A sus más de 70 años, el exinternista reconstruye la historia familiar en Solo el tiempo necesario y explora la adicción en El juego del silencio
En la conversación con EL TIEMPO José Humberto Galiano La Rosa hay algo que desarma cualquier intento de encasillarlo. No se presenta como escritor de oficio, aunque lo es; tampoco como académico, aunque su formación y trayectoria lo respaldan.
Habla calmado, con un acento caribeño que genera confianza, refleja sabiduría y experiencia, como quien ha vivido lo suficiente para entender que contar historias no es un lujo, sino una necesidad. Y en ese punto, a sus 72 años de edad, no aparece como una nota al margen, sino como el centro de gravedad de su obra.
Galiano, natural de Chiriguaná (Cesar) y residenciado en Barranquilla, es una de las cartas del Caribe colombiano para presentarse en la 38 edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo 2026), que se realizará del 21 de abril al 4 de mayo en Corferias, con dos novelas que, aunque distintas en tono y tema, dialogan entre sí desde un lugar común: la experiencia acumulada.
‘Solo el tiempo necesario’, una novela histórica sobre la inmigración italiana en el Caribe colombiano, bajo el sello de la Universidad Sergio Arboleda, y ‘El juego del silencio’, editorial Santa Bárbara, un relato que se adentra en la ludopatía, son el resultado de años de observación, lectura y, sobre todo, escucha.
Un narrador con vocación de archivo
No es casual que Galiano haya empezado a publicar en una etapa madura de su vida. Médico internista de formación, con estudios en España y una carrera marcada por el ejercicio clínico, su acercamiento a la literatura no responde a una búsqueda de reconocimiento, sino a una necesidad de ordenar la memoria.
Galiano incursiona en la ficción psicológica con El juego del silencio. Foto:Leoherrera-EL TIEMPO
En su trayectoria profesional, ligada al ámbito de la salud y al contacto permanente con historias humanas, encontró un insumo narrativo que ahora traduce en ficción.
Su perfil es, en ese sentido, atípico dentro del panorama literario. No proviene de talleres de escritura ni de circuitos editoriales tradicionales. Su autoridad narrativa se construye desde la experiencia vital.
“Yo podría escribir un libro de ludopatía”, dice en este diálogo con el corresponsal de EL TIEMPO, casi como quien se justifica, “soy médico internista, pero me he metido mucho en ese campo de la psicología”. Esa frase, más que una aclaración, revela una forma de aproximarse a la escritura: investigar, observar, y luego narrar.
La memoria migrante como materia narrativa
‘Solo el tiempo necesario’ es, en esencia, una reconstrucción de la historia familiar. Pero sería un error leerla únicamente como una crónica íntima. Galiano amplía el foco y sitúa la experiencia de sus padres, inmigrantes italianos que llegaron al Caribe colombiano en la primera mitad del siglo XX, dentro de un contexto histórico más amplio.
FILBO 2026 Foto:Milton Díaz
La novela recorre desde la Italia previa a la unificación, pasando por el período del fascismo, hasta las travesías marítimas que conectaron Europa con América Latina. Ese movimiento no es gratuito: le permite al autor insertar la historia particular en una narrativa global.
“No me limité a contar la historia de ellos”, explica, “me remontó a esa Italia de antes… luego sí, me vine con el viaje en el barco” .
Hay en esa decisión una voluntad de archivo. Galiano no solo quiere contar lo que ocurrió, sino dejar constancia de cómo ocurrió. El detalle de las rutas, Nápoles, Génova, Puerto Colombia, el río Magdalena, y las condiciones del viaje no son decorativos. Funcionan como anclajes de verosimilitud en una historia que, de otro modo, podría diluirse en la nostalgia.
También resulta significativo que el foco esté en los inmigrantes que llegaron a pueblos, no a las grandes ciudades. Mientras buena parte de la historiografía se ha concentrado en Barranquilla, Cartagena o Santa Marta, Galiano dirige la mirada hacia zonas menos documentadas: los pueblos del Caribe.
La ficción como herramienta de comprensión
Si en ‘Solo el tiempo necesario’ predomina la reconstrucción histórica, en ‘El juego del silencio’ el eje es psicológico. La novela aborda la ludopatía desde la experiencia de una médica que cae en el juego compulsivo. El origen del relato, según cuenta Galiano, está en un cuento previo y en el testimonio directo de una colega que vivió esa situación.
FILBO 2026 Foto:Milton Díaz
Lo interesante aquí no es solo el tema, sino la forma en que el autor decide abordarlo. En lugar de escribir un ensayo o un texto clínico, opta por la novela. La ficción le permite explorar zonas que el discurso técnico no alcanza: la culpa, la negación, la caída progresiva.
Para ello, realizó un trabajo de campo poco habitual en escritores: visitó casinos, observó comportamientos, incluso conoció escenarios internacionales como el de Montreal.
Ese cruce entre observación empírica y construcción narrativa es uno de los rasgos más sólidos de su propuesta. No hay improvisación. Hay, más bien, un intento de comprender antes de contar. “Fui a los casinos a ver cómo reaccionaban las personas”, señala . Esa mirada casi clínica se traduce en una narrativa que busca explicar sin moralizar.
La experiencia como punto de partida
En ambas novelas, y en la conversación misma, aparece un tema transversal: el tiempo. No solo como recurso narrativo, sino como experiencia vital. Galiano escribe desde la vejez, pero no sobre la vejez. Sin embargo, su edad condiciona la forma en que observa el mundo.
El autor rescata la historia de la migración italiana en el Caribe en ‘Solo el tiempo necesario’. Foto:Leoherrera – EL TIEMPO
Hay una reflexión implícita sobre el retiro, sobre el vacío que enfrentan muchas personas al terminar su vida laboral.
En el caso de El juego del silencio, ese vacío es uno de los detonantes de la adicción. “El problema no es retirarte… es qué haces después”, sugiere en la entrevista . Esa observación, aparentemente lateral, conecta con una preocupación social más amplia.
En ese sentido, sus novelas pueden leerse también como una advertencia: la falta de preparación para el retiro puede derivar en formas de escape poco saludables. Pero Galiano no se queda en el diagnóstico. Su propia trayectoria es, de alguna manera, una respuesta: escribir como forma de llenar ese vacío.
Un narrador nato
La llegada de Galiano a la Feria del Libro no es la de un autor emergente, sino la de alguien que ha decidido, en un momento avanzado de su vida, poner en orden sus historias. Sus cargos profesionales, su formación médica y su tránsito por distintos países no aparecen como credenciales, sino como capas que enriquecen su escritura.
No hay en su discurso una pretensión literaria evidente. Más bien, una convicción sencilla: las historias valen la pena si están bien contadas. Y en su caso, están atravesadas por algo que no se improvisa: el tiempo.
Esa es, quizás, la clave para entender su obra. No se trata de novelas perfectas en términos formales, sino de relatos que cargan con el peso de la experiencia. En un contexto donde la inmediatez suele imponerse, la voz de Galiano introduce una pausa. Y en esa pausa, hay una forma distinta de narrar el mundo.
















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