Una investigación independiente acaba de arrojar nueva luz sobre uno de los episodios más oscuros de la guerra en Sudán y, de paso, sobre el papel que han desempeñado los ciudadanos colombianos en ese conflicto.
LEA TAMBIÉN

El reporte, elaborado por la organización de análisis de seguridad Conflict Insights Group (CIG), documenta con un nivel de detalle inédito cómo una red de mercenarios colombianos, respaldada por Emiratos Árabes Unidos, brindó apoyo militar clave a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), la milicia paramilitar que en octubre de 2025 logró capturar la ciudad de El Fasher, en Darfur del Norte.
LEA TAMBIÉN

Según la investigación, el apoyo no fue marginal. De acuerdo con el estudio, los colombianos operaron drones, entrenaron combatientes y estuvieron presentes en terreno durante la ofensiva que culminó con la caída de la ciudad, un episodio que la Fiscalía de la Corte Penal Internacional y expertos de Naciones Unidas han vinculado con crímenes de guerra y posibles crímenes de lesa humanidad, incluso con «rasgos de genocidio«.
Presencia del Dispositivo 3 en el aeropuerto de Nyala, Darfur del Sur, 2025. Foto:Captura de pantalla / Conflict Insights Group
El informe de CIG, titulado Blood Money (Dinero de Sangre), es especialmente relevante porque, a diferencia de reportes previos, afirma haber encontrado evidencia directa que conecta a Emiratos Árabes Unidos con estas operaciones, algo que ese país ha negado de manera sistemática.
«Este es el primer estudio en el que podemos probar con certeza la implicación de Emiratos Árabes Unidos. Estamos haciendo público lo que los gobiernos han sabido durante mucho tiempo, que existe un vínculo directo entre Abu Dabi y las RSF”, afirma en el documento Justin Lynch, director de la organización.
LEA TAMBIÉN

