Sentarse en la silla que durante décadas ocupó Fanny Mikey no es fácil, pocas personas han marcado el mundo del arte nacional como ella. Fue muchas cosas que difícilmente se pueden reunir en una sola persona y que como bien dice, Pámela Hernández, la actual directora artística del Teatro Nacional, “lo que ella hacía sola hoy lo hace todo un equipo de trabajo”.
Mikey era actriz, esa era su pasión, había que verla cómo gozaba estar sobre un escenario, pero también era directora, empresaria y eso quiere decir desde directora financiera hasta artística, pasando por publicista y comunicadora, y su último rol y quizás por el que más la recuerda el país gestora cultural. Fue el alma y nervio del Festival Iberoamericano de Bogotá, quizás el evento cultural más importante que tuvo Bogotá, equiparable solo a la Feria Internacional del Libro. Gracias a su activismo, esta ciudad tuvo el lujo de ver grandes compañías del teatro internacional como la Royal Shakespeare Company, el Teatro Negro de Praga o legendarios nombres de la dramaturgia como el actor estadounidense Willen Dafoe y el dramaturgo Robert Wilson, incluso por ese festival pasaron grupos como el legendario Mano Negra, de Manu Chao.
La otra herencia que le dejó a la ciudad fue el Teatro Nacional, que este año cumple 45 años, y la persona que tiene la misión ahora de preservar este gigantesco legado es precisamente Pámela Escobar, una mujer que ha hecho toda la carrera en esa institución. “Yo he hecho el curso completo, desde la producción, lo que quiere decir estar corriendo detrás de bambalinas; he conseguido y gestionado plata. Hice el Festival Estudiantil de Teatro en el 2012. Después asumí la dirección comercial e hice la asistencia de dirección con Nicolás Montero. Hace tres años asumí la dirección artística del teatro y desde que estoy allí quiero mantener esa idea que tenía Fanny de hacer un equilibrio entre arte y entretenimiento. No todo puede ser comedia o música, creo que hay que tener variedad y promover la creación. Además, ha sido maravilloso tener una nueva sede como es el Teatro Nacional Leonardos, que ha tenido un aforo importante, entre 85 y el 90 por ciento”.
Hoy por hoy, el Teatro Nacional es un ejemplo para el sector del entretenimiento, solamente el año pasado registró más de 500.000 espectadores, realizó 1.322 funciones y alcanzó un crecimiento del 16,3 por ciento en ingresos, además de generar más de 830 empleos directos e indirectos, en 2025.
El Teatro Nacional para las nuevas generaciones no es solo el proyecto de una persona, es una institución de la ciudad con un futuro prometedor. En la actualidad los procesos se han tecnificado, los canales de venta son más sofisticados y, sobre todo, se tienen herramientas para comprender mejor a la audiencia.
El Teatro Nacional cumple 45 años. ¿Qué significa eso para usted y para la cultura del país?
Representa una historia fundamental para la cultura colombiana. El Teatro Nacional se ha consolidado como un motor cultural no solo por su permanencia en el tiempo, sino por su crecimiento, la expansión de sus espacios y la construcción de públicos. Desde sus inicios Fanny Mikey nos enseñó que el teatro es de todos y para todos, una idea que sigue vigente en nuestra programación diversa y pensada siempre en la audiencia.
En estos 45 años muchos teatros han hecho crisis. ¿Cuál ha sido la clave para que el Teatro Nacional se mantenga?
Pámela Hernández, directora artística del Teatro Nacional Foto:Cortesia Teatro Nacional
Entender el teatro como una industria cultural responsable. Nos organizamos como una empresa sólida: procesos claros, presupuestos, planeación, responsabilidad con artistas y equipos técnicos. Defendemos una identidad para cada sala y programamos con claridad, pensando tanto en el contenido artístico como en el público al que va dirigido.
¿Cómo se define hoy la identidad de cada una de las salas del Teatro Nacional?
Cada sala tiene un ADN claro. La sede de la calle 71 está enfocada en obras de texto y nuevos formatos; La Castellana, en conciertos y comedias de gran formato; el Teatro Leonardos, en programación familiar y comedias medianas; y la Casa del Teatro Nacional es un espacio para compañías que no tienen sala propia, que fue su razón de ser desde el inicio.
¿Cómo ha cambiado la manera de programar frente a un público que también ha evolucionado?
Hoy no programamos desde gustos personales sino desde el conocimiento de la audiencia. El público rota entre géneros y salas: va a una obra de texto, luego a un concierto y después a una función familiar. Eso nos obliga a ofrecer experiencias distintas, mantener la cercanía y renovar nuestras formas de comunicación.
