La historia de Colombia está atravesada por las marcas que ha dejado la violencia en la vida concreta de comunidades y territorios de nuestro país. No obstante, de forma paralela, aun en esos contextos difíciles, individuos y comunidades han gestado notables dinámicas e iniciativas de construcción de paz.
Ese empeño sostenido confirma que, incluso en medio de las adversidades más grandes, la esperanza ha sido y continúa siendo una fuerza vital que impulsa a las comunidades a mantenerse en pie y a trabajar por hacer real la posibilidad de una Colombia en paz.
En este contexto, los Consejos Territoriales de Paz, Reconciliación y Convivencia (CTPRC) se revelan como espacios donde se ha encarnado esa búsqueda permanente de la sociedad colombiana hacia realidades más justas y pacíficas. Para Monseñor Héctor Fabio Henao, encargado en la Iglesia Católica de las relaciones Iglesia-Estado y quien durante 5 años, desde el Programa ConPaz ha acompañado 132 de estos espacios, “hablar de los Consejos Territoriales de Paz significa hacer eco de las esperanzas de un país que, en medio de las heridas que han dejado décadas de violencia, sigue creyendo que es posible caminar juntos hacia un futuro donde la búsqueda permanente del bien común y el respeto de la dignidad humana sean el centro”.
Una infraestructura de paz
La experiencia concreta de los Consejos de Paz nace en 1998, cuando, como resultado de múltiples ejercicios de incidencia de la sociedad civil en busca de escenarios de participación, fue creado el Consejo Nacional de Paz a través de la Ley 434 de 1998. Esta norma establecía que “la política de paz es una política de Estado, permanente y participativa”.
No obstante ese lejano antecedente, los Consejos Territoriales de Paz cobran una renovada importancia a propósito de la firma del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera (2016), que en su segundo punto, estableció uno de los ejes clave en el proceso de transformaciones para el logro de la paz: “Participación política: apertura democrática para construir la paz”.
Desde el 2020 la iglesia católica ha acompañado estos procesos con el programa ConPaz Foto:Archivo personal
A través del Decreto Ley 885 de 2017, se modificó la Ley 434 de 1998 para responder a los compromisos del punto 2 del Acuerdo Final (2016), y se creó el Consejo Nacional de Paz, Reconciliación y Convivencia (CNPRC) promoviendo al mismo tiempo la creación de los Consejos Territoriales de Paz, Reconciliación y Convivencia (CTPRC) a los cuales se les atribuyó el propósito de materializar el enfoque territorial de la implementación del Acuerdo suscrito entre el Gobierno Nacional y las antiguas Farc.
En medio de esa riqueza de voces que convergían en el CNPRC, Monseñor Henao fue designado por la Conferencia Episcopal de Colombia para participar en esa instancia en la que fue elegido como su presidente entre 2017 y 2019. “Durante ese tiempo asumí con profundo sentido pastoral la tarea de animar el diálogo, propiciar un tejido de confianzas y contribuir a que este espacio desarrollara su misión: ser un escenario plural capaz de sembrar fraternidad, reconciliación, convivencia y paz en Colombia” recuerda Monseñor”.
“En ese momento, desde la Iglesia Católica, con la orientación y el horizonte que nos traza nuestra misión pastoral por la reconciliación y la paz, comenzamos a profundizar en la importancia del fortalecimiento de los Consejos Territoriales de Paz. Había una actividad mucho más sistemática y consistente del CNPRC en lo nacional, pero sentíamos que todavía faltaba mucho camino por recorrer en la activación efectiva de los Consejos Territoriales de Paz como instancias clave para territorializar las acciones, proyectos e iniciativas encaminadas a la implementación del Acuerdo de Paz y, en general, a sembrar una cultura de paz desde y para las comunidades”, agrega.
El Programa ConPaz
Fue en ese contexto, reconociendo los retos y posibilidades de estos escenarios de diálogo y articulación, que en 2020, desde la Iglesia Católica (primero con el Secretariado Nacional de Pastoral Social SNPS y luego desde la Fundación Instituto para la Construcción de Paz- FICONPAZ), se dio inicio, con el apoyo del Departamento de Estado de los Estados Unidos, al Programa ConPaz, una apuesta de acompañamiento cercano, a nivel nacional y territorial, que ha dinamizado y fortalecido estas instancias en sus aspectos técnicos, relacionales y organizativos, como verdaderos puentes de diálogo, reconciliación y transformación, en, desde y con las comunidades y territorios.
De manera que este caminar del Programa ConPaz junto a los Consejos Territoriales de Paz “no es posible entenderlo de manera aislada, sino como expresión de una misionalidad y compromiso que la Iglesia Católica colombiana ha asumido, a lo largo de la historia de nuestro país, en favor de la reconciliación y la construcción de paz”, anota Monseñor.
