Aunque muchos no lo sepan la Primera C del 2026 en Colombia ya empezó, sí ya empezó. Sin tanta algarabía ni tanto ruido como el fútbol profesional, pero si con grandes esfuerzos de empresarios locales que viven de la esperanza: el ascenso a la segunda división para el 2027.
Esa promesa se ha venido corriendo con los años, siempre con la propuesta sobre la mesa, pero con el temor de que algunos de los socios de la Dimayor (20 equipos de la A y 16 de la B) se nieguen a tener más equipos en competencia para repartir la “torta” de los derechos de televisión.
Reunión entre Mintrabajo, FCF, Dimayor y Acolfutpro Foto:X Antonio Sanguino
Además, hay algo más de fondo, un tema político. Si los clubes, hoy en la división aficionada (Difútbol) y que dependen de sus respectivas ligas, pasan a la división profesional (Dimayor), serán votos para Álvaro González Alzate, lo que se traduce en poder en la asamblea. Ósea, se trata de una puja de poder.
A hoy no hay certeza de que ese ascenso se vaya a dar, más allá de las palabras del mismo González Alzate, en Win Sports, al afirmar que en Colombia debe existir hasta quinta división. Esa intención no ha estado acompañada de decisiones.
Entonces, esos clubes de fútbol aficionado luchan con las uñas por lograr el objetivo, intentan armar nóminas competitivas con los mejores jugadores de su región, hacen paquetes de patrocinio para alcanzar mínimo 400 millones de pesos para competir, pero con poca difusión, esto no es algo que le llame la atención al público y por ende poco se ve en los medios de comunicación. Tampoco se ha logrado el tan anhelado convenio con canales públicos regionales para que transmitan algunos de esos juegos. Y sin difusión de medios de comunicación se hace mucho más difícil lograr buenos patrocinios.
Asamblea de la Dimayor sobre el fútbol colombiano. Crédito: Dimayor Fotógrafo: Foto:Dimayor
Lo que necesita hoy la Primera C, con 193 equipos en competencia, y duelos regionales en la primera ronda, es claridad, para que los futbolistas tengan la posibilidad de que los vean y llegar al profesional, para que los empresarios sepan que en los proyectos locales se puede apostar y para que los socios de la Dimayor no la vean como rivales, sino como la posibilidad de expandir el fútbol colombiano.
La Primera C no necesita discursos ni promesas recicladas: necesita decisiones. Porque hoy no es una categoría en construcción, es un sistema sostenido por la fe de quienes invierten sin garantías y de futbolistas que compiten sin vitrina. Y mientras eso pasa, el fútbol colombiano sigue atrapado en una lógica cerrada, donde unos pocos protegen su tajada y muchos más quedan condenados a la invisibilidad.
Ramón Jesurún Foto:Federación Colombiana de Fútbol
Si el ascenso no se define pronto, con reglas claras para todos, lo que está en juego no es solo una categoría: es la credibilidad de todo el sistema. Porque no se puede hablar de desarrollo, de cantera ni de futuro, cuando se le cierra la puerta al primer escalón. La Primera C no está pidiendo un favor, está exigiendo un lugar que el fútbol colombiano le debe hace años.
Y si ese lugar no llega, entonces habrá que decirlo sin rodeos: en Colombia el problema no es la falta de talento, es la falta de voluntad.
CAMILA ESPINOSA ARISTIZÁBAL
Para EL TIEMPO
@Camilanoticia1
















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