Daniel Samper Pizano y Enrique Santos Calderón nunca han dejado de moverse. Y por moverse me refiero a mirar y entender el país a través de un periodismo poliédrico —de panorama completo y responsable—. A sus 80 años, se dieron a la tarea de tener una nueva conversación para ahondar en el pliego del tiempo y así discutir el ayer y el hoy, y pensar en el futuro de Colombia.
De esa retrospección, que no es más que moverse por la delgada línea de la vida, surgió Memorias Cruzadas (Debate), la historia de un camino compartido, un camino que tuvo como punto de partida el periódico EL TIEMPO y la rebeldía como el primer acto para consolidar un talento.
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El periodismo y la escritura resultaron siendo —a veces contra su voluntad— un compromiso para toda la vida. Así se evidencia en esta entrevista, que más bien fue una charla entre quienes, con menos prisa y más visión, analizan lo que fue su propia revolución.
Memorias cruzadas libro Foto:Debate
El libro es una recopilación de hechos, una memoria conjunta más que cruzada. ¿Quizás el hacerlo fue una motivación por el miedo a perderla, a que fuera desmoronándose sin que se den cuenta?
Daniel Samper Pizano (D.S.P.): Bueno, en mi caso tengo que decir que la memoria me falla desde niño. Y que con el paso de los años hay varias memorias que han reverdecido en mi vida. Como Marcel Proust, soy un convencido de que la memoria no es algo que se pierde, sino algo que se recupera. Ya depende de uno qué tanto quiera recuperar. Claro, hay excepciones. Como por ejemplo mi mamá: sufrió de alzheimer en sus últimos años de vida y le costaba recordar los nombres de sus hijos. Eso sí, las tablas de multiplicar las recitaba a la perfección.
Enrique Santos Calderón (E.S.C.): A medida que avanza la edad la memoria va flaqueando. Y más ahora a los 80 años. Pero para eso es el periodismo: para luchar contra la pérdida de la memoria. El estar escribiendo es obligarse a rememorar. Uno tiene que confiar en su memoria. Y cuando falla de manera dramática recurrir a ejercicios como este libro. No hay de otra.
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Sigamos, como dice Daniel Samper, recuperando la memoria. ¿Qué episodio de la historia de Colombia los hizo cambiar en su manera de ver el país, de entender el poder, incluso de ejercer el periodismo?
E.S.C.: La década de los 60 y el comienzo de los grandes movimientos estudiantiles y de rebeldía en América Latina, en Europa y, claro, en nuestro país. Esa efervescencia lo llevaba a uno a una confrontación permanente con la realidad. En esa época ya estábamos en EL TIEMPO y nos dimos cuenta que había un divorcio entre el periódico y el mundo estudiantil, que faltaba contacto con ciertas corrientes renovadoras.
D.S.P.: Y por eso nace Página Universitaria, la primera aventura periodística que tuvimos juntos. Usted estudiando en Los Andes y yo en la Javeriana. Fue periodismo en caliente, el mirar de cerca, el aprender a observar para contar con precisión cómo iban transcurriendo los hechos.
Página Universitaria fue la primera aventura periodística que tuvimos juntos. Fue periodismo en caliente, el mirar de cerca, el aprender a observar para contar con precisión cómo iban transcurriendo los hechos
Daniel Samper PizanoPeriodista
E.S.C.: Sí. Eso nos ayudó a desarrollar un periodismo más crítico, a ganarnos un espacio en EL TIEMPO con columnas que iban en contra del pensamiento editorial del periódico. Era un fenómeno novedoso y desconcertante a la vez que nos trajo fricciones y problemas.
¿Cómo cuáles?
E.S.C.: Cuando casi hacemos linchar a Carlos Lleras Restrepo en la Universidad Nacional. Organizamos un evento para que los estudiantes escucharan sus propuestas. Recuerdo que fue en el aula máxima de la Facultad de Derecho. Los asesores de Lleras se opusieron, pero al final los convencimos.
D.S.P.: Es que de eso se trataba Página Universitaria: de que los estudiantes se sintieran escuchados.
E.S.C.: Lleras aceptó. Los estudiantes tenían pancartas que decían “Viva el Frente Nacional”, “Viva Carlos Lleras Restrepo”. Hasta ahí todo bien. Sin embargo, cuando entró al aula, los estudiantes giraron las pancartas y los mensajes que se leían eran “Abajo el Frente Nacional”, “Abajo Carlos Lleras Restrepo”. Eso fue en cuestión de segundos. Una cosa dramática que se salió de control.
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D.S.P.: Lleras se refugió en la rectoría. Y los estudiantes, empeñados en canjearlo por presos políticos. Fueron horas de una tensión enorme y Enrique y yo los grandes responsables.
E.S.C.: Guillermo León Valencia mandó a la guardia presidencial a sacarlo sano y salvo. Y llegan estos hombres, con sus trajes prusianos, sus bayonetas, repartiendo culatazos a mansalva. Una locura.
D.S.P.: Desde ahí Lleras le cogió tirria a la Universidad Nacional. Y como presidente se portó muy mal con la universidad, al punto de ser el primer mandatario en ordenar el ingreso de la fuerza pública al campus.
