La artista colombiana Beatriz González, fallecida el 9 de enero de 2026, fue una de las figuras más relevantes del arte colombiano contemporáneo. Una de sus facetas, menos conocida para algunos, fue la de investigadora e historiadora del arte colombiano.
Durante 14 años de su vida trabajó en el Museo Nacional de Colombia como curadora de arte e historia, un cargo en el que adelantó varias exposiciones y en el que tuvo bajo su responsabilidad, entre otras cosas, la investigación de las colecciones de arte e historia del museo y una renovación curatorial de las salas, inaugurada en 2001.
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Por estos días, el Museo Nacional presenta una exposición temporal para reconocer y honrar esos legados que González dejó en la institución. Titulada ‘Un mundo raro: el legado de Beatriz González en el Museo Nacional’, la muestra no se centra en su obra, sino en sus investigaciones, su labor como curadora y en algunos de los artistas que investigó.
La curadora de la exposición, Carolina Vanegas Carrasco, historiadora del arte y quien trabajó con ella en el museo, conversó con EL TIEMPO para entender más sobre esta muestra, que se puede visitar en el segundo piso del Museo Nacional hasta el 15 de julio de 2026.
Beatriz González falleció el 9 de enero de 2026. Foto:Archivo Museo Nacional de Colombia
¿Cuándo conoció a la maestra Beatriz González?
En el año 2000. Estudiaba Artes Plásticas en la Universidad Nacional y vine al Museo Nacional para hacer un voluntariado en la curaduría de arte e historia, que ella dirigía. Allí empezamos a trabajar en las exposiciones que en ese momento se estaban organizando y en la investigación de la colección del museo.
¿Por qué fue tan importante el paso de la maestra por el Museo Nacional?
Ella fue curadora entre 1989 y 2004, y durante esos años no solamente hizo muchas exposiciones, sino que también investigó la colección del museo, un trabajo que, sumado al de los equipos que la sucedieron, actualmente se puede ver en la base de datos Colecciones Colombianas. Además, dejó planteado el guion curatorial de las salas permanentes para el proyecto de renovación que el museo llevó a cabo durante esos años y, una vez ese proyecto se inauguró, en 2001, su idea fue seguir investigando la colección para alimentar esos guiones. La maestra trabajó con equipos de diferentes disciplinas, tuvo muchos asesores y se comunicaba constantemente con otras áreas del museo. Un área muy importante para ella, por ejemplo, era la división Educativa. En conjunto con esta, se realizaban las Cátedras de Historia Ernesto Restrepo Tirado, con la idea de incorporar al museo las investigaciones recientes de la academia y de otras instituciones para pensar de manera conjunta cómo complementar y enriquecerlas salas permanentes del museo.
¿Y cómo nació la idea de honrar y hablar de ese legado en una exposición?
Sabemos que Beatriz González es una artista de reconocimiento internacional, pero que su faceta como investigadora y curadora es menos conocida. Por eso, cuando ella falleció, el 9 de enero de este año, el Museo Nacional de Colombia quiso que la exposición en homenaje a ella estuviera enfocada en ese legado para el museo y para la historia del arte colombiano.
Usted dice en el texto introductorio a la exposición que el amor profundo que la maestra sintió por el Museo Nacional no siempre se sintió correspondido. ¿En qué momentos pasó esto y por qué?
Beatriz González fue una persona que siempre generó polémica, tanto en su obra como en su investigación, porque era una mujer de opiniones fuertes. Una vez que salió del Museo Nacional, y aunque la institución seguía haciendo investigación, ya no hacían exactamente lo que ella hubiera hecho. Como no tenía pelos en la lengua, criticaba y decía lo que no le parecía, lo cual por supuesto generó muy interesantes debates públicos. Y aunque la exposición apela en parte al afecto de quienes nos formamos con ella y la manera en cómo ella transformó la investigación en Colombia a partir del patrimonio, no quiere mostrarla como alguien infalible, al contrario. Lo que a mí me parece más interesante es que ella no esperaba que uno fuera obediente, sino que propiciaba tener una visión crítica de la historia y siempre debatir.
Beatriz González en una foto tomada en el museo y que forma parte de la muestra. Foto:Museo Nacional de Colombia
El título de la exposición viene de ahí, ¿cierto?
