Pese a que el presidente Gustavo Petro ha calificado varias veces de «tontería» el crédito que tomó Colombia con el Fondo Monetario Internacional (FMI) ante el desastre de la pandemia, hoy su Gobierno está tomando deudas con tasas del doble a las que tuvo ese crédito que ya se pagó. Este martes, en un foro convocado por el Ministerio de Hacienda, el titular de la cartera, Germán Ávila, dijo que esa deuda se había terminado de pagar.
La decisión de sustituir el financiamiento multilateral del FMI por la emisión de deuda en los mercados de capitales privados ha generado una distorsión en el costo del crédito que hoy presiona las cuentas del Estado.
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Según los especialistas, la Nación ha pasado de pagar tasas de interés históricamente bajas, protegidas por el respaldo de organismos internacionales, a pactar obligaciones comerciales bajo condiciones que resultan hasta casi el doble de costosas.
Las tasas que se están pagando por deuda externa en dólares se han incrementado y han llegado hasta 6,5 por ciento «si tuviéramos acceso a ese crédito en este momento, con la tasa SRI, que es la tasa que maneja el Fondo Monetario, más el spread que cobra a esta línea de crédito flexible, más una comisión, a mí me da que pagaríamos entre el 3,3 y el 3,4, versus un bono que está al 6,5 por ciento», detalló Felipe Campos, gerente de Inversión y Estrategia de Alianza Valores y Fiduciaria
Lo que significa que los intereses actuales son el doble al que se suscribió el crédito con el FMI. «Si hoy Colombia pudiera tomar el mismo préstamo del FMI de 2020, pagaría una tasa de 3,4-3,5 por ciento a 5 años, con pagos de capital concentrados en los años 4 y 5 (en cuotas trimestrales iguales). El desembolso del crédito sería inmediato y sin ninguna condicionalidad impuesta por el FMI. En contraste, hoy el país pagaría una tasa de 6,1 por ciento a 5 años o 5,5 por ciento a tres años en dólares en los mercados internacionales», agregó Andrés Pardo Amézquita, jefe de Estrategia Macro para América Latina en XP Investments.
En pesos, la semana pasada, el Gobierno se comprometió a pagar hasta 13,8 por ciento en una subasta de TES.
De acuerdo con Campos, «en pesos es de 12,5 por ciento a 13,5 por ciento. En dólares entre 4,5 y 6,5 por ciento. La tasa del 13 por ciento es haciendo el paralelo con el negocio hecho con la gestora global Pimco que fue el único comprador de una colocación directa de TES por 23 billones de pesos, pactada a una tasa del 13,15 por ciento, pero la comparación correcta del FMI es con deuda en dólares».
Para los expertos este giro no solo altera el perfil de vencimientos del país, sino que representa un sobrecosto millonario en el servicio de la deuda que limita el margen de maniobra para la inversión pública en los próximos años.
Para Campos, el núcleo del problema es que el gobierno ha «cancelado» o permitido la expiración de un beneficio que no tiene comparación en el mercado abierto.
El experto sostiene que, si el Gobierno Nacional no hubiera renunciado a este crédito, hoy tendría la posibilidad de solicitar los mismos 5.000 millones de dólares que se gestionaron bajo la administración anterior, pero pagando una tasa cercana al 3,5 por ciento. En contraste, las emisiones actuales en dólares obligan a pagar un 6,5 por ciento. «Estamos hablando de una diferencia de 300 puntos básicos que le cuestan al país cerca de 2 billones de pesos adicionales al año«, enfatiza Campos, subrayando que este dinero sale directamente de los impuestos de los colombianos.
El Gobierno anunció el pago del Crédito con el FMI. Foto:Efe
El mito de la condicionalidad y la ‘Tarjeta Platinum’ que tenía Colombia
Uno de los puntos del debate es la supuesta imposición de condiciones estructurales por parte del FMI. Sin embargo Pardo aclara que el instrumento que poseía Colombia era único en su clase.
