Mario Guerrero aún intenta ordenar los segundos que le cambiaron la vida. “Sentí que el tiempo se detuvo, pero todo pasó en un instante”, dice. Su voz, entrecortada, reconstruye el momento en el que una explosión lo lanzó por los aires mientras conducía por la vía Panamericana, en el departamento del Cauca, escenario de uno de los atentados más graves de los últimos meses en el país.
El ataque ocurrió en el sector que conecta Cali con Popayán, donde un cilindro bomba —una pipeta de gas cargada con explosivos— impactó un bus en medio de un trancón. La onda expansiva fue tan fuerte que levantó vehículos, dejó un cráter en la vía y convirtió la carretera en un escenario de caos. Hasta ahora, el saldo es de al menos 19 personas muertas y decenas de heridos.
“Yo venía desde Piendamó hacia Popayán. Había una fila larga de carros y una chiva intentó meterse en un espacio. Yo aceleré para que no se me pasara. En ese momento, la explosión estaba a uno o dos metros de mi camioneta”, recuerda Guerrero. Su relato no es lineal: salta entre imágenes, sonidos y sensaciones que aún lo persiguen.
Dice que sintió cómo el vehículo se levantó del suelo. “La camioneta salió volando. Yo caí golpeado contra la parte de arriba de la cabina. Pensé que era el final. Le pedí a Dios otra oportunidad”, cuenta. Contra todo pronóstico, sobrevivió con apenas un rasguño en la mano.
Atentado terrorista. Foto:Atentado terrorista.
Yo venía desde Piendamó hacia Popayán. Había una fila larga de carros y una chiva intentó meterse en un espacio. Yo aceleré para que no se me pasara. En ese momento, la explosión estaba a uno o dos metros de mi camioneta
Al recuperar la conciencia, lo que vio fue devastador. “Eran gritos por todas partes, gente pidiendo ayuda, carros volcados. Una chiva quedó atravesada. La gente corría diciendo que había otra bomba”, relata. En medio del pánico, huyó del lugar, pero metros más adelante recordó que no estaba solo.
“Yo venía con un acompañante. Me devolví a buscarlo. En ese momento uno no piensa, solo actúa”, dice. Guerrero, agricultor de la vereda Quílamo, en el municipio de Piendamó, viajaba ese día por asuntos de trabajo: iba a recoger unos tanques para la recolección de café.
Mientras intentaba auxiliar a su acompañante, escuchó lo que describe como ráfagas de fusil. “No vi a nadie, pero se escuchaban muchos disparos adelante”, afirma. Versiones posteriores señalaron que, tras la explosión, habría presencia de hombres armados en la zona.
El atentado hace parte de una escalada violenta en el Cauca, donde en las últimas horas se han registrado múltiples ataques. Según reportes conocidos, horas antes se presentó un ataque con dron contra un radar aéreo y otro atentado que dejó heridos a indígenas de la región.
El presidente Gustavo Petro atribuyó el hecho a disidencias de las antiguas Farc lideradas por alias “Iván Mordisco” y lo calificó como un acto terrorista. “Quiero la máxima persecución mundial contra este grupo narcoterrorista”, escribió en la red social X.
Por su parte, el gobernador del Cauca, Octavio Guzmán, aseguró que se trata de “una tragedia que nos desgarra como departamento” y pidió acciones urgentes frente a la crisis de orden público.
El ministro de Defensa, Pedro Arnulfo Sánchez, confirmó que la mayoría de las víctimas eran civiles y que entre los heridos hay menores de edad. Además, señaló que el conductor del vehículo que transportaba los explosivos también murió en la detonación.
Mientras las autoridades avanzan en las investigaciones, el testimonio de sobrevivientes como Guerrero deja ver la dimensión humana de la tragedia. “Había mucha gente porque todos estábamos en el trancón. Eso fue lo peor… tanta gente ahí, sin saber lo que iba a pasar”, dice.
Hoy, con vida, intenta entender por qué salió ileso de una explosión que arrasó con todo a su alrededor. “Yo solo sé que Dios me dio otra oportunidad”, repite, como si aún necesitara convencerse de que lo ocurrido fue real.
CAROL MALAVER
SUBEDITORA BOGOTÁ
Escríbanos a carmal@eltiempo.com
















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