadas con lograr la corresponsabilidad de los motociclistas y sobre todo su convivencia pacífica con los otros actores de la movilidad como peatones y ciclistas, puesto que son responsables de diversos tipos de agresiones e incluso muertes en las vías: 46% de las fatalidades en peatones y 16% de los ciclistas.
Generar convivencia y respeto por las más elementales normas de tránsito y de control Foto:MAURICIO MORENO EL TIEMPO
La actitud y el discurso de algunos grupos y personajes muy visibles de motociclistas bogotanos es poco proactiva, puesto que han tratado ante todo de victimizarse y reducir la complejidad y diversidad de las problemáticas con argumentos como a la falta de infraestructura: han realizado campañas sobre el mal estado de las vías, que se visibilizan tapando huecos, como si estos fueron los únicos causantes de la siniestralidad en motociclistas. De manera muy enérgica y casi agresiva atacan a quienes ejercen la autoridad de movilidad, desde su Directora hasta los agentes, rechazan tanto la teledetección de infracciones con cámaras por supuestos errores técnicos o fines únicamente de recaudo; como los controles viales, calificándolos de persecución. Argumentos que en las dos últimas elecciones les han sido de utilidad electoral logrando la más alta votación para el concejo de Bogotá y una curul en el senado de la república para la próxima legislatura.
En varios procesos de dialogo con grupos estructurados y dispuestos al intercambio de ideas, sorprende la forma como evitan asumir algún tipo de responsabilidad, pero sobre todo, la posibilidad de visibilizar las muertes en moto con el argumento de que aumenta la estigmatización. Pueden ser muy solidarios con las familias de las victimas movilizando recursos y apoyos económicos, pero a la vez, evaden las posibilidades de hacer acciones públicas como velatones o conmemoraciones alrededor de las víctimas o de los lugares en que ocurren los siniestros.
Para lograr un convivencia armónica, es indispensable la corresponsabilidad de los motociclistas Foto:Mauricio Moreno / EL TIEMPO
Generar convivencia y respeto por las más elementales normas de tránsito y de control, representa uno de los principales retos asociados al creciente uso de la motocicleta en la capital, aun cuando las actividades de fiscalización están relacionadas con la protección de sus vidas, evitando altas velocidades o maniobras peligrosas en los momentos de mayor exposición al riesgo, como la noche y sobre todo entre viernes y domingo, días en los cuales fallecen alrededor de la mitad de los motociclistas bogotanos.
Para lograr un convivencia armónica, es indispensable la corresponsabilidad de los motociclistas para evitar circular por aceras, puentes peatonales, o incluso en los carriles de Transmilenio, donde han intentado introducir en los buses sus vehículos de dos ruedas. Además, son cada vez más complejas las disputas en varios barrios del Distrito por la invasión de calles y otros espacios públicos para estacionamiento nocturno de larga duración, en el mismo sentido, la coexistencia ciudadana se ha deteriorado en varios sectores por las ruidosas y peligrosas carreras nocturnas, los piques y las demostraciones de stunt.
En conclusión, si bien el aumento de muertes en moto en las calles de Bogotá es preocupante, también debemos enfrentar las problemáticas relacionadas con la convivencia. El Distrito cuenta con la capacidad técnico-institucional, las herramientas, e incluso reconocimiento y respaldo internacional para enfrentarlas, pero para ello se requiere una posición más constructiva y proactiva por parte de los grupos de motociclistas, con quienes hay que lograr verdaderos espacio de convivencia, de cultura ciudadana y sobre todo, de corresponsabilidad en la conducción de sus vehículos. De lograr un trabajo conjunto entre el Distrito, los motociclistas y los grupos de la sociedad civil interesados en estos temas, se podría contribuir a convertir a Bogotá en un verdadero referente del uso sostenible y seguro de la motocicleta en grandes ciudades.
RICARDO MONTEZUMA
Experto e investigador en movilidad
















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