La exalcaldesa de Bogotá Claudia López habló con el director de EL TIEMPO, Andrés Mompotes, sobre el rumbo de su campaña presidencial, sus principales propuestas y la creciente polémica por los debates entre candidatos.
López defendió que los debates presidenciales deben ser organizados por los medios y sin condiciones impuestas por los candidatos. En materia de seguridad, planteó una reforma judicial para combatir la impunidad con penas de cárcel para todos los delitos y la creación de policías locales de convivencia en grandes ciudades, enfocadas en atender hurtos, riñas y casos de violencia de género.
Sobre los grupos armados, sostuvo que tanto el Eln como las disidencias deben ser tratados como organizaciones criminales, sin estatus político y bajo el mismo marco jurídico de otras estructuras ilegales.
En economía, propuso descentralizar el Estado y fortalecer la inversión en las regiones, junto con una regla fiscal ligada al crecimiento que permita reducir gradualmente el impuesto de renta a empresas, en especial a las pymes, mediante una sola reforma tributaria en el cuatrienio.
En salud, aseguró que pondría fin a la intervención a las EPS y buscaría retornar a un sistema mixto con mayor regulación de precios, incluyendo un fondo de rescate para garantizar tratamientos y una red de entrega de medicamentos apoyada en droguerías de barrio.
Una de las noticias políticas de la semana fue que finalmente Iván Cepeda decidió aceptar debates, pero sin Sergio Fajardo ni usted. ¿Qué piensa hacer si finalmente hay debate y usted queda por fuera?
Claudia López es una de las figuras del centro. Foto:Sergio Cárdenas EL TIEMPO.
Francamente, creo que ni los medios de comunicación ni la ciudadanía se van a dejar censurar. En una democracia, son muy importantes los debates. Son el medio a través del cual los ciudadanos se informan. En un debate, además, tienen la oportunidad de comparar y contrastar, que es superimportante. Los debates, en todas las democracias, los organizan los medios de comunicación, no los candidatos con condiciones. Uno no dice: ‘ay, pregúnteme de esto, y de esto, no’. Eso no es democrático. Francamente, extraño al Cepeda demócrata, con el que organizamos debates de control político en el Congreso. Ahora está bastante arrogante y sobrado. Cree que puede ponerle condiciones a todo el mundo. Lo que pasó es que la semana pasada se hizo el primer debate televisivo en horario prime. Salió superbién. De la Espriella y Cepeda creían que si ellos no iban, los medios de comunicación no iban a hacer debates, y resulta que sí los hicieron. Más de 7 millones de colombianos lo vieron. Y ahí sí salieron a decir: ‘sí queremos ir a debates, pero con condiciones’. Eso no es democrático. Invito a EL TIEMPO, a Citytv, a todos los medios de comunicación, a que sigan haciendo debates con imparcialidad y con reglas. Los candidatos decidirán si llegan o no, pero no nos van a censurar. Si así son de candidatos, imagínense cómo serían de presidentes.
¿Le va a salir bien esta posición a Iván Cepeda?
Creo que no. Se va a quedar solo con su bobada, y el resto de los medios de comunicación van a seguir haciendo debates. Además, vi que De la Espriella, que estaba en la misma tónica, finalmente reculó y publicó una carta diciendo: ‘pongan los medios las condiciones y yo llegaré’. De manera que el único que se quedó en esa cantata, bastante arrogante, es Iván Cepeda. Por supuesto, nadie se va a dejar censurar ni chantajear por él.
Si organizara un debate, ¿con qué tema empezaría la discusión?
Si uno se guía por lo que la gente le dice en la calle, sin duda la seguridad, que es la principal preocupación. Uno va a las ciudades más grandes y a las más chiquitas, y lo primero que le dicen a uno es algo sobre seguridad. Estamos azotados con que nos roben, con que nos extorsionen. Estamos preocupados. Ya no sabemos si mandar a nuestros hijos a las escuelas, le dicen a uno en el Cauca, porque los van a reclutar.