¿Cómo hallaron las pruebas que vinculan a mercenarios colombianos con guerra en Sudán?
Conflict Insights Group es una firma especializada en el análisis de conflictos armados que utiliza herramientas de inteligencia de fuentes abiertas, tecnología comercial de rastreo y análisis de datos para reconstruir las dinámicas de guerra.
En este caso, su metodología se basó en el seguimiento de más de 50 celulares que, según el reporte, pertenecían a mercenarios colombianos activos en Sudán entre abril de 2025 y enero de este año.
Este es el primer estudio en el que podemos probar con certeza la implicación de Emiratos Árabes Unidos. Estamos haciendo público lo que los gobiernos han sabido durante mucho tiempo
A esto se sumaron datos de vuelos, imágenes satelitales, videos en redes sociales y literatura académica para armar un rompecabezas que revela rutas, roles y conexiones.
El rastreo de estos dispositivos permitió reconstruir lo que el informe describe como una «tubería» o corredor logístico que conecta Colombia con Emiratos Árabes Unidos y, de ahí, con el teatro de operaciones en Sudán.
El teléfono que viajó desde Colombia hasta Sudán
Mercenarios colombianos en Sudán. Foto:mercenarios
En uno de los casos, los investigadores siguieron un teléfono desde Colombia hasta el aeropuerto internacional Zayed en Abu Dabi, y luego hasta una instalación militar en Ghayathi, identificada como un centro de entrenamiento clave. Allí detectaron otros cuatro dispositivos configurados en español, un indicio consistente con la presencia de personal colombiano.
Desde ese punto, varios de los teléfonos viajaron a Sudán. Dos de ellos terminaron en Darfur del Sur y uno en Nyala, considerada la capital de facto de las RSF y un centro neurálgico de operaciones de drones.
En esa ciudad, los dispositivos se conectaron a redes wifi con nombres como «ANTIAÉREO», lo que, según el informe, sugiere funciones directamente vinculadas a sistemas de defensa y ataque.
Nyala, el polémico centro de las operaciones con drones
Presencia del Dispositivo 1 en Darfur del Sur entre el 11 de febrero y el 25 de junio. Foto:Captura de pantalla / Conflict Insights Group
Nyala emerge como un nodo clave en el reporte. Allí, CIG documentó una actividad significativa de drones y la presencia de más de 40 dispositivos en español.
«Nyala es un centro prominente para mercenarios colombianos y operaciones de drones de las RSF”, señala el documento, que también incluye otro estudio de caso aún más contundente.
En ese segundo ejemplo, un teléfono fue rastreado desde Colombia hasta El Fasher, justo durante el periodo en que la ciudad cayó tras un asedio de 18 meses.
Nyala es un centro prominente para mercenarios colombianos y operaciones de drones de las RSF
Mientras estaba en El Fasher, el dispositivo se conectó a una red wifi llamada «ATACADOR». Otros teléfonos asociados a mercenarios colombianos también fueron identificados en la zona durante la ofensiva.
El reporte concluye que la participación de estos combatientes fue determinante.
«CIG evalúa que la red de mercenarios colombianos respaldada por Emiratos Árabes Unidos comparte responsabilidad por estos resultados”, afirma el documento. Según Lynch, «la magnitud de las atrocidades y del asedio en El Fasher no habría ocurrido sin las operaciones de drones que proporcionaron los mercenarios».
¿Qué hacían exactamente los colombianos en Sudán?
El ejército de Sudán confirmó la baja de 22 mercenarios colombianos. Foto:EFE
Los colombianos, de acuerdo con la investigación, operaban dentro de una unidad conocida como la brigada Desert Wolves (Lobos del Desierto), desempeñando roles como pilotos de drones, artilleros e instructores.
Algunos de los dispositivos rastreados se conectaron a redes wifi con nombres como «DRONES» y «LOBOS DEL DISIERTO» (sec) -con errores ortográficos incluidos-, lo que refuerza la identificación de la unidad.
Álvaro Quijano, el excoronel colombiano encargado de recluir combatientes
Este es uno de los documentos encontrados en Sudán. Foto:Archivo particular.
El reporte también vincula esta brigada con el excoronel del Ejército colombiano Álvaro Quijano, quien, según investigaciones previas, estaría basado en Emiratos Árabes Unidos y habría sido una pieza clave en el reclutamiento de combatientes.
Su nombre no solo aparece en el ecosistema descrito por CIG, sino también en las acciones del gobierno estadounidense.
En diciembre de 2025, el Departamento del Tesoro de EE. UU., a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), sancionó a Quijano señalándolo como uno de los principales articuladores de una red dedicada a reclutar exmilitares colombianos para enviarlos a Sudán.
Los colombianos, de acuerdo con la investigación, operaban dentro de una unidad conocida como la brigada Desert Wolves (Lobos del Desierto), desempeñando roles como pilotos de drones, artilleros e instructores.
Según Washington, el exoficial coordinaba la contratación de estos hombres, muchos de ellos con experiencia en combate, para desempeñarse como pilotos de drones, artilleros e instructores al servicio de las RSF.
En esa misma acción también fueron incluidas empresas utilizadas como fachada para el reclutamiento y pago de los mercenarios, varias de ellas registradas en Emiratos Árabes Unidos, que servían como vehículo para canalizar contratos y salarios.
Estados Unidos, tras la mira de los mercenarios colombianos en Sudán
Ataque de RSF en Al Fasher, en Sudán. Foto:Redes sociales
Una segunda ronda de sanciones, anunciada la semana pasada, amplió el alcance contra nacionales colombianos y compañías asociadas a estas redes, reiterando que estos actores «han facilitado apoyo material» a las RSF, incluyendo en operaciones clave como la ofensiva sobre El Fasher.
Hasta ahora, el gobierno estadounidense ha sido explícito en dos puntos. Que combatientes colombianos desempeñaron un papel en el terreno, incluso en la toma de esa ciudad, y que existe una estructura organizada de individuos y empresas dedicada a reclutarlos y financiarlos.
Según documentos obtenidos por CIG, los Desert Wolves eran pagados por una empresa con sede en Emiratos Árabes Unidos que tiene vínculos documentados con altos funcionarios del gobierno emiratí.
Sin embargo, había evitado establecer de manera directa el vínculo con los Emiratos Árabes Unidos, que ahora documenta con mayor contundencia el reporte de Conflict Insights Group.
El financiamiento y la estructura empresarial detrás de esta operación también figuran en el informe.
Según documentos obtenidos por CIG, los Desert Wolves eran pagados por una empresa con sede en Emiratos Árabes Unidos que tiene vínculos documentados con altos funcionarios del gobierno emiratí.
Esta conexión es clave, pues refuerza la tesis de que el apoyo no era simplemente privado o marginal, sino que podría estar respaldado por estructuras estatales o paraestatales.
LEA TAMBIÉN