Usted lleva varios años vinculada al Teatro Nacional. ¿Cómo ha sido su trayectoria dentro de la institución?
Llevo 14 años en el Teatro Nacional. Empecé en producción, relaciones públicas, patrocinios y festivales; pasé por la dirección comercial, donde aprendí a vender teatro y a entender a la audiencia; y desde hace tres años asumí la dirección artística. Conozco el teatro desde todos sus frentes, lo que me permite tomar decisiones con una mirada integral.
El legado de Fanny Mikey sigue muy presente. ¿Cómo se mantiene hoy esa visión?
Fanny fue una gestora cultural visionaria, con una combinación única de mirada artística y empresarial. Lo que antes hacía ella sola, hoy lo hacemos en equipo. Su legado es haber entendido el teatro como arte y como proyecto sostenible, y haber formado generaciones de públicos y creadores apasionados por el teatro.
¿Cómo se equilibra hoy el riesgo artístico con la sostenibilidad económica?
Con planeación y claridad. Cada producción se analiza desde la inversión, el aforo, la audiencia, el mercadeo y la viabilidad. Apostamos por la innovación, pero con responsabilidad. La programación es clave: de ella depende todo.
Actualmente el Teatro Nacional depende principalmente de la taquilla. ¿Cómo se llegó a ese modelo?
Después de la pandemia decidimos fortalecer nuestra autonomía. Creamos nuestra propia etiquetera, desarrollamos canales de venta directos y entendimos mejor a nuestro público. Hoy dependemos casi exclusivamente de la taquilla, lo que nos exige ser muy rigurosos con la programación y la calidad de la oferta.
¿Qué dejó la pandemia en términos de aprendizaje?
Nos obligó a fortalecernos digitalmente y a reinventarnos. Aunque defendemos el teatro como arte vivo, exploramos nuevos formatos, transmisiones y contenidos virtuales. Esa experiencia nos dejó herramientas que hoy son parte del trabajo cotidiano.
¿Cómo se equilibra la dramaturgia internacional con la creación local?
Buscamos un balance. Compramos derechos de obras internacionales exitosas, pero las producimos con talento colombiano. Al mismo tiempo impulsamos la dramaturgia nacional con proyectos como ‘Dramaturgia como semilla’, donde apoyamos a nuevos autores y producimos sus textos.
¿Cómo describiría al público del teatro hoy?
Es un público que busca experiencias, que no se casa con un solo género y que valora el teatro como parte de su vida cultural y de entretenimiento. También es un público que agradece la cercanía y la posibilidad de acceder al teatro sin recorrer grandes distancias en la ciudad.
El proyecto pedagógico ha sido clave en la formación de públicos. ¿Qué papel cumple hoy?
Es fundamental. Llevamos 27 años con el proyecto pedagógico, con funciones para colegios y miles de niños asistiendo cada año. Además, el Festival Estudiantil de Teatro permite descubrir talentos en regiones, fortalecer procesos locales y generar intercambios que transforman vidas.
¿Qué significa para usted ese trabajo con jóvenes y regiones?
Es hacer país. No solo seleccionamos obras, sino que enviamos asesores artísticos a las regiones para fortalecer los procesos. Ver cómo esos jóvenes crecen, se forman y encuentran en el teatro una posibilidad de vida es una de las experiencias más emocionantes y valiosas de todo este trabajo.
Y qué viene para este año
Vamos a tener una programación de alrededor de 36 producciones que equilibran obras de texto, clásicos universales, dramaturgia contemporánea internacional y colombiana, comedias comerciales, teatro musical, improvisación y teatro familiar. En salas como la 71, la Casa del Teatro, La Castellana, el Leonardo y espacios aliados se presentarán obras donde el texto y la dramaturgia son centrales, como Macbeth, Las brujas de Salem, El padre, Doble nada, Con la punta de la nariz y Druk, junto con propuestas de improvisación y nuevos formatos escénicos. Paralelamente, continúan grandes éxitos comerciales como Mujeres a la plancha, Escape Room e Inmaduras.
También le vamos a apostar al Festival Estudiantil con la idea de unir a las regiones, porque también creemos que el teatro debe viajar. Vamos a conseguir los apoyos necesarios para lograrlo. Estoy convencida de que esos chicos merecen tener todas las comodidades logísticas.
















Deja una respuesta