El acompañamiento de la Iglesia en estos procesos se ha sostenido en valores como “la espiritualidad, la solidaridad, la caridad, la dignidad humana, el bien común, el amor, la esperanza y la subsidiariedad”.
Los Consejos Territoriales de Paz son la instancia de participación más diversa y plural con la que cuenta el país. Son escenarios en los que la sociedad civil (en su heterogeneidad) y las autoridades locales y regionales se encuentran para trabajar por el derecho supremo de la paz. En su proceso de consolidación y funcionamiento, han ido asumiendo un rol clave como infraestructura de paz, al posibilitar que comunidades y Estado tomen decisiones conjuntas, así como responsabilidades y caminos comunes hacia una paz con enfoque territorial.
El Programa ConPaz ha acompañado a 132 Consejos Territoriales de Paz, Reconciliación y Convivencia (CTPRC) en 16 departamentos de Colombia: Arauca, Bolívar, Boyacá, Caquetá, Casanare, Cauca, Cesar, Chocó, Córdoba, Cundinamarca, Huila, Nariño, Norte de Santander, Sucre, Tolima y Valle del Cauca.
Este apoyo se ha expresado en acciones concretas como la asesoría para la elaboración de sus reglamentos internos y planes de acción; la participación en sus sesiones y en la consolidación de iniciativas propias; la facilitación de puentes con las autoridades locales, el relacionamiento con la cooperación internacional, sectores académicos, así como con entidades del orden nacional como la Consejería Comisionada de Paz y el Ministerio del Interior además del fortalecimiento de capacidades.
También se han acompañado ejercicios efectivos de incidencia en políticas públicas (formulación del Plan Nacional de Desarrollo, la Política Pública de Reconciliación, Convivencia y No- estigmatización, el Pacto Político Nacional para un ejercicio de la política sin violencia), en la Implementación del Acuerdo de Paz de 2016, el acompañamiento a nuevos diálogos de paz, desarrollo de acciones humanitarias, ejercicios de mediación de conflictividades, entre otros; así como el apoyo técnico y financiero para la ejecución de iniciativas de paz y el intercambio de buenas prácticas y experiencias, siempre con un enfoque de inclusión de la perspectiva étnica y de género, enalteciendo especialmente el papel de las mujeres en la construcción de paz.
Retos y desafíos
Para Monseñor Héctor Fabio Henao, hay tres reflexiones dirigidas a los Consejos Territoriales de Paz, a las instituciones del Estado, a las organizaciones sociales en sus distintas formas y expresiones, y también a la sociedad civil no organizada, para fortalecer la capacidad de estas infraestructuras de paz.
Un primer llamado es a ser conscientes de que el trabajo en torno a los conflictos sociales implica asumir retos. Sin asumirlos no es posible innovar. Se trata, entonces, de fortalecer creativamente la presencia de la sociedad civil en los Consejos Territoriales de Paz, ampliar la interlocución, abrir espacios a distintas voces y reconocer cuáles son los sectores a los que se debe llegar, así como las formas de trazar rutas que permitan incluirlos, incorporarlos y favorecer un diálogo constructivo que incluya también a la institucionalidad.
La segunda idea tiene que ver con reconocer y construir una visión sistémica y estructural. Es decir, hay que ir evolucionando de entender las realidades locales de manera desarticulada, de una manera fragmentada, para verla mucho más articulada e interdependiente: descubrir que todo está conectado y que, por lo tanto, necesitamos una visión estructural, una visión que sea capaz de vincular las distintas problemáticas y soluciones a ellas.
Y un tercer aspecto clave es que habría que pensar en que es necesario avanzar y profundizar, cada vez más, en el diálogo. Ahí, en buena parte, está la escucha activa: la capacidad de entender las diferencias que hay, pero también las posibilidades para desde ese lugar construir y caminar juntos. La sociedad colombiana necesita una capacidad de diálogo activo desde todos los niveles, para construir horizontes compartidos hacia los cuales sea posible caminar, con esperanza, hacia el bien común.
Epílogo
Como un decisivo aporte a la construcción de paz, esta experiencia ha sido sistematizada recientemente y de forma detallada, bajo el Titulo “Los Consejos Territoriales de Paz, Reconciliación y Convivencia: Anclas de Esperanza en Colombia”* que se asume también como “un homenaje a todos los consejeros y consejeras territoriales de paz, quienes, con paciencia y creatividad, en medio de contextos difíciles y complejos, continúan demostrando que la paz es posible, es necesaria, es una corresponsabilidad y se construye día a día”.
Esta idea resuena con la invitación que ha hecho el Papa León XIV respecto a que “la paz auténtica toma forma a partir de la realidad y en escucha de ella” y su reciente llamado a comprometernos todos con “una paz desarmada, desarmante y perseverante”.
*https://despensadelapazficonpaz.com/wp-content/uploads/2025/12/Consejos-Territoriales-de-Paz-anclas-de-esperanza.pdf
















Deja una respuesta