Durante años, el objetivo fue crecer. Abrir cuentas, sumar usuarios, lanzar tarjetas. Hoy, en el ecosistema fintech colombiano, ese discurso ya no es suficiente para mantenerse en el mercado. La industria entra en una nueva fase, más exigente y menos indulgente: la de demostrar que puede ganar dinero y ser un negocio más que rentable.
Colombia, con más de 400 startups fintech activas, se consolidó como uno de los mercados más dinámicos de América Latina. La digitalización avanzó a gran velocidad y millones de personas accedieron por primera vez a servicios financieros. Pero ese crecimiento, que durante años fue la principal métrica de éxito, ahora enfrenta un escrutinio más duro.
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“La inclusión financiera sólo funciona si escala”, advierte Abdul Assal, director de desarrollo de negocio para Brasil y Colombia en Galileo Financial Technologies. Su diagnóstico refleja el momento del sector, donde crecer ya no es suficiente si no existe una base capaz de sostener ese crecimiento en el tiempo.
El cambio es estructural. Las fintech ya no compiten solo por usuarios, sino por eficiencia. El costo por cuenta activa, la capacidad de procesar transacciones sin fricciones y la gestión del riesgo se convierten en variables críticas. En ese contexto, la infraestructura tecnológica deja de ser un tema técnico y pasa a ser una decisión estratégica.
Pagos sin contactos en BBVA Foto:El Tiempo / cortesía
Muchas compañías que priorizaron velocidad en sus primeras etapas ahora enfrentan tensiones operativas, como mayores costos, complejidad en conciliaciones y presión regulatoria. Lo que antes era una ventaja —salir rápido al mercado— se transforma en un límite cuando el volumen crece.
Al mismo tiempo, la industria vive otra etapa con la integración de inteligencia artificial en la experiencia financiera. No se trata solo de optimizar procesos, sino de redefinir cómo se ejecutan las transacciones.
Un caso reciente marca ese cambio. Por primera vez, una compra fue iniciada dentro de un entorno conversacional y ejecutada en tiempo real mediante un agente digital.
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“Estamos viendo el nacimiento de una nueva capa en la industria de pagos”, explica Antonio Santiago, Gerente de Desarrollo de Negocios de Pomelo. “Los agentes digitales han evolucionado de sugerir qué comprar a poder ejecutar la transacción de forma segura y en tiempo real”.
La implicación es profunda y los servicios financieros dejan de ser un destino y pasan a ser una capa invisible dentro de la experiencia digital del usuario.
Este proceso se da con una consolidación regional. América Latina no solo adopta innovación financiera, sino que empieza a definir tendencias propias.
“La energía, la ambición y la colaboración… reflejan el momento transformador que vive el panorama financiero de América Latina”, señaló Jessica Blue, vicepresidenta Ejecutiva de Money20/20 Americas, durante Fintech Americas 2026.
En Colombia, cerca de 12 millones de personas permanecen fuera del sistema financiero formal. Foto:Apple
Colombia juega un rol central en ese mapa. El país se ha convertido en un hub de expansión para startups tecnológicas, especialmente desde mercados como Chile, donde empresas ven en el mercado colombiano una plataforma para escalar.
“Colombia es un mercado estratégico… donde las empresas pueden escalar sus negocios tanto con inversionistas locales como fuera del país”, afirma Felipe Opazo Araya, director de ProChile en Colombia.
Sin embargo, el impacto real del ecosistema se mide en su capacidad para resolver problemas estructurales. Uno de los más urgentes sigue siendo el acceso al crédito. En Colombia, cerca de 12 millones de personas permanecen fuera del sistema financiero formal.
“En Colombia hay millones de personas que no tienen acceso al crédito formal”, señala Juan Pablo Triviño, director de Trego. “Nuestra misión es ofrecer una alternativa segura, rápida y accesible para quienes hoy están excluidos”.
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Este contraste define el momento actual del sector: innovación de punta conviviendo con desafíos básicos de inclusión.
La adopción de inteligencia artificial, por ejemplo, ya está generando impactos concretos en eficiencia operativa, atención al cliente y prevención del fraude. Pero esos avances dependen de una infraestructura capaz de sostenerlos.
En esta nueva etapa, el crecimiento sin control deja de ser una ventaja. Las fintech que logren convertir volumen en eficiencia serán las que consoliden su posición. Las demás enfrentarán un escenario más complejo, donde cada usuario adicional puede representar un costo, no una ganancia coinciden los expertos.
















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