La tragedia que tiene escandalizada a Bogotá resultó enlutando directamente al departamento de Boyacá: las tres mujeres eran oriundas de esta tierra, pero por cuestiones de trabajo y estudio permanecían en la capital del país y cada que podían regresaban a Duitama y Santa Rosa de Viterbo a visitar a su familia. Nunca se olvidaron de su tierra.
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Como Deisy Anaimer Granados Arboleda, de 42 años; Karen Juliana Penagos Granados, de 20 años; y Santhal Daniela Penagos Granados, de 17 años, identificaron a las tres mujeres que fueron asesinadas a cuchillo por Cristian Camilo Valencia Hurtado, su pareja sentimental y padrastro, respectivamente, en una casa del barrio Atalayas, en la localidad de Bosa, en el sur de Bogotá.
El caso de madre e hijas asesinadas en Bosa. Foto:Archivo particular
Deisy Anaimer Granados Arboleda era una de las hijas de don Raúl Granados, un trabajador de una empresa en Duitama en la que se fabrican carrocerías para buses y de la cual se pensionó hace unos años. En esta ciudad, en la que estudió su primaria y bachillerato, Deisy conoció a su primer amor, Yeison Ferney Penagos, con quien tuvo dos hijas a las que llamaron Karen Juliana y Santhal Daniela.
Con el paso de los días, la relación se comenzó a deteriorar: las cosas de pareja no iban bien, se separaron y ella terminó, hace unos 13 años, yéndose a Bogotá con sus niñas, que crecieron y estudiaron allí, mientras ella trabajaba. Al parecer, en una fiesta de integración del trabajo en el que estaba en ese momento, hace unos 11 años, terminó conociendo a Cristian Camilo Valencia Hurtado; se hicieron amigos y terminaron entablando una relación sentimental.
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Pasaron los días, los meses, y decidieron unir sus vidas: se fueron a vivir juntos hace unos 10 años, pero el amor que Cristian decía sentir por ella se empezó a acompañar de unos celos enfermizos que se convirtieron en reclamos, en escándalos y, finalmente, en amenazas y agresiones.
“Ella cayó en una sin salida en la que comenzó a tenerle miedo a su compañero sentimental, quien al parecer en varias oportunidades la agredió psicológica y físicamente. La tenía amenazada con que, si lo dejaba, la mataba y, de paso, a sus hijas: sabía en dónde vivía, en dónde trabajaban, en dónde estudiaban, les conocía a sus amigos y a su familia”, dijo a EL TIEMPO una fuente de la Fiscalía cercana a la investigación.
El caso de madre e hijas asesinadas en Bosa. Foto:Archivo particular
Precisamente, la fiscal, durante la audiencia de legalización de captura, relató que Deisy Anaimer, cansada ya de las agresiones y temiendo por su vida, en dos oportunidades diferentes denunció que el 28 de abril de 2024 había llegado a la casa drogado, le había pegado y obligado a practicarle actos sexuales. En la otra habitación sus hijas escuchaban todo.
El 21 de febrero de 2025 también había ingresado a la casa a la fuerza, le pegó, le quitó el celular y la mantuvo encerrada, amenazándola con agredirla a ella y a su familia, con matarlas a las tres. Desde entonces, Cristian Camilo tenía una caución de no acercarse a ellas.
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Sin embargo, según la Fiscalía, el pasado viernes 20 de marzo el hombre llegó a la casa y, luego de que ella le abriera la puerta, primero se aseguró de cerrar con seguro el portón y luego, cuando ellas estaban dormidas, las atacó con un arma cortopunzante, con la que les causó heridas mortales, al parecer desde esa misma noche.
Lo cierto es que el martes, cuando finalmente las autoridades, con la ayuda de bomberos, ingresaron a la casa, además de los cadáveres de las tres, encontraron a Cristian Camilo intoxicado y con muestras de haber ingerido un raticida, por lo que de inmediato lo trasladaron a un centro asistencial, desde donde el jueves participó en la audiencia de legalización de captura y luego en la de imputación y solicitud de medida de aseguramiento.
El caso de madre e hijas asesinadas en Bosa. Foto:Archivo particular
Los policías terminaron llegando a la vivienda del barrio Atalayas porque a un tío de las mujeres, con quien hablaban seguido, se le hizo raro que ninguna de las tres contestara su celular, por lo que decidió alertar a las autoridades.
Cristian Camilo había acomodado los cuerpos de las tres en la misma habitación y allí permaneció durante cuatro días, hasta el momento en el que llegaron los uniformados, a quienes les reconoció que él las había asesinado en medio de un ataque de celos. Luego, en la audiencia, aceptó los cargos por el triple feminicidio y ahora espera una condena que se reducirá de los 50 años en hasta el 25 por ciento por haberse declarado culpable.
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Ella actualmente trabajaba a diario en una empresa de confección de prendas de vestir y, a pesar del maltrato que recibía de su pareja, era quien lo tenía afiliado al sistema de salud, según dijo la fiscal en la audiencia. Karen Juliana estudiaba en un reconocido instituto de Bogotá para ser auxiliar de vuelo, de donde estaba próxima a graduarse, al igual que su hermana, quien cursaba su último año de bachillerato.
El demencial acto ha generado repudio no solo en el barrio, sino en todo el país. “Con profunda tristeza marchamos en rechazo a la violencia contra la mujer y en apoyo y solidaridad con la familia, compañeros y amigos de nuestra estudiante Shantal Daniela Penagos Granados, de grado once, quien falleció junto a su hermana y mamá”. Ese fue el mensaje de los compañeros de 11-05, el grado en el que se encontraba, y de los demás estudiantes y docentes del Colegio Distrital Ciudadela Educativa de Bosa, donde se formaba la menor de las hijas de Deisy Granados.
El caso de madre e hijas asesinadas en Bosa. Foto:Archivo particular
Las amenazas se hicieron realidad: la mujer, que había llegado con sus dos pequeñas procedente de Duitama, la llamada Ciudad Cívica de Boyacá, hace cerca de 13 años a Bogotá en busca de un mejor futuro y que periódicamente regresaba en flota a su tierra natal a visitar a su padre y luego de ahí unos 20 minutos hasta Santa Rosa de Viterbo para fundirse en un abrazo con sus abuelos, nunca más regresará.
En una iglesia de su tierra natal la habían bautizado Deisy Anaimer, pero al parecer no le gustaba que la llamaran así y, aunque podría haberse cambiado el nombre, nunca lo hizo; sin embargo, las personas cercanas la identificaban como Kathy, sí, Kathy Granados Arboleda. Así la llamaban sus familiares y amigos, esos mismos que este viernes la acompañaron en su último adiós.
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El sitio y la hora de su sepelio tuvieron que manejarse con reserva para evitar la presencia de particulares o personas que querían satisfacer su morbo y el de los demás a través de las redes sociales, dijo uno de los familiares, quien, cumpliendo las indicaciones, no quiso revelar el cementerio en el que finalmente fueron sepultadas la mujer y sus dos hijas.
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