La red de influencia de Emiratos Árabes Unidos iría más allá de Sudán
El alcance geográfico de la red no se limita a Emiratos y Sudán. CIG identificó dispositivos en español en un puerto de Somalia vinculado a Emiratos Árabes Unidos y en una localidad del sureste de Libia que, según el informe, funciona como centro logístico para el flujo de armas hacia las RSF. Todo esto apunta a una red regional más amplia de apoyo militar.
En cuanto al número de colombianos involucrados, las estimaciones previas hablaban de «cientos», una cifra que el reporte no contradice pero tampoco precisa con exactitud.
Lo que sí deja claro es que su rol fue altamente especializado y, por tanto, estratégico.
La mortal guerra con ‘rasgos de genocidio’ que se libra en Sudán
Guerra en Sudán Foto:@AngelVazquez40
El contexto en el que se produce esta revelación es una guerra que ha devastado a Sudán desde hace tres años, enfrentando al ejército regular con las RSF.
El conflicto ha dejado decenas de miles de muertos y ha provocado el desplazamiento de millones de personas, lo que muchos organismos internacionales consideran la peor crisis humanitaria del mundo en la actualidad.
El papel de actores extranjeros ha sido señalado desde hace tiempo como un factor clave en la prolongación de la guerra.
La caída de El Fasher, en particular, marcó uno de los momentos más violentos del conflicto. Investigadores de Naciones Unidas han descrito los hechos como portadores de «rasgos de genocidio», mientras que la Fiscalía de la Corte Penal Internacional ha concluido que allí se cometieron crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.
El papel de actores extranjeros ha sido señalado desde hace tiempo como un factor clave en la prolongación de la guerra. Analistas coinciden en que el apoyo externo, tanto a las RSF como al ejército sudanés, ha permitido que el conflicto se mantenga y escale.
En ese sentido, lo que aporta el reporte de CIG es una pieza adicional, y particularmente concreta, a ese rompecabezas.
Emiratos Árabes Unidos insiste en rechazar los señalamientos
Los desplazados por la guerra llegan por miles a campos de refugiados como el Al-Affad (foto), 2026. Foto:Getty Images
La reacción oficial de Emiratos Árabes Unidos, hasta ahora, ha sido de rechazo. El país ha calificado en ocasiones anteriores estas acusaciones como «falsas e infundadas» y ha condenado «en los términos más enérgicos» las atrocidades cometidas en El Fasher.
En Colombia, el tema no es nuevo, pero sí ha generado una creciente preocupación. El presidente Gustavo Petro llegó a describir a estos combatientes como «espectros de la muerte» y calificó su reclutamiento como una forma de trata de personas.
Pero el nuevo reporte podría reavivar el debate sobre la responsabilidad del Estado colombiano ante la participación de sus ciudadanos en conflictos externos.
En última instancia, el informe de Conflict Insights Group no solo aporta detalles operativos sobre cómo se libró una batalla, sino que también plantea preguntas más amplias sobre la privatización de la guerra, el papel de los Estados en la sombra y la responsabilidad compartida en conflictos en los que las líneas entre lo oficial y lo clandestino se vuelven cada vez más difusas.
LEA TAMBIÉN

SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington
@sergom68
















Deja una respuesta