La noche del 24 de abril estuvo pasada por agua. Pero ni el aguacero que se resistía a ceder ni la temperatura que comenzaba a bajar fueron suficientes para que las personas dejaran la plazoleta del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) que, en su noche extendida, estaba repleta hasta los bordes. Por el contrario, con paraguas, carpas y buscando algún espacio para taparse, cerca de 5.000 personas se quedaron con una única excusa: el cine.
No había función comercial, no había estrella de Hollywood, no había campaña de marketing masivo. Solo una película, ‘Cómo ser millonario antes que muera la abuela’, y una “sala” al aire libre que se agotó antes de que se apagaran las luces. Entre personas de pie y vendedores que aprovecharon la oportunidad para impulsar sus negocios, fue, quizás, la imagen más honesta de lo que vivió Medellín durante diez días: el cine del sur global convocando a una audiencia que, en teoría y en otros escenarios, no tendría por qué reconocerse en historias de Kirguistán, Afganistán o México.
Pero, exactamente eso fue lo que hizo el Alternativa Film Festival en su tercera edición. No se trata, en el sentido estricto, de un festival de cine. Su directora, Liza Surganova lo define, en conversación con EL TIEMPO, más bien como «un sistema alternativo para reconocer a cineastas de industrias que raramente llegan a las pantallas del mundo». La distinción importa. Porque mientras otros festivales seleccionan películas por su valor artístico, este agrega una variable que suele quedar fuera de la ecuación formal: el potencial de transformación social. Qué tan profundo cala la historia. A cuánta gente puede moverle algo.
El festival, nómada por definición, llegó a la ciudad de la eterna primavera tras haber pasado por Almaty, Kazajistán en 2023 y Yogyakarta, Indonesia al año siguiente. La decisión de escoger a Medellín como la primera sede latinoamericana responde a lo que los organizadores de Alternativa describen como una mezcla única de energía creativa, un ecosistema cinematográfico en crecimiento y un sólido apoyo institucional en ciudades que, más que ser capitales de un país, sean centros culturales.
Alternativa Film Festival Foto:Cortesía Alternativa Film Festival.
«El espíritu vibrante de esta ciudad encaja perfectamente con nuestra misión. Queremos democratizar el acceso a la industria cinematográfica en el Sur Global y amplificar las voces que generan cambio», precisó Harold Forero Neira, representante senior de desarrollo empresarial de inDrive, compañía que promueve el festival.
Y, en una explicación mucho menos institucional, esto se traduce como elegir una ciudad que ya sabe lo que significa construirse desde adentro, después de que el mundo la dio por perdida. Surganova lo vio el primer día, durante una visita a Las Constelaciones: un barrio que pasó de ser peligroso a convertirse en un espacio creativo donde la comunidad aprendió a hacer cine.
Historias que se encuentran en la gran pantalla
¿Qué podrían tener en común una historia de Tucumán, en Argentina; una de Chiapas, México; Tiflis, Georgia con una adolescente en la cumbre de los Andes? Dauern Tashkembayev llegó a Medellín desde Biskek, Kirguistán para presentar ‘Only Heaven Knows‘, la película de su país en competencia. En su debut actoral, interpreta a Eric, un inmigrante kirguís en Chicago atrapado entre las deudas del juego, una relación rota y la imposibilidad de volver a su país.
El personaje existe apenas en fragmentos de pantalla, pero concentra todo el peso de la historia. «Lo que él hizo no estaba en mi vida, afortunadamente», dice Tashkembayev a EL TIEMPO. «Pero tuve que entender cada decisión que tomó. La responsabilidad, las consecuencias, esa idea de que alguien cree que puede resolver todo con dinero fácil y termina destruyendo lo que más quería». Habla con la cadencia de quien ha procesado el papel durante mucho tiempo. «Todos entendemos a Eric. Aunque no queramos», precisa.
A doscientos kilómetros de distancia, en Ituango, Lina María Zuleta lleva años dentro de otro tipo de historia. Es lideresa social en uno de los doce municipios afectados por Hidroituango y ha trabajado con colectivos de mujeres y el movimiento Ríos Vivos; una mujer que defiende el territorio desde el mismo lugar donde creció, en el nudo de Paramillo, con la conciencia de que cuidar ese ecosistema implica poner el cuerpo en riesgo.
Zuleta Llegó al festival como moderadora del conversatorio de ‘La Reserva‘, película mexicana que sigue a Julia, una mujer indígena que protege su territorio frente a una empresa minera mientras es también madre, cuidadora, defensora. «Ninguna sabemos los peligros que implica una defensa activa de la vida«, dice Zuleta a este diario. «Pero no tenemos opción. Cuando está en riesgo la vida, hay que defenderla con lo que sabemos: el cuidado, el amor».
El Museo de Arte Moderno de Medellín abrió ayer por segunda vez en este mes su Noche Extendida Foto:Cortesía Alternativa Film Fest
La película era mexicana. La sala era de Medellín. La historia podría haber sido de Ituango. Ese cortocircuito —el reconocimiento súbito de que el dolor del Sur Global tiene una gramática compartida— es exactamente lo que el festival se propuso activar. Natalia Reyes, presidenta del jurado, lo resumió antes de que empezara el encuentro: «Me siento anfitriona de un festival que realmente resuena con todo lo que soy: amante del cine, del impacto, del cambio, y de hablar de las problemáticas sociales y ambientales para transformar el mundo a través de nuestras historias«.