Ambos provienen de familias influyentes, de posiciones privilegiadas. ¿En algún momento sintieron que ese origen ponía en duda su independencia?
D.S.P.: Nos hacían sentir en que éramos privilegiados, sí, y por eso teníamos que responder a ese privilegio. Eso no nos daba más facultades. Al contrario: nos creaba más obligaciones. Recuerdo que una vez nos dijeron que éramos guerrilleros del Chicó. Nunca negamos que éramos parte de la oligarquía y con buen periodismo tratamos de luchar contra esa especie de estigmatización.
E.S.C.: Como decía el marxismo: lo que importa no es la extracción de la clase, sino la posición de clase. No importa de dónde vienes, sino dónde te ubicas frente a los hechos. Por nuestro origen siempre hubo escepticismo. Y gracias a experimentos como Página Universitaria fuimos ganando credibilidad frente a un público crítico y a veces injusto.
El escritor y periodista bogotano ha publicado cerca de 40 títulos en diferentes géneros. Foto:Laura Morales
En el libro hablan del periodismo de investigación y de cómo ayudaron a construir la Unidad Investigativa de EL TIEMPO. ¿Cómo lo ven ahora desde afuera?
D.S.P.: Hoy se sigue haciendo un gran periodismo de investigación. Hay muchos temas, un sinnúmero de escándalos y tan seguidos que el material sobra. En otras palabras: la mierda se desbordó y no es culpa del inodoro. Nosotros nos deslumbramos por el Watergate y por eso empezamos a soñar con que podíamos hacer cosas similares en Colombia. Trajimos esa idea de periodismo y la ejercimos. Hoy muchos colegas respetables lo siguen haciendo.
E.S.C.: Hay que darle las gracias a Daniel. Por él fue que periódicos como EL TIEMPO entendieron que investigar requería tiempo, recursos, independencia. La unidad que lideró Daniel marcó una pauta y eso se ve reflejado en el buen periodismo de investigación que hoy sigue en el país.
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D.S.P.: Teníamos tiempo para investigar, para verificar, para ir hasta el fondo. Y también para ser honestos y reconocer si un tema no iba para ningún lado. Recuerdo que en el primer año de la Unidad Investigativa hicimos una estadística con el equipo. No recuerdo el porcentaje exacto, pero era casi igual el número de publicaciones que sacábamos que las que se colgaban. Entendíamos que el periodismo de investigación era la columna de las sociedades democráticas y por eso la responsabilidad a la hora de publicar era enorme. Y EL TIEMPO nos entendió, nos respaldó, algunas veces luego de largas peleas.
En el libro aparecen un montón de personajes conocidos, unos más que otros. ¿Hay alguno con el que quizás la historia o el mismo país ha sido injusto?
D.S.P.: Hagamos una vaina: yo digo que con Juan Manuel (Santos) y usted diga que con Ernesto (Samper).
E.S.C.: Yo sí reconozco que fui injusto con Ernesto Samper. Se me fue la mano y me obsesioné con el Proceso 8.000. Fui monotemático. Más de 60 columnas. Claro, estaba obnubilado y no sabía cómo parar, mirar alrededor, recapacitar, reconocer que estaba perdiendo la perspectiva. El paso del tiempo me ayudó a darme cuenta de eso: que no vi todo el contexto.
Durante casi cuatro décadas, Enrique Santos escribió la columna ‘Contraescape’ en este diario. Foto:Laura Morales
Vengamos al presente y hablemos de la era digital. ¿Ha desmejorado el periodismo con herramientas como Chat GPT?
D.S.P.: Creo que técnicamente es un momento extraordinario para el periodismo. Es decir: uno encuentra información al instante, fotos, archivos. Eso es muy bueno. Lo malo es cuando la inteligencia artificial se usa para hacer el trabajo de la inteligencia natural. Lastimosamente estamos en una época en la que cada vez hay menos tiempo para pensar. Y la inteligencia artificial no piensa. Pensamos nosotros.
¿Usan Chat GPT?
D.S.P.: Yo uso un aparato que se llama “nietos”. Es un invento el berraco.
E.S.C.: Google. Es una cosa muy útil.
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En las condiciones actuales, ¿escogerían ser periodistas? ¿O usted, Daniel, sería abogado y Enrique filósofo?
D.S.P.: Siempre el periodismo.
E.S.C.: No se me ocurriría otra labor para mi vida.
Este libro bien podría ser un diálogo con quienes ejercen el periodismo, incluso con quienes quieren ser periodistas. Más que un consejo, ¿alguna advertencia?
E.S.C.: Sí: que tengan cuidado con el ego, con sentirse infalibles. Cuidado con que se les suban los humos del poder o de la influencia a la cabeza. Hay que tener una dosis de humildad y autocrítica.
D.S.P.: Que no pierdan la capacidad de dudar, siempre dudar. Ah, y que ni por el carajo dejen de leer. Eso sí que es una advertencia para las nuevas generaciones.
E.S.C.: Sí: leer, leer y leer.
Camilo Amaya
Para EL TIEMPO
















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