‘Un mundo raro’ es una canción de José Alfredo Jiménez que a ella le gustaba mucho, y es una canción de amores correspondidos y no correspondidos. Es una metáfora para hablar de Beatriz González como una persona que generaba pasiones fuertes y controversia. Además, permite hablar de cómo rompió esas fronteras entre la ‘cultura elitista’ y la ‘cultura popular’ —que fue otro de sus grandes aportes al museo—, porque, así como ella escuchaba música sinfónica para pintar, también le gustaba la música popular, como la de José Alfredo Jiménez.
¿Cómo hizo para dar cuenta de todo el legado de Beatriz González en un espacio limitado?
Esta es una exposición de gabinete, lo que quiere decir que se desarrolla en pequeño formato, asumiendo el reto de hacer una síntesis que, a manera de ejemplo, destaca tres aspectos del trabajo de la maestra Beatriz González en el museo.
La primera parte se enfoca en la divulgación y en un programa que ella trabajó en conjunto con el área Educativa, llamado Cuadernos Iconográficos, con la idea de acercar a todos los colombianos, y más allá de las fronteras del museo, las imágenes de personajes relevantes de la historia de Colombia que resguardan tanto el museo como otras instituciones.
La segunda se llama ‘Pensar con los objetos’ y alude a la metodología de trabajo de Beatriz González: pensar qué cosas se podían contar a partir de lo que estaba coleccionando, pero también su idea de que solo investigando la colección se podía pensar qué era lo que faltaba y a través de qué objetos se podían contar las historias que no estaban contadas en el guion del museo.
La tercera, más centrada en las publicaciones, se enfoca en sus investigaciones sobre la historia del arte colombiano en el siglo XIX, una de las épocas que ella más estudió. Aquí mostramos un poco lo que trabajó en el museo, pero también en otras colecciones públicas del país, y nos enfocamos en tres artistas de esa época que para ella eran entrañables.
¿Quiénes son estos artistas?
Está Peregrino Rivera Arce, un artista formado en la Escuela Nacional de Bellas Artes que se fue en 1899 a la guerra con sus materiales para dibujar e hizo algunos de los billetes que circularon durante la Guerra de los Mil Días. También José Gabriel Tatis, quien hizo los dibujos del Congreso de la Nueva Granada de 1853 y sobre quien ella decía que la había inspirado para pintar la obra sobre los constituyentes de 1991. Y el tercero fue su gran amor del siglo XIX, José María Espinosa, quien además de ser uno de los principales retratistas y caricaturistas de comienzos del siglo XIX, fue abanderado de Antonio Nariño en la Campaña del Sur. Y creo que para ella eran entrañables porque fueron artistas que, como ella, tuvieron un gran compromiso con el país.
¿Hay una relación entre estos artistas, estas investigaciones y su obra?
Sí, por ejemplo, a José María Espinosa ella le dedicó mucho tiempo de su vida. Ella decía que Espinosa le había enseñado que la caricatura también era arte. De ahí surgió una investigación que inició en los años 80 y que culminó en el último libro que ella publicó: ‘Historia de la caricatura en Colombia’, los tres tomos publicados por Villegas Editores en 2020. Esa es la investigación de toda una vida, pero también nos habla mucho de Beatriz González en el sentido de lo importante que era el humor para ella en su obra, esa idea de cómo el arte puede decir cosas que no pueden expresar un texto de historia o de periodismo, y, en general, la importancia de la cultura visual en la formación de la identidad nacional.
Carolina Vanegas, la curadora de la exposición ‘Un Mundo Raro’. Foto:Museo Nacional de Colombia
¿Por qué cree que Beatriz González sigue siendo relevante hoy?
El rasgo fundamental de ella en todos los roles que ocupó fue la pasión por generar espacios de intercambio y el compromiso con el país, ya fuera como artista, como curadora, como investigadora o como pedagoga de museos. Además, para quienes trabajamos en los museos esta exposición nos recuerda la responsabilidad de nuestras acciones y decisiones en la apropiación pública de nuestros patrimonios.
JOSÉ VICENTE GUZMÁN- para EL TIEMPO
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