Dice usted que el primer tema sería seguridad. ¿Cuál es su propuesta para sus primeros 100 días?
En los primeros 100 días hay que reorganizar el Estado. Yo he apoyado todos los procesos de paz. Fui alcaldesa y tuve que enfrentar, como todos los alcaldes de Colombia, el dolor de que uno captura a los ladrones y los dejan libres. Lo primero que hay que hacer es una reforma judicial contra la impunidad. La ley en este país es injusta. Dice que si a sumercé le roban 5 millones de pesos o menos, eso es menor cuantía. Por lo que llevan al ladrón a una estación de policía, le pegan en la manito, le dicen ‘eso no se hace’, le ponen una anotación y vuelven y lo sueltan. Esa impunidad no la resiste ninguna democracia. La reforma judicial que haré como presidenta dirá que todo delito tiene una pena en la cárcel, restrictiva de la libertad, con segundas oportunidades y sin violación de los derechos humanos. Pero no puede ser que robar se convierta en un deporte. Si es con un arma, tiene una pena mayor, porque no le querían robar el celular, le querían quitar la vida, y si hay reincidencias, cometen el mismo hurto, robo o extorsión varias veces, mucha más alta la pena. Cualquier colombiano entiende que esto es sentido común. La ley colombiana no tiene sentido común y promueve la impunidad, y por eso hay que cambiarla. Segunda cosa: Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Cartagena –ciudades de más de un millón y medio de habitantes– podrán tener su propia policía local de convivencia.
Claudia López con el director general Andrés Mompotes. Foto:CEET
A uno como alcalde le toca lidiar con las basuras, el ruido, las riñas, las lesiones, el hurto, la violencia contra las mujeres. Todo eso es parte de la seguridad ciudadana y nadie se ocupa de eso, porque todos esos delitos que afectan la seguridad ciudadana le parecen poca cosa a la Policía.
¿Quién controlaría a esa policía?
Las alcaldías, como pasa en España, como pasa en Argentina, como pasa en Brasil, donde hay policías locales. Yo creo que Colombia no está preparada para que todos los municipios tengan policías locales, porque hay sitios donde mandan el ‘clan del Golfo’, el Eln, las disidencias, pero las cinco ciudades más grandes de Colombia tienen la capacidad fiscal, la necesidad y la posibilidad. Entonces, la policía local se encargaría de hurto para abajo, temas de convivencia y seguridad ciudadana. La Policía Nacional se encargaría del narcotráfico, el sicariato, el crimen organizado, las cosas más grandes. Es distribuirnos las tareas. En esas cinco ciudades vive la mitad de la población de Colombia. No somos el único país de malas que tiene narcotráfico y crimen organizado. Eso les pasa a todos los países, pero nosotros somos los únicos tontos que creemos que se van a desmovilizar con gabelas políticas de ‘paz total’. Eso es un absurdo. A esa gente la política le importa un pito, lo único que les importa es la plata. En el mundo entero los combaten con unos delitos que tienen un régimen garantista y otros que no. El crimen organizado, las rentas criminales, la gente que está atentando no solamente contra la ciudadanía, sino contra el Estado, tiene un régimen menos garantista. Y se establecería un fiscal antimafia, que no es un funcionario político que hace ‘pactos de La Picota’ ni de la ‘parapolítica’, nada de eso. Es un funcionario judicial que hace negociaciones judiciales de sometimiento a la justicia, individuales o grupales. A cambio de que entreguen las armas y la plata, negocian diferentes tipos de penas. Así se hace en Estados Unidos. Cuando extraditamos a un narcotraficante, así como se los estoy describiendo, así se hace.
A esos otros grupos, los que todavía reclaman un origen político, ¿les daría opción?
