A raíz de la disparada de los precios internacionales del petróleo —impulsada por el conflicto en Medio Oriente—, desde hace varios días los colombianos estaban a la expectativa de un aumento en la gasolina, luego de dos rebajas que sumaron 1.000 pesos entre febrero y marzo.
Aunque efectivamente se anunció un incremento promedio de 375 pesos, esta decisión podría volver a descuadrar las cuentas del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Fepc), el mismo que durante años ha sido un “dolor de cabeza” para las finanzas públicas.
“El Gobierno debe revertir cuanto antes, sin importar que faltan dos meses para las elecciones, la reducción del precio de los combustibles: gasolina y diésel”, aseguró Jorge Restrepo, profesor de economía de la Universidad Javeriana.
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¿Cuánto debería subir la gasolina?
Además de un petróleo Brent que ya superó los 100 dólares, hay dos datos adicionales que son fundamentales para determinar el precio de este combustible en el país: la gasolina ronda los 3,3 dólares por galón en el mercado internacional y el dólar está subiendo.
Al respecto, David Jiménez, vocero de Somos Uno (gremio de las estaciones de servicio), destacó que, si bien el aumento del Brent es un factor relevante, el precio interno depende de una fórmula con varios componentes, especialmente el ingreso al productor, que representa cerca del 70 por ciento del costo final.
Con esta información sobre la mesa, el presidente de la Fundación Xua Energy, Julio César Vera, considera que el aumento en el precio de la gasolina debió ser, por lo menos, de entre 800 y 1.000 pesos por galón.
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Algo similar esperaba que pasara con el diésel, sumado a los ajustes anunciados recientemente para aplicar precios diferenciales a vehículos particulares, oficiales y diplomáticos.
“Las decisiones que se tomen siempre deben estar sujetas a elementos económicos y energéticos, y no a cálculos políticos. Ese fue el mensaje que, en cierta medida, manejó el Gobierno Nacional con las rebajas de febrero y marzo”, aseguró el presidente de la Fundación Xua Energy.
Anif también coincide en que se requiere subir, por lo menos, 800 pesos el galón de gasolina, mientras que el diésel debería comenzar a subir 214 pesos mensuales durante dos años consecutivos.
Sin embargo, el Gobierno Nacional decidió aumentarlo solo 100 pesos, con excepción de Cúcuta (-42 pesos) y Pasto (-2 pesos) donde hubo unas reducciones menores en el costo para el mes de abril.
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Los riesgos de no subir los precios
Si no se hacen los aumentos que se requieren, habría que subsidiar más de 360.000 millones de pesos para que los colombianos puedan seguir pagando una gasolina más barata, pues actualmente el precio está cerca de 2.000 pesos por debajo del costo internacional.
En el diésel la situación es más crítica: el subsidio podría superar los 1,4 billones de pesos. Con un promedio interno de 11.082 pesos, el galón está unos 9.000 pesos por debajo del precio internacional, según Julio César Vera. No obstante, los cálculos de Anif indican que este diferencial es de solo 5.700 pesos.
Estos subsidios saldrían del Fepc, por lo que su déficit podría aumentar considerablemente tras haber estado prácticamente en cero a comienzos de 2026. Ese hueco podría ser de 10,7 billones de pesos adicionales al cierre del año.
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Eso se debe a que, cuando el precio internacional supera al costo que rige en Colombia, este fondo paga la diferencia para mantener los combustibles baratos; cuando ocurre lo contrario, se genera un ingreso.
“No ajustar el precio cuando hay presiones al alza en el mercado internacional tiene consecuencias importantes. La principal es que se amplía el déficit del Fepc, lo que implica mayores presiones fiscales para el país”, detalló David Jiménez.
Adicionalmente, se podrían generar distorsiones en el mercado y se enviarían señales equivocadas sobre el costo real de los combustibles. “Esto afecta la sostenibilidad del sistema en el mediano plazo”, agregó el líder gremial.
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Anif también asegura que es “preocupante” lo que ocurre con el diésel, pues este combustible se está llevando casi todos los subsidios del Fepc ante la falta de incrementos significativos que permitan alcanzar la paridad internacional.
“Es tal la magnitud del problema, que es difícil pensar en un escenario de precios internacionales y tasa de cambio que solucione el problema sin medidas decididas por parte del Ejecutivo”, señaló el centro de pensamiento.
Debido a que el diésel no se ha ajustado como debería -principalmente por la oposición de los transportadores de carga-, el superávit que llegó a generar la gasolina en algunos meses se utilizó para compensar la brecha de este combustible.
















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