«Colombia tenía la Línea de Crédito Flexible (LCF), que es como una tarjeta de crédito Platinum, la más lujosa del Fondo. A diferencia de otros créditos, esta no tenía ninguna condicionalidad; no obligaba a hacer reformas ni a cumplir metas de recaudo para usarla», explica Pardo.
La línea que el país mantuvo desde 2009 hasta 2025, «funcionaba como un respaldo de emergencia que enviaba una señal de solidez a los mercados internacionales«, detalló.
«Al activarse en 2020, el crédito se estructuró con una tasa ligada a los indicadores de corto plazo de las economías más fuertes del mundo, lo que permitió que en su momento el costo fuera cercano al 1 por ciento. Al prescindir de esta herramienta, el Gobierno se ha visto obligado a recurrir al mercado tradicional de bonos, donde no existe el subsidio implícito de los organismos multilaterales y donde el inversionista privado cobra una prima de riesgo por la incertidumbre económica local«, explicó
Según comentó Pardo, al activarse en 2020, el crédito funcionó como un salvavidas de bajo costo que el actual gobierno decidió descartar, «obligando a la nación a acudir a prestamistas privados que cobran la totalidad de la prima de riesgo país«.
FMI suspende crédito flexible de Colombia. Foto:Agencias/Mauricio Moreno
Felipe Campos refuerza que el acceso a este crédito era el resultado de un manejo económico estable durante años. «Es como una línea súper exclusiva que es más como un mérito. El gobierno decidió usarla en la pandemia», comentó.
Campos añadió que el diferencial de tasas actual es de más de 300 puntos básicos por debajo de lo que Colombia consigue afuera. Al renunciar a esto, «el país está pagando una penalidad por su propia estrategia de financiamiento«, una situación que Campos describe como un «círculo vicioso» donde la necesidad de dinero fresco se satisface con las tasas más caras del mercado.»
Luis Fernando Mejía, CEO de Lumen Economic Intelligence, complementa esta visión desde una perspectiva de gestión de riesgos.
Para Mejía, la Línea de Crédito Flexible (LCF) del FMI no era simplemente un préstamo, sino que «funcionaba como un seguro: un acceso contingente a recursos, de bajo costo, que no implicaba endeudamiento efectivo si no se utilizaba». Al prescindir de esta herramienta, el país ha tenido que recurrir al financiamiento tradicional, el cual, según Mejía, incrementa directamente la deuda y se realiza a tasas mucho más altas porque debe incorporar la prima de riesgo país. «Más allá del costo, lo más importante es que esa línea actuaba como un seguro macroeconómico que fortalecía la estabilidad y reducía la vulnerabilidad ante choques externos», señala el experto.
Uno de los argumentos centrales del presidente Petro para atacar el crédito del FMI fue su vencimiento a corto plazo, el cual consideraba una trampa financiera heredada. y argumentando que cancelarlo, «Colombia deja de estar sujeta a las condiciones honerosas que el FMI impone a países deudores».
No obstante, el análisis de los flujos de caja revela una contradicción. Andrés Pardo destaca que, entre septiembre de 2025 y enero de 2026, el propio gobierno Petro emitió bonos externos por cerca de 12.000 millones de dólares, de los cuales casi la mitad vencen en plazos de tres a cinco años. «Es contradictorio criticar un préstamo del FMI por ser a corto plazo cuando se contratan montos superiores con los mismos vencimientos, pero a tasas mucho más altas«, apunta el estratega.
Campos profundiza en esta ineficiencia señalando que el gobierno está «pagando deuda con otra deuda» bajo condiciones mucho peores. Campos explica que la tasa variable del FMI, aunque subió por las presiones globales, siempre se mantuvo estructuralmente por debajo de los bonos comerciales. Para el gerente de Alianza Valores, el ahorro perdido de 620 millones de dólares anuales es una evidencia de que la estrategia actual es «financieramente ineficiente«. En sus palabras, el país reemplazó una obligación que terminó costando el 3 por ciento por una nueva deuda que hoy sería del 6,5 por ciento.
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