No. A mí no me importa el Eln como nació, sino cómo es hoy. Eso es lo que nos debe importar. ¿Cómo opera el Eln hoy? Posan de guerrilla en Colombia y son un grupo narcoparamilitar en Venezuela. Tienen impunidad allá y nos hacen la vida a cuadritos aquí. Cruzó por Venezuela con total impunidad y cometió la mayor masacre en la historia de Colombia, más de 90 homicidios en un fin de semana, más de 100.000 personas desplazadas. Eso es el Eln hoy. Razón por la cual no tenemos por qué tener un régimen jurídico distinto. Debe ser el mismo para ellos, para el ‘clan’ o para las disidencias. A las disidencias les dieron la oportunidad de entregar las armas y siguieron delinquiendo o volvieron a delinquir. Hasta luego. El acuerdo de paz decía con toda claridad que si volvían a delinquir, no les íbamos a reconocer ningún carácter político, sino a enfrentarlos. Esa es una parte de la seguridad, pero no es toda la política. La otra parte es que nuestros campesinos no se queden viejos y en pobreza en el campo, que tengamos un sistema con las gobernaciones para crear unas agencias de comercialización y desarrollo agropecuario y les garantizamos asistencia técnica, crédito barato y precio de compra garantizado. Colombia no va a tener paz y seguridad si lo único que se compra con certeza en el campo colombiano es la coca o el café. Tenemos que comprar el cacao, las frutas, la papa, la cebolla, organizar la producción para que nadie se quiebre por sobreproducción y darle un precio de compra garantizado al campesino. Y que la gente tenga oportunidades, que haya un sistema de apoyo a la pequeña y mediana empresa.
El que sea presidente va a encontrar la olla raspada. ¿Cómo se supera eso?
Organizando la casa. De verdad, esta casa se está cayendo, está inundada de ratas, cucarachas; cada quien entra y se lleva una ventana, se endeuda como si no hubiera mañana. Hay un loco administrando la casa que dice: ‘no me alcanza la plata, porque o tengo corrupción, o no hago recaudo o espanto al sector privado. Entonces paso un ‘tarjetazo’. Y a la siguiente saca otro ‘tarjetazo’ y, como ya nadie le presta, entonces fue al ‘gota a gota’ y se está endeudando al 13 % en dólares. Y resulta que cuando el Gobierno se endeuda, todos lo tenemos que pagar. Cada vez que el Gobierno emite una deuda, 41 millones de colombianos mayores tenemos que pagar esa deuda. Entonces toca llegar a parar la corrupción, parar la burocracia, parar el gasto político, que está disparado, organizar y decir: ‘no, no vamos a seguir a estas tasas’. Al contrario, vamos a hacer un plan de reorganización del Estado. Apoyaremos más la inversión en las regiones, en vez de tener ‘corbatas’ de prestación de servicios haciendo política en Bogotá. Vamos a descentralizar Planeación Nacional para que sea regional y trabaje con los alcaldes y gobernadores. Vamos a hacer un pacto de una nueva regla fiscal y de crecimiento. Si con todo este despelote estamos creciendo al 3 y al 3,5 %, yo les quiero proponer a los colombianos que si crecemos al 4 % y sube un poquito la productividad privada, bajamos dos puntos de renta. Los impuestos para los pequeños y medianos empresarios en Colombia son brutalmente altos. Y si seguimos por esa senda y damos unas buenas señas de para dónde vamos, si crecemos al 5 %, podríamos bajar otros dos puntos de renta. Entonces, mi regla fiscal, que la tengo que adoptar tan pronto llegue a la presidencia para ordenar la casa, consiste en decirle al empresariado: ‘solo voy a hacer una reforma tributaria en el cuatrienio y esa va a tener esta regla fiscal y de crecimiento’. Nos vamos a poner de acuerdo en cómo vamos a crecer y cómo vamos a ir bajando el impuesto de renta, que les pega muy duro a los pequeños y medianos empresarios. Lo otro que les voy a decir es que tenemos la tecnología y la capacidad para que el registro mercantil sea gratuito, público y en línea. Actualmente, uno va a abrir un negocio y cobran 3’800.000 pesos por el registro mercantil. ¿O sea, no has producido un peso y ya te están cobrando dos salarios mínimos por hacer un papel que se puede tener en línea? Eso no tiene sentido. Y cero corrupción. Ustedes me vieron gobernar en Bogotá. Tengo muchos defectos, pero tengo las manos limpias y el carácter claro. No tengo un solo escándalo de corrupción. Entonces, no nombraré a gente indecente y no andaré botando a los ministros. Este gobierno tuvo en promedio siete ministros por cartera. Ordenaremos la casa nombrando un equipo decente, sin corrupción, controlando la deuda pública, que toca pararla, y dando estas señales de que vamos a crecer, recaudar más con menos tasa impositiva, pero con más base, y recaudando con seriedad y rigor.
