Tras 13 años de ausencia y múltiples procesos judiciales, Silvia Gette Ponce retomó la rectoría de la Universidad Autónoma del Caribe el lunes 27 de abril de 2026.
Su regreso se da en cumplimiento de un fallo del Juzgado Dieciséis Penal del Circuito de Barranquilla, que desestimó una tutela del Ministerio de Educación y ordenó la restitución de sus derechos.
EL TIEMPO conoció que Gette asume el mando de una institución sumida en una profunda crisis financiera, con activos enajenados y una deuda acumulada que supera los 210 mil millones de pesos, según las denuncias de los representantes de los estamentos de la universidad.
El estado crítico de las finanzas y los activos universitarios
El panorama que recibe a Silvia Gette es, en palabras de Javier Manjarrez, representante de los egresados ante el Consejo Superior de la UAC, desolador.
En diálogo con EL TIEMPO el periodista advirtió sobre la extrema fragilidad financiera que atraviesa la alma mater.
Javier Manjarrez, representante de los egresados ante el Consejo Superior de la Uniautónoma. Foto:Cortesía J Manjarrez
Según Manjarrez, la deuda total de la universidad asciende a los 210 mil millones de pesos, una cifra que se ha disparado en los últimos dos años, con un incremento de 40 mil millones de pesos adicionales en ese periodo.
La situación laboral es igualmente alarmante. El representante señaló que existe un retraso sistemático en el pago de salarios a los trabajadores y una deuda en materia de seguridad social, salud y pensión que ronda los 40 mil millones de pesos.
«La mayoría de los trabajadores, yo diría que el 90% de los trabajadores, no tiene seguridad social en la universidad», afirmó Manjarrez, destacando además que a los profesores catedráticos se les adeudan pagos de hasta siete meses.
A este déficit de capital se suma la pérdida de la infraestructura física que alguna vez fue el orgullo de la institución.
Gran parte de los activos inmobiliarios se encuentran hipotecados o han sido vendidos.
Manjarrez denunció que la mitad del polideportivo fue enajenada por sumas irrisorias, lo que obliga hoy a la universidad a pagar cerca de 40 millones de pesos mensuales en arriendo para utilizar el espacio restante. Del mismo modo, el edificio de posgrados y el parqueadero habrían pasado a manos de entidades bancarias tras gestiones de administraciones anteriores.
La visión de Gette ante una infraestructura deteriorada
En sus primeras declaraciones tras retomar el cargo, Silvia Gette reconoció la gravedad de la situación actual, contrastándola con la época en la que la universidad lideraba proyectos de gran impacto regional. Recordó con nostalgia los años de gestión junto a su fallecido esposo y fundador, Mario Ceballos Araújo, mencionando hitos como la creación del Canal 23, la primera emisora cultural de la Costa y la sede física en Miami, activos que hoy se encuentran desaparecidos o en ruinas.
Silvia Gette Ponce es de nacionalidad argentina. Foto:Leoherrera EL TIEMPO
“Todo era así, todo era maravilloso, todo era bien. Fuimos cofundadores de Telecaribe, o sea, son tantas las cosas que hizo la Universidad Autónoma del Caribe en época de Mario Ceballos, en época de Silvia Gette”, manifestó la rectora. Ante el estado de abandono de la planta física y la burocracia ineficiente que, según denuncias, incluye personal sin funciones claras, Gette utilizó una metáfora directa sobre su plan de acción inmediato.
“Entonces, es cuestión de agarrar una escoba y barrer y que ya no exista. Tenemos que ver de qué manera podemos volver a hacer las cosas, volver a recuperar la credibilidad de la gente”, aseguró.
Gette hizo un llamado a los egresados y allegados a la institución para que «pongan el hombro» en este proceso de reconstrucción. No obstante, su primera prioridad administrativa será evaluar la disponibilidad de fondos para regularizar la salud de los empleados, cuestionando por qué, de haber existido recursos, no se efectuaron los pagos correspondientes.
Un retorno marcado por la controversia judicial
El camino legal para el regreso de Gette ha sido tortuoso y está marcado por una fuerte oposición estatal. Silvia Gette asumió la rectoría por primera vez en 2003, pero su gestión se interrumpió en 2012 por líos judiciales que derivaron en una condena de nueve años de cárcel en 2019 por abuso de confianza calificado y agravado. La Corte Suprema de Justicia confirmó en 2022 que Gette se apropió de un millón de dólares pertenecientes a la universidad.
Silvia Gette en rueda de prensa. Foto:Redes sociales
Sin embargo, un fallo del 8 de abril de 2026 del Juzgado Segundo Penal Municipal de Barranquilla cambió el rumbo de la historia al ordenar el restablecimiento de sus derechos.
El despacho consideró que la condena ya fue cumplida y detectó irregularidades en las actas del Consejo Directivo que, en su momento, nombraron a Ramsés Vargas Lamadrid como su sucesor. Aunque el Ministerio de Educación intentó frenar esta decisión mediante una tutela, el Juzgado Dieciséis Penal del Circuito declaró la acción improcedente el pasado 24 de abril, dejando el camino libre para su reinstalación.
Silvia Gette y Ramsés Vargas Foto:Archivo ET
Pese a retomar el cargo, Gette afirmó que seguirá bajo la tutela del Ministerio de Educación, al que calificó como su «jefe supremo», aunque criticó lo que considera «inexactitudes» en la información que maneja la cartera nacional sobre sus pagos y convenios. «El Ministerio no tenía claro las cosas que habían pasado», sostuvo la rectora, en declaraciones a Emisora Atlántico, la cual también denunció que durante años se le vulneraron derechos fundamentales, incluyendo el pago de su pensión como viuda del fundador.
Deserción estudiantil y amenazas en el horizonte
El desafío de Gette no es solo financiero, sino demográfico. La Universidad Autónoma del Caribe ha experimentado una caída drástica en su número de estudiantes. De un aforo histórico de 14.000 estudiantes, la población actual no supera los 6.400 alumnos.
«Tenemos un déficit de casi el 60, 70% de estudiantes«, precisó Javier Manjarrez. Esta reducción en la matrícula complica cualquier plan de recuperación basado exclusivamente en los ingresos por servicios educativos.
Por lo pronto, la administración de Silvia Gette inicia con la incertidumbre de cómo operar una universidad cuyos activos más valiosos están enajenados y cuya deuda parece superar cualquier capacidad inmediata de pago.
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