Aprovecho la foto del cantante Iggy Pop descamisado en Coachella 2026, para retomar la discusión de la edad de retiro de los músicos, fecha que cada vez se extiende más gracias al maravilloso avance de la geriatría moderna. No solo la ciencia y los fármacos han permitido a los artistas seguir con su actividad después de la supuesta fecha de caducidad, hay otros factores que inciden en esa tendencia.
El cantante Iggy Pop se presentó en Coachella, el domingo 12 de abril. Foto:AFP
El caso es que, con la tradicional postura desafiante de los rockeros para encender a su público, el cantante se quitó la camisa para dejar ver su aspecto arrugadito de adulto de 79 años, arropado solo por el rock provocativo de su banda. No me alcanzo a imaginar la euforia de sus fans con el gesto de este ícono de los años 70.
Debo confesar que no soy fan de Iggy Pop y no conozco su música, pero muchos amantes de sus éxitos deben estar felices de verlo en escena, así ya no tenga el ímpetu de hace 50 años. Recordar es vivir, dicen por ahí. Muchas de esas bandas de antaño han regresado a los escenarios con más kilos y más experiencia, aunque ya no puedan cobrar las mismas tarifas de su momento estelar. Eso les facilita su venida al tercer mundo, donde los promotores los anuncian como estrellas rutilantes a pesar de que ahora se dedican a tocar su “viejoteca”.
Hoy en día la tolerancia es amplia, pero en esa época estaba prohibido para los artistas comerciales quedar calvos, encanecer y engordar, así conservaran su voz intacta. A pesar de la evolución del siglo XXI, todavía aparecen algunos curadores de festivales a los que su viejofobia no les permite programar adultos en sus eventos.
Los filtros de edad y estilo que ponían las disqueras en sus años de hegemonía, cayeron gracias a la libertad que ofrecen las plataformas de hoy para publicar cualquier cosa. La disponibilidad inmediata de música también ayuda a que cualquier ocurrencia sea escuchada por navegantes desocupados. Ellos acceden de forma gratuita a toneladas de música y no les preocupa pasar días enteros curioseando discografía desconocida.
En el caso de los instrumentistas, la cosa es diferente debido a que a su apariencia no le afecta a su audiencia. Pero igual los años pesan y pasan afectando la agilidad, los reflejos, la memoria y la fuerza, entre otros deterioros de la vejez. Para esos casos, Wynton Marsalis tiene una frase letal, “al maestro consagrado le basta tocar una nota para llegar al corazón del público”.
ÓSCAR ACEVEDO- crítico musical
acevemus@yahoo.com
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