Con la mirada puesta en el Sur
Hay un detalle en la historia del Alternativa Film Festival que Surganova corrige cada vez que se lo preguntan. No nació en Europa, aunque varios de sus integrantes sean europeos. Nació en Sakha (o Yakutia), una república de Rusia donde existe una industria cinematográfica vibrante que el gobierno local casi no apoya. Arsen Thomsky, CEO y fundador de inDrive, es originario de allá.
«Primero apoyó a cineastas de su región de origen», explica Surganova. Luego decidió escalar el proyecto a una plataforma global, para cineastas de los lugares menos representados en la escena internacional. La empresa de tecnología que conocemos por su app de transporte financia un festival que no tiene lógica comercial inmediata. Lo que tiene es una apuesta: que el cine puede hacer puentes donde los sistemas económicos levantan muros.
Esta edición ofreció una bolsa de premios de USD $120.000, distribuida entre 15 largometrajes y 15 cortometrajes de 17 países en 21 idiomas. Cada largometraje ganador recibe USD $20.000. Cada cortometraje, USD $10.000. Pero el dinero no es el único activo que circula: el festival cubre tiquetes y alojamiento a todos los directores en competencia, y conecta sus obras con redes de distribución que de otra manera nunca llegarían a sus películas.
Surganova es enfática sobre algo que parece obvio pero no lo es: el festival no busca mostrar cine del Sur Global en Europa. Lo muestra en el Sur Global. «El nivel de injusticia es mayor en las regiones donde trabajamos«, dice la directora. «Y las películas pueden hacer mucho más bien allí. Porque es allí donde hay que dirigirse a la audiencia. Es allí donde hay que enfrentar esos temas».
Medellín acogerá en 2026 la tercera edición del Alternativa Film Festival. Foto:Alternativa Festival.
La programación que es un diagnóstico
La selección oficial incluyó producciones de Colombia, Uruguay, Bolivia, Perú, Portugal, India, Tailandia, Malasia, Brasil, Chile, Georgia e Irán, entre otros. Cada película era, en cierto modo, un diagnóstico de algo que el continente ya conoce pero rara vez ve en pantalla grande: los efectos del extractivismo sobre los cuerpos de las mujeres campesinas; la soledad del migrante que no puede hablarle a su familia de lo que vive porque ellos no lo entenderían; la violencia que se disfraza de rutina; el amor que sobrevive donde no debería.
«Somos latinoamericanos que compartimos unas luchas«, dice Zuleta. «Son luchas contra el capital, contra el colonialismo. Nos conectan los dolores, pero también las culturas, la misma biodiversidad. Cuando vimos al inicio de La Reserva la danta, el tigrillo, los mismos animales con los que nosotros crecemos en este ecosistema… eso tiene una implicación en la conexión de las luchas«.
Camila Jurado, actriz colombiana y embajadora del festival en esta edición, lo dice de otra manera. Al pedirle tres palabras para describir Alternativa, lo piensa un momento y responde: «Político, corazón, humanidad. Porque a veces cuando escuchamos la palabra ‘político’ creemos que es algo aburrido o externo. Pero al final es un espacio político donde hay corazón«.
Liza Surganova, directora de Alternativa. Foto:Alternativa Festival.
Tashkembayev, desde su propia experiencia como inmigrante —vivió en Estados Unidos, lejos de Portugal donde reside, y aún más lejos de Kirguistán donde nació—, entiende que hay algo en estas historias que no necesita traducción. «El inmigrante tiene problemas a los que no puede llamar a sus padres ni a sus amigos porque ellos no pueden entenderlo, no pueden ayudar. Eso es lo difícil de la vida del inmigrante«. Pausa. «Pero cuando lo ves en una pantalla, sabes que no estás solo«.
Un cierre entre flores
El Museo de Arte Moderno de Medellín abrió ayer por segunda vez en este mes su Noche Extendida para la última proyección del festival, con la premiere nacional de No hay hombres buenos, de la directora afgana Shahrbanoo Sadat, tras su paso por la Berlinale 2026. La película sigue a Naru, la única camarógrafa de la televisión pública de Kabul, en los últimos días de libertad de la ciudad antes del regreso de los talibanes. Una comedia romántica ambientada en el fin de un mundo. La sala al aire libre, con vendedores de crispetas, mangos, cócteles y cualquier cantidad de dulces que suelen acompañar un teatro de cine, volvió a llenarse.
Hoy, la cita será en el Orquideorama del Jardín Botánico para la clausura y premiación. El espacio, uno de los más emblemáticos de la capital antioqueña, fue el elegido para cerrar diez días que demostraron algo que no siempre es evidente: que hay un público —en esta ciudad, en este país, en este lado del continente— que quiere ver historias que no son las suyas pero que, de alguna manera inexplicable, sí lo son.
*Con invitación de Alternativa Film Festival
Marcela Guardo Maya – En redes: @MarcelaGuardo_
Redacción EL TIEMPO IMPRESO
















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