Camilo Vanegas tocó la puerta vestido como agente del Gaula. Y le creyeron. Ese uniforme —símbolo de seguridad— fue la llave que le permitió entrar sin resistencia a una vivienda en la parte alta del sector turístico de Taganga.
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Adentro estaban Edelmil Cantillo y Yanisleida Castillo. Minutos después, los dos quedaron muertos por la falsa autoridad.
Los investigadores indican que se trató de un ingreso calculado, frío, ejecutado con la ventaja y confianza que genera el uniforme de la policía.
Vanegas utilizó prendas de uso privativo de las fuerzas militares para montar una escena creíble. Llegó en taxi, como si se tratara de un procedimiento real. No levantó sospechas. Nadie pensó que detrás de ese uniforme venía un asesino.
Ese fue su primer golpe: engañar. El segundo fue entrar. El tercero, matar.
El plan: matar en silencio
La intención era ejecutar el crimen sin ruido. Llevaba un cuchillo. Quería evitar disparos. Quería salir sin dejar rastro inmediato. Pero el plan cambió dentro de la casa y ahí comenzó la violencia sin control.
En el corregimiento de Taganga, en Santa Marta, hay rechazo por este ataque violento. Foto:Tomada de Google Maps
Yanisleida Castillo fue atacada con arma blanca. La agresión fue directa, sin oportunidad de defensa. El ataque fue suficiente para acabar con su vida dentro de la vivienda.
Pero con Edelmil Cantillo no ocurrió lo mismo. El hombre reaccionó e intentó defenderse.
Ese instante cambió el rumbo del crimen. El supuesto agente perdió el control de la escena. Lo que debía ser un ataque silencioso se convirtió en una secuencia de disparos. Uno tras otro.
Vanegas sacó el arma de fuego y disparó en repetidas ocasiones hasta someter a la víctima. El sonido rompió la calma del sector y expuso lo que ya no podía ocultar. El crimen dejó de ser silencioso y se volvió evidente.
Los disparos que lo delataron
Los vecinos escucharon. Los tiros activaron la alerta en el sector. La comunidad salió, observó y entendió que algo no estaba bien. Un hombre vestido como policía huía de la escena. Ese detalle fue clave.
Las llamadas a las autoridades no tardaron. La descripción coincidía: un supuesto uniformado, armado, escapando en un taxi. La fachada ya no servía.
La huida y la captura
Vanegas intentó escapar en el mismo vehículo en el que llegó, pero no alcanzó.
La reacción policial fue inmediata. El taxi fue interceptado minutos después. En su poder encontraron armas de fuego, municiones y las prendas con las que había ejecutado el crimen.
Camilo Vanegas se hizo pasar por agente de policía para ejecutar el doble crimen. Foto:Redes sociales
Fue capturado en flagrancia. Sin tiempo para desaparecer y sin tiempo para reconstruir su historia. La Policía lo presentó como el responsable del doble homicidio.
Un juez legalizó su captura, respaldado en los elementos materiales probatorios: las armas, el uniforme falso, la huida y los testimonios de la comunidad.
Ahora enfrenta un proceso penal que busca establecer los móviles detrás de un crimen planeado con cautela.
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En Taganga, todos hablan del crimen de dos de sus habitantes. De las causas que pudieron llevar a que ocurriera un hecho de esta magnitud.
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Más de 6.000 uniformados y reforzó los esquemas de seguridad Foto:
















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