La salud es el otro gran dolor de los colombianos en este momento. ¿Cómo haría en sus primeros 100 días para atender la crisis?
Claudia López Hernández.Fotos: Sergio Cárdenas | El Tiempo Crédito: CEET Fotógrafo: Foto:Sergio Cárdenas EL TIEMPO.
A mí me duele mucho eso porque hace apenas seis años, en 2020, llegó el covid-19, y el sistema mixto, público y privado, que teníamos, funcionó. Al trabajar de la mano, sacamos normas con condiciones de cero corrupción. Vamos a tener precios únicos, vamos a tener precios estandarizados, pago a 60 días, auditoría. Ustedes entraban a Salud Salud y reportaban información diaria que nos daban los hospitales. Si lo pudimos hacer en pandemia, ¿por qué no lo podemos hacer ahora?
¿Esa experiencia que nos cuenta de la pandemia quiere decir que el sistema actual puede funcionar?
El sistema no era perfecto. Aquí no vamos a tapar el sol con un dedo. Aquí había EPS que se robaban la plata. Había corrupción, había gente que usaba plata de la salud para comprar canchas de golf y edificios. La gente en la zona rural tenía un carnet de afiliación a una EPS, pero no tenía servicios. El sistema no era perfecto, pero el sistema funcionaba mucho mejor que ahora. El Gobierno Nacional cogió el sistema de salud de los maestros, que era un régimen especial, y se lo tiró por completo. El sistema de salud de los maestros fue el conejillo de Indias. El déficit se disparó en dos años en más de 2 billones de pesos. Las cuentas son en papel, se roban la plata de la salud de los maestros a manos llenos y no les bastó eso. Trasladaron ese experimento al sistema general con el decir de que si era público iba a funcionar mejor. Hoy no funciona mejor. Hoy tenemos menos tratamientos, menos medicamentos, más filas, más esperas, más corrupción. Yo sí voy a volver al sistema mixto, a ese que tuvimos en pandemia, con auditoría, con sistemas de información en línea, con precios fijos. Ese cuento de que las EPS pueden competir entre ellas no existe en 1.000 municipios de Colombia, porque hay un solo operador. Si usted las deja que fijen los precios, pues va a esquilmar a la gente y al sistema; entonces, hay que regular los precios. Eso es parte de la función pública que hay que hacer: precios unificados. Pero es tal el despelote que de la poca plata que haya tenemos que llegar a hacer un fondo de rescate, para que a la gente le vuelvan a dar sus tratamientos. Yo soy sobreviviente de cáncer. Cuando a la gente le niegan o le dilatan una quimioterapia, la están matando. A la gente le niegan insulina hasta que la diabetes lo termina dejando sin pies, sin vista o sin riñones, y entonces termina en diálisis. Con la vida de la gente no se juega. Vamos a crear un fondo de rescate para tratamientos, para involucrar a las droguerías de barrio. Con un buen sistema en línea, pueden entregar los medicamentos en la droguería más cercana en vez de hacer ir a la gente.
¿Mantendría la intervención de las EPS?
No. La intervención lo único que ha hecho es disparar la corrupción, las quejas y las demoras. Toca poner unas reglas muy claras, ponerlas en una administración que, con unas reglas y con una auditoría, les digamos: ‘me tienen que cumplir estas metas, hágale y vamos vigilando’. Pero el Estado prestando todos los servicios ha sido infinitamente más ineficiente. Hay que poner unas reglas claras y auditoría, pero hay que procurar que el sistema vuelva a tener sus propios operadores y administradores. Ahora, hay una cosa en la que yo sí creo que el Gobierno Nacional tenía razón, y es que en buena medida la pelea ha sido por la plata de la salud, no por la salud. Nosotros le pagamos 1’400.000 pesos a cada EPS por el plan de seguro de salud anual de una persona, y se lo damos por anticipado. Administrar esa plata de millones de usuarios genera una renta financiera enorme, que es en sí mismo un gran negocio. Entonces, para muchos, se les volvió un negocio administrar la plata de la salud y hacer integración vertical. Entonces dicen: ‘yo cuido a la gente en Chapinero, pero no presto servicios en Sumapaz. Me quedo con la plata, pero no le llevo servicios hasta allá’. Todos esos abusos son los que hay que acabar. Yo quiero decir con claridad que nosotros vamos a tener un sistema mixto de aseguramiento en salud, con aseguramiento sin ánimo de lucro. Se acabó la guachafita de que con la plata de la salud se hacen negocios. En eso, el presidente Petro tiene razón. Ahora, la solución no fue la adecuada y terminó empeorando el sistema.
Hay una foto muy famosa en la que usted está al lado del hoy presidente Petro, con diez mandamientos políticos, uno de los cuales decía: No convocaré a una constituyente. ¿Qué piensa de que hoy Petro esté convocando una?
El presidente Gustavo Petro tras su reunión con Delcy Rodríguez. Foto:AFP
Esos diez mandamientos, no sobra decirlo, no se me ocurrieron a mí, sino a Mockus. Con él votamos por Petro en el 2018 y 2022. Mockus dijo: ‘obviamente, vamos a apoyar a Petro, pero Petro es Petro. También es un tipo vergajo, sectario, caudillista, que se cree la solución de todo. Por eso pongámosle diez mandamientos’. Y ahí estaban los mandamientos de apoyar al sector privado, la pequeña y mediana empresa, el de cero corrupción, el de implementar los mandatos de la consulta anticorrupción y el de no hacer una constituyente. ¿Por qué lo pusimos? Primero, porque creemos que el problema de Colombia no es la Constitución del 91, que es de las más progresistas; nadie nos la regaló. No fue un regalo de las élites colombianas; fue a pesar de las élites bipartidistas y tradicionales de Colombia que logramos una Constitución superprogresista. Y si la ponemos en manos de un mundo polarizado, sectario, de pronto terminamos con menos derechos y menos Constitución de lo que teníamos en el 91. En ese momento, en 2018, temíamos con Mockus –y yo sigo temiendo– que realmente todo el rollo de la constituyente es para que vuelvan a meter el artículo de la reelección para que Gustavo Petro vuelva en el 2030. Y yo les digo: el articulito de la reelección acabó con el gobierno de Álvaro Uribe. Por cuenta de la reelección, empezaron a comprar congresistas y se aliaron más con los ‘paras’. Hicieron ‘falsos positivos’ para decir que estaban mejorando la seguridad y así tener más legitimidad en las encuestas. O sea, la locura furiosa de la concentración y abuso de poder. ¿Para qué volvemos a pasar por ahí? Hay temas que ameritan una reforma constitucional, como crear la fiscalía antimafia, que yo creo que hay que crear con un régimen muy poquito garantista.
¿Mediante una reforma?
Eso se puede hacer en el Congreso. Para eso no toca hacer una constituyente. Me da tristeza que el Presidente haya botado a la caneca los diez acuerdos que hicimos con Mockus en ese momento, que fue en el 2018. Y así como le apoyo sus reformas sociales, no le voy a tolerar ni alcahuetear la corrupción, el abuso de poder, ni que quiera colar el articulito venenoso de la reelección, que termina en abuso y concentración de poder. Se puede poner a la madre Teresa de Calcuta o a quien sea, pero este país es demasiado desigual, demasiado presidencialista y demasiado centralista. Si usted a esa receta le mete reelección, corrompe al que sea.
Cepeda ha dicho que la constituyente no será su prioridad, pero que si no logra un acuerdo nacional, dicen desde su campaña, que esa carta está ahí. ¿Qué piensa?
Iván Cepeda en Fusagasugá, Cundinamarca. Foto:Redes sociales
Que Iván venga a los debates y nos cuente en qué consiste el ‘acuerdo nacional’. No leo una palabra de eso. Yo no leo una palabra, eso ni leyendo, porque ahora hasta para retar a un debate tuvo que leer. Que venga a los debates y nos cuente qué es eso de que quiere hacer un acuerdo nacional, y cómo. Yo le digo sobre qué quiero hacer un acuerdo nacional (…). A Iván le digo: ‘Te tiembla la voz para condenar una cosa tan abiertamente corrupta y evidente. ¿Que unos narcos y mafiosos se tomen la cárcel, la administren ellos, hagan fiestas con trago y tú no puedas decir ‘condeno ese acto de corrupción’ y salgas a decir ‘no, de mí no esperen una crítica a la paz’? ¿Qué tiene que ver la paz con la corrupción, la toma de una cárcel, la fiesta de unos mafiosos en una cárcel? Yo sí invito a Iván Cepeda a que venga y nos diga sobre qué quiere un acuerdo nacional: ¿sobre seguir haciendo ‘paz total’ para los mafiosos y ‘tarimazos’ con ellos? Ah, no, yo sí me opongo a ese acuerdo. Yo lo que propongo al país es un acuerdo para crear una fiscalía antimafia y una Fuerza Pública garantista, sin violaciones de los derechos humanos, pero que sea capaz de enfrentar el crimen.
Si usted no llega a pasar la segunda vuelta y quienes ganan esa primera vuelta son Cepeda y, por ejemplo, De la Espriella, ¿usted qué decisión toma?
Abelardo de la Espriella me parece que es la peor desgracia para Colombia, francamente. Un tipo que ha sido un defensor de la mafia, y no como abogado. No es el temita este de que él es abogado y que esa es su profesión. No, primero, todos los abogados escogen a quién defienden. Ese tipo ha sido un defensor de la mafia como lobista, como vocero político. Por él no votaría nunca.
Entonces, ¿por Iván Cepeda?
No le voy a regalar mi voto a nadie. Yo estoy compitiendo para pasar la segunda vuelta. Yo sí creo que Colombia quiere tener una nueva historia y se los digo con toda claridad: de uribista tengo poco o nada, pero no creo que la prioridad de Colombia sea meter en la cárcel a Álvaro Uribe, francamente.
Y si pasa la fórmula de Paloma y Oviedo compitiendo con Cepeda, ¿usted qué hace?
No voy a decir nada sobre mi voto en segunda vuelta, porque aspiro a pasar la segunda vuelta, porque quiero que la gente entienda que el 31 de mayo no se va a elegir presidente ni presidenta. El 31 de mayo lo que se va a elegir es cómo quedan representados en una democracia las diferentes ideas, los diferentes pensamientos. En segunda vuelta veremos quién pasa y ahí sí toca escoger presidente.
Le voy a mencionar unos nombres y usted me dice la primera palabra que se le viene a la cabeza…
Gustavo Petro…
Ay, Dios mío, un berraco, pero muy tóxico.
Iván Cepeda…
Ha sido un defensor de las víctimas.
Sergio Fajardo…
Ha sido candidato cuatro veces.
Paloma Valencia…
Fue una buena senadora. Yo compartí con ella y con Iván en el Senado y sé que es una buena senadora.
Abelardo de la Espriella…
El defensor de la mafia, realmente una desgracia para Colombia.
Angélica Lozano…
El amor de mi vida.
ANDRÉS MOMPOTES LEMOS
Director General de EL TIEMPO
















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