En Colombia, la relación entre maternidad y empleo formal dejó de ser una discusión marginal para convertirse en un problema estructural. Datos del Consejo Privado de Competitividad muestran que cerca del 80 por ciento de las mujeres con tres hijos menores de 14 años no logra vincularse al mercado laboral formal, una tendencia que no solo expone brechas de género, sino también limitaciones del sistema productivo y de protección social. El fenómeno no implica necesariamente una salida del mercado laboral, sino un desplazamiento hacia empleos sin seguridad social, en un contexto donde la estructura económica no se ajusta a la realidad del cuidado.
LEA TAMBIÉN
Las cifras parten de la Gran Encuesta Integrada de Hogares de 2025, que analiza a cerca de 9’892.947 mujeres ocupadas en el país. A partir de ese universo, se clasifican según número de hijos y tipo de empleo, utilizando como criterio de informalidad la ausencia de aportes a salud y pensión. El resultado muestra una tendencia consistente: la informalidad crece a medida que aumenta el número de hijos. Sin hijos, el indicador ronda el 51,5 por ciento; con dos hijos asciende a cerca del 59,3 por ciento; y con tres o más alcanza niveles cercanos al 80,5 por ciento, llegando incluso a superar el 96 por ciento en casos de más de cinco hijos.
Este comportamiento, lejos de ser marginal, refleja una ruptura en la trayectoria laboral. A partir del segundo hijo, la formalidad deja de ser predominante y, con tres o más, se convierte en una excepción. En términos agregados, el dato también es contundente: en 2025, el 53 por ciento de las mujeres ocupadas en Colombia se encontraba en la informalidad.
La lectura es clara: no se trata de variaciones marginales, sino de una ruptura en la trayectoria laboral. A partir del segundo hijo, la formalidad deja de ser predominante y, con tres o más, se convierte en una excepción dentro del mercado laboral.
Un patrón estructural
El análisis del Consejo Privado de Competitividad señala que este comportamiento no responde principalmente a decisiones individuales. La variable determinante es el tiempo disponible. Las labores de cuidado —niños, hogar y personas dependientes— recaen de forma desproporcionada sobre las mujeres, lo que limita su posibilidad de cumplir con las exigencias del empleo formal.
El diseño del sistema laboral parte de trayectorias estables y de tiempo completo. Foto:Vanexa Romero/ El Tiempo
Este desajuste se refleja en varias dinámicas. Por un lado, la incompatibilidad de horarios: el empleo formal exige continuidad, jornadas completas y disponibilidad, condiciones difíciles de sostener cuando las responsabilidades de cuidado aumentan. Por otro, la necesidad de flexibilidad, que lleva a muchas mujeres a optar por ocupaciones que permitan fragmentar el tiempo o trabajar cerca del hogar, opciones que en Colombia están mayoritariamente en la informalidad.
A esto se suma el diseño del sistema laboral, que parte de trayectorias estables y de tiempo completo. Cuando el tiempo es intermitente, cumplir con ese esquema se vuelve inviable.
Yesica Fernández Malo, coordinadora del Informe Nacional de Competitividad, resume este punto de manera directa, “la informalidad no responde principalmente a decisiones individuales, sino a restricciones estructurales de tiempo asociadas al cuidado”.
Uno de los principales cuellos de botella es la falta de infraestructura de cuidado. La ausencia de servicios accesibles, seguros y formales, como guarderías, jornadas escolares extendidas o apoyo para dependientes, lo que limita directamente la posibilidad de acceder a un empleo formal.
En este contexto, el mercado laboral no se adapta. La evidencia muestra que son las mujeres quienes terminan ajustándose, desplazándose hacia la informalidad como única alternativa viable.
Ana Fernanda Maiguashca, presidenta del Consejo Privado de Competitividad, advierte que el problema va más allá del empleo. “Casi el 55% de la población que se encuentra en la inactividad laboral se dedica a los oficios del hogar y labores del cuidado. De ese segmento, 90% son mujeres”, explicó.
Para la experta, esta situación evidencia una carga desproporcionada que limita la participación laboral y deteriora las condiciones de quienes logran insertarse en el mercado. “Se requieren espacios formales, seguros y remunerados donde las mujeres puedan dejar a sus hijos”, señaló, al insistir en la necesidad de fortalecer la economía del cuidado.
La falta de esta infraestructura no solo reduce la participación femenina, sino que también afecta la calidad del empleo, al empujar a muchas mujeres hacia ocupaciones sin protección social.
Colombia requiere espacios formales, seguros y remunerados para las trabajadores y el cuidado. Foto:iStock
El análisis también identifica barreras en el sistema de seguridad social. El esquema actual exige, en muchos casos, cotizaciones sobre un salario mínimo completo, incluso para jornadas parciales. Esto termina excluyendo a quienes no pueden vincularse a tiempo completo.
Desde el Consejo Privado de Competitividad se plantea la necesidad de avanzar hacia un modelo más flexible. Entre las propuestas está permitir cotizaciones proporcionales al ingreso real, adaptar los mecanismos de afiliación para facilitar la vinculación en empleos intermitentes y articular estos cambios con una política de cuidado.
Yesica Fernández Malo lo resume en un punto central: “no es posible ampliar la formalidad femenina sin rediseñar simultáneamente el sistema de protección social y la infraestructura de cuidado”.
Las implicaciones económicas de este fenómeno son amplias. La alta informalidad femenina implica una subutilización del capital humano, al concentrar a muchas mujeres en ocupaciones de baja productividad. También reduce la base de cotizantes al sistema de salud y pensiones, lo que afecta su sostenibilidad.
A nivel de los hogares, la informalidad se traduce en ingresos más inestables y menor acceso a protección social. Esto limita la inversión en educación, salud y bienestar, generando efectos que se trasladan a las siguientes generaciones.
En conjunto, los datos muestran que la informalidad femenina en Colombia está directamente relacionada con la forma en que se organiza el tiempo en la economía. A medida que aumentan las responsabilidades de cuidado, el sistema no ofrece alternativas compatibles, lo que convierte la informalidad en un mecanismo de ajuste frente a restricciones estructurales.
LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

















